Las largas cinco horas que Diana ha estado en quirófano mantienen a Avril y a Corina con los nervios de punta; Avril pudo haber pedido estar en la cirugía sin inconvenientes por ser médico y tener cortesía en ese centro de salud; sin embargo, prefirió no presenciar el procedimiento por ser tan cercana, pues, no estaba segura si lograría mantener la calma. El médico tratante salió al fin y dio los resultados después de la intervención, dando buenos pronósticos, Corina sintió algo de tranquilidad al escucharlo aunque Avril notó alguna expresión dubitativa en él que le generó cierta inquietud, ambos habían estudiado toda la carrera juntos y lo conocía lo suficiente como para saber que había algo más, así que fue tras él disimuladamente.
—Ya vuelvo Cora, voy a preguntarle algo Peter...
—¿Qué cosa? —Cuestiona Corina intrigada.
—No es algo de qué preocuparse, es sobre los honorarios. —Mintió. Su amiga asintió.
Avril entró tras Peter, lo encuentra recostado de la pared esperando por ella.
—Cómo te conozco y me conoces Avril Lárez...
—Estás en lo correcto Peter... Entonces, dime, ¿qué sucedió allá adentro? No es muy ético mentir.
—Lo sé, pero me convenció de que si sucedía algo fuera de lo esperado no les comentara.
—Pero me lo vas a decir a mi... ¿Verdad? —Debate Avril con sus ojos algo nublados.
—¡Dios Avril! Con esos ojos llorosos... También es poco ético divulgar información que queda entre un paciente y el médico. ¿Lo sabes no?
—Por supuesto... ¡pero soy médico también y ella es mi amiga!
—¿Seguirás insistiendo?
—Sabes que sí... —Se le escapa una lágrima, a la vez Peter suelta un suspiro de resignación.
—Ok Avril... —Peter rueda sus ojos. —En el quirófano se presentaron algunas complicaciones, todo iba según lo planeado pero su ritmo cardíaco bajó considerablemente hasta el punto de recurrir a las maniobras de resucitación. Ya está estable, aunque parecía que su voluntad era otra, todo marchaba perfectamente. Y con respecto al cáncer, les hablé con la verdad, removimos todas la partes visibles afectadas e incluso la de los órganos, solo que nos tomó por sorpresa el avance tan rápido e invasivo del tumor. Ahora sabes lo que viene, quimioterapias y tratamientos.
—Ya veo... —Avril llevó sus manos a su rostro y no pudo evitar sollozar, a lo que Peter le dio un abrazo.
—Oh vamos Av., ayudaremos a tu amiga todo lo que podamos, lo sabes... —Ella asintió y secó sus lágrimas con el puño de la manga de su suéter.
—Gracias Pet... Si, lo sé...
—Para eso estamos... Ve allá afuera con tu amiga, sospechará.
Avril salió de la sala de quirófano encontrándose con una Corina angustiada caminando de un lado a otro mordiendo la uña de su pulgar derecho.
—¿Y?
—Sólo hablamos de sus honorarios... No hay de qué preocuparse. ¿Vamos a esperarla a la habitación?
Tras algunas eternas horas más de espera en la habitación, las enfermeras entran con Diana y desde ese instante a Avril se le llenan los ojos de lágrimas. Después de haber permanecido fuerte e inquebrantable todos los días antes de la intervención, Diana se derrumba, lo que provoca que Avril también lo haga, sabiendo lo que había ocurrido allá adentro; por un momento su amiga se había resistido a vivir, lo peor, aquella nueva batalla apenas comenzaba.
Aquella primera noche de hospitalización, fue el turno de Corina quedarse con su amiga; sin embargo, Avril no pudo conciliar el sueño en la comodidad de su cama; por lo que estuvo conversando con Matías por mensajería instantánea sus horas en vela, él no había dejado de escribirle o llamarla en los últimos días. Muy temprano en la mañana ella se fue a la clínica y queda muy impresionada al ver a Diana bastante recuperada caminando con ayuda de Corina por la habitación, su fortaleza era indescriptible.
—¡Guau! ¡Qué excelente manera de empezar el día! Buenos días chicas... ¿Cómo estuvo la primera noche?
—¡Avril, buenos días!
—¡Hola Av., buenos días! La paciente se porta muy bien y mira su vitalidad.
—Esto es estupendo...
Avril entró a la habitación, dejó sus cosas, ayudó a Corina con Diana a caminar un poco más, luego la recostaron en la cama y Avril se dispuso a revisar las suturas y los ductos por donde salen los fluidos internos, todo se veía bastante bien; aunque el médico tratante o las enfermeras lo revisaban por lo menos una vez al día, Avril lo hacía para corroborar que todo estuviera en orden, sobre todo los primeros días cuando aquellas suturas están tan delicadas. Posteriormente desayunaron juntas lo que había enviado Albert Bustamante a Corina y Avril como muestra de colaboración y apoyo ante la situación que enfrentaban, desde luego Diana no podía consumir este tipo de alimentos pero en el centro médico le llevaban los nutrientes acordes a su dieta.
