El humo aún flotaba en los pasillos, y la silueta del cazador avanzaba con calma, como si cada trampa fuera solo un obstáculo menor. Valeria se mantuvo firme en el centro de la sala, la barra metálica en alto, mientras Clara y los pacientes se posicionaban en los puntos que habían preparado. El primer ataque llegó rápido: el cazador empujó una barricada y entró en el corredor estrecho. De inmediato, los cables tendidos se activaron, haciendo sonar un estruendo metálico que alertó a todos. El ruido fue ensordecedor, y el cazador se detuvo un instante, evaluando. —Ingenioso… —murmuró con voz metálica—. Pero inútil. Valeria gritó: —¡Ahora! Dos pacientes lanzaron piedras y tubos desde lo alto, golpeando al cazador en los hombros. Él retrocedió apenas, sorprendido por la coordinación.