La mañana transcurrió con normalidad, las enfermeras cada cierto tiempo iban a la habitación a suministrarle medicamentos a Diana, ellas conversaban y tenían juegos de mesa para pasar el tiempo. A las 12 en punto alguien llevó almuerzo para Corina y Avril, también enviado por Albert Bustamante con una nota para Corina.
—¡Oooh! Eso se ve delicioso... —Exclama Avril cuando Corina le muestra lo que hay en el interior de los empaques de comida.
—La verdad es que si... Diana, me avergüenza que nos devoremos aquí estas cosas mientras tu solo comes gelatina o jugo.
—No se preocupen por mi, mi gelatina está rica. —Contesta Diana cuando mete en su boca una cucharada de su gelatina de fresa. Realmente su paladar la sentía como un manjar de dioses después de no haber consumido alimentos el día anterior.
Cuando Avril está punto de llevarse un bocado de su almuerzo, su móvil comienza a sonar con varios mensajes entrando, se le hizo un poco extraño, ya que Matías no solía escribirle a esas horas, así que se dispuso a revisar de quién se trataba.
Dorian: ¡Jefa! Tenemos un problemita... Una de las máquinas para amasar está atascada, hemos hecho de todo. Lindsay y yo estamos haciéndolo de la manera antigua, pero no hay nadie que esté al pendiente de los clientes que están llegando.
Dorian: ¿Qué hacemos? ¿Cerramos la pastelería mientras preparamos el pedido?
Dorian: Holaaaa, no le llegan los mensajes y las llamadas tampoco entran.
Avril lee los mensajes de Dorian bastante andioso.
—¡Mierda!
—¿Sucede algo?
—Es que hay un pedido grande para la noche y hay problemas con una de las máquinas, los chicos están haciendo lo que pueden pero no hay quien atienda a los clientes que llegan. Discúlpenme, debo ir... Es solo un rato, mientras terminemos de preparar lo pendiente.
—¡Claro! Ve tranquila, estaré bien.
—Yo estaré aquí con Diana, ve...
—De verdad, discúlpame. —Diana rueda los ojos.
—No te preocupes Av., sé que tienen asuntos que atender...
Dicho ésto, Avril salió a toda velocidad de la habitación, decidió ir caminando, pues la pastelería estaba a sólo dos cuadras e ir en auto implicaría demorar mucho más por el tráfico generado por la hora pico; casi corrió por las calles llegando en sólo 10 minutos. Apresurada entró al área de producción.
—¡Chicos! Estoy aquí... —Hace que sus empleados se exalten cuando entra de repente al área agitada.
—¡Ay Dios! ¿Venías corriendo? Llegaste muy rápido.
—Casi... ¿Cómo va eso?
—Ya hemos avanzado, es solo que a cada rato llega un cliente y nos retrasamos...
—Okey... ¿Prefieres que yo continúe con la mezcla o que atienda a los clientes? —Cuestiona Avril.
—No jefa, ¡cómo crees! Te ensuciarás. Atiende tu mientras terminamos acá. Y disculpa que te hayamos importunado en estos días que estarás ayudando a Diana.
—Les he dicho que no me digan "jefa"... Y no se preocupen, por el momento Corina estará con Diana, tan pronto se desocupen yo volveré.
—Está bien... Trataremos de terminar aquí rápido. —Avril se percata de que hay una persona afuera observando los postres exhibidos.
—Bueno, si me disculpan, iré a atender a aquel caballero. —Sus empleados asintieron.
Avril tomó una de las libretas para hacer anotaciones, recogió su cabello dejando caer algunos rizos rebeldes alrededor de su rostro y salió hasta la parte frontal del local donde se encontraba un hombre de traje beige observando, y casi babeando por los postres.
—Buenas tardes señor, ¿puedo ayudarlo en algo? —Le pregunta Avril amablemente cuando se acercó a él.
—Sólo estoy contemplando esas exquisiteces, pero vendré más tarde sin falta. —Él contesta sin dejar de mirar la vitrina, lo cuál le genera cierta gracia a Avril, ya que los mira con tanto deseo como lo hace un niño.
—Entiendo... Será bienvenido cuando quiera degustar nuestros postres.
—¿Hasta qué hora trabajan? —Con esta pregunta él gira su rostro para observarla cortésmente, el color ámbar de sus ojos sorprende a Avril cuando sus miradas se encuentran.
—¡Guau! ¡Qué color de ojos tan inusual! Nunca los había visto. ¿Serán lentes de contacto?
—Ha...hasta las 8 de la noche... —Le contestó ella al fin titubeante.
Por alguna razón él también había quedado pasmado observándola embobado, con una expresión que le volvió a causar gracias a Avril, pero que ella disimuló por educación.
—¿Sucede algo señor? —Cuestionó ella al notar que él no salía de su trance.
—Eeeh, n...no, no... —Balbuceando sacude su cabeza.
—¿Por qué hace eso? Es... extraño, parece un perrito, pero es tierno. —Piensa Avril levantando una ceja.
—Okeeey... ¿Seguro que se encuentra bien?
—Si, gracias... —Él desvió su mirada y algo llamó su atención. —Disculpe señorita... Nos vemos... —Salió corriedo y de inmediato tropezó torpemente con una de las mesas de la pastelería.
—¡Ashh! Lo siento... —Avril solo asintió, lo siguió con la mirada hasta alejarse y luego soltó una corta carcajada, tapándose la boca apenada por su risa que llamó la atención de otro clientes que estaban ubicados en mesas cercanas.
—¡Cielos! Debería darte vergüenza por reírte de alguien de esa manera. Te vas a quemar en el infierno, eso está mal Avril, muy mal. —Meditó ella cuando volvía nuevamente al interior del local.
Dos horas más tarde Avril ya se encontraba nuevamente en la clínica acompañando a Corina en los cuidados de Diana. Todo estaba en orden, continuaron sus actividades para sobrellevar el lento tiempo que transcurría, este momento lo consideró oportuno para contarle a sus amigas sobre Matías.
—¡Genial! Ojalá sea un buen tipo Av, y salgan las cosas a todo dar. —Exclama Corina después de que les habló de él.
—Exacto. Ve con cautela. —Añade Diana.
Por ser la menor de las tres, muchas veces Corina y Diana la sobreprotegían, sobre todo Diana por ser mayor que ella unos 6 años y su espíritu maternal.
—Lo haré, trataré de ser más cautelosa esta vez. Lo estoy haciendo.
Su conversación fue interrumpida por la llamada persistente al móvil de Corina.
—¡Oh! Es el fotógrafo del proyecto. Le dije que solo me llamara si se trataba de una emergencia. Discúlpenme, de verdad... Debo contestar. —Corina estaba manejando un proyecto con Albert Bustamante y debido a la situación por la que Diana estaba atravesando, dejó a cargo a cierto personal para que llevara las riendas en su ausencia.
—No te preocupes Cora...
Corina asintió y salió de la habitación a responder la llamada.
—Creo que surgieron mil eventualidades para nosotras justo en estos días. —Resopla Avril.
—Suele suceder, pero lo entiendo Av., ustedes tienen sus propios compromisos y ya bastante hacen con venir todos los días.
—Lo hacemos con gusto y lo sabes... —Diana le devuelve una dulce sonrisa.
—Y bien... Cuéntame más de tu chico. ¿Cómo se llama? ¿Cómo se comporta?
—Se llama Matías, es un hombre muy caballeroso, súper atento y cordial. Parece un buen tipo. Le dije que para la semana que viene aceptaré nuestra primera cita.
—¿Pero?
—¿Pero qué? —Avril pregunta con sorpresa.
—No pareces tan entusiasmada...
—Ah... Si me gusta, pero parece tan perfecto que es como demasiado para mi y a veces se siente como incómodo.
—Bueno, no todo lo que brilla es oro Av., por eso se conocerán más y es ahí donde irán apareciendo sus defectos. ¿Y por qué dices que es demasiado para ti? Tu eres perfecta a tu manera. —Avril le sonríe apenada. —Otra cosa, si no te sientes cómoda, no deberías forzarte a estar con él.
—Es que no quiero ser una de esas chicas que cuando se le aparece un buen tipo no le da oportunidad y siempre va con los peores, hasta ahora éste ha sido el hombre más respetuoso y paciente que ha llegado a mi.
—Hmmmm, no me gusta cómo estás pensando, pero te recomiendo que vayas con más cautela y no te obligues a querer a alguien.
—Está bien Diana... No te preocupes, tengo todo bajo control.
Ambas quedaron en silencio por un rato, Avril no mira a la cara a Diana y ella la escrutaba como si estuviera leyendo sus pensamientos.
—¿El doctor Peter te contó todo verdad? —Inmediatamente Avril la mira directamente a la cara con sorpresa.
—¿Qu...qué?
—Lo sabía... Te lo dijo... Te conozco Avril, desde ayer me miras diferente. —A Avril se le hace un nudo en la garganta.
—Lo sé todo Diana... Sé que el tumor ha avanzado a pasos agigantados y sobre todo asumo que deseabas que las cosas no salieran tan bien allá dentro y dejarnos. ¿Ya no quieres luchar?
—Avril... —Diana la mira fíjamente a sus ojos que empezaban a llenarse de lágrimas. —Sería lo más conveniente Av., empiezo a ser una carga para ustedes y no tengo a nadie.
—¡Qué tonterías dices! ¿Corina y yo somos "nadie"? ¿Dónde está la Diana luchadora y fuerte que conocemos? Si no estás, ¿quién nos dará sermones y jalones de orejas? —Con sus preguntas Diana estaba a punto de estallar en llanto, por más resistente que fuera para llorar, pero escuchó la puerta abrirse cuando Corina volvía.
—No le digas sobre ésto a Cora por favor. —Le pidió Diana a Avril con ojos y tonos suplicantes.
—Okey, se lo dirás tu...
Corina entró disculpándose porque debía ir a solucionar unos inconvenientes de último momento con el proyecto. Salió de volada.
—Nos debes decir el verdadero estado de tu enfermedad Diana.
—Ajá... —Diana puso sus ojos en blanco, ya que era algo que probablemente no haría si su enfermedad empeoraba.