Se escucha el repiqueteo de los tacones con pasos apresurados de Avril andando de un lado a otro en su habitación, recogiendo todo lo que necesita para terminar de salir de su casa a tempranas horas de la mañana. Es un día importante para la pastelería Douce Passion, ya que ha sido contratada por un gran bufete de abogados para celebrar el Día del Abogado, la celebración dará inicio a las 11 de la mañana, por lo que Avril debía madrugar y ponerse en marcha desde muy temprano para que todo el pedido esté listo y perfectamente ordenado en las mesas del evento a la hora establecida.
Esta mañana se había ido demasiado rápido con los preparativos, Avril personalmente se estaba encargando de cada detalle de gran pedido en aquel gigantesco salón. Además de los pasabocas salados había brownies, minitartas, galletas con diseños, mousses, chocolates y por supuesto un enorme pastel alusivo a la abogacía. Ella vestía un jumpsuit casual color menta de cuello "V", que se ajustaba con un cinturón ancho del mismo color, acentuando su figura en forma de pera; su calzado eran unas zapatillas beige de tacón bajo. Aunque no estaría presente en el evento, le gustaba lucir bien para este tipo de preparativos, ya que deseaba transmitir una imagen de responsabilidad y pulcritud en representación de su pastelería. Cuando culminaba con los arreglos, algunos de los abogados más importantes del bufete habían empezado a llegar y dar el último visto bueno a los detalles antes de iniciar el evento; Avril había acaparado la atención de un par de abogados de la firma, pero ella estaba concentrada en su trabajo y nunca se percató de la mirada de éstos hombre.
El evento de abogados resultó ser un gran éxito para la pastelería, así como otros en donde han estado presentes; al día siguiente, algunas personas se comunicaron con Douce Passion para agendar fechar para otros eventos.
—Estupendo, su evento ya está agendado para el 3 de agosto... Le estaré llamando unos tres días antes para confirmar su pedido. —Avril está detrás del mostrador en una llamada y haciendo anotaciones en su agenda.
—Muchas gracias señorita.
Ella termina de hacer sus anotaciones y escucha que alguien entra.
—Buenas tardes... —Ella levanta su mirada.
—Buenas tardes señor, tome asiento, ya le atiendo.
Avril sigue al hombre con la mirada para ver dónde se instala, toma una carta, una libretita, lápiz y se dirige a su mesa; el resto del personal está ocupado. No le molesta tomar la orden de algún cliente.
—Acá tiene la carta señor... ¿Desea que le traiga alguna bebida mientras decide qué ordenar? —El hombre la observa con dulzura.
—Un café estaría bien, por favor...
—Estupendo...
Avril se giró, sirvió el café y volvió a la mesa con lo solicitado.
—Aquí tiene señor... Si necesita algo más, me avisa.
—Muchas gracias señorita... —Avril da un paso para volver y él la detiene con una pregunta.
—¿Es usted la señorita que estuvo encargada de los pasabocas y los postres para el bufete de abogados ayer?
—Oh si, fui yo. Bueno, y todo el equipo de la pastelería. —El hombre le extiende su mano.
—Mucho gusto, mi nombre es Matías Fonseca, abogado de ese bufete. —Avril la estrecha..
—El gusto es mío, Avril Lárez.
—Déjeme felicitarla y decirle que todo lo que probé allá estaba exquisito. Además, la organización y responsabilidad fue memorable.
—Vaya, muchas gracias Sr. Fonseca. ¡Qué bueno que les haya gustado nuestro trabajo! —Él le muestra su radiante sonrisa.
—Puedes llamarme Matías... Me parece que tendrá un nuevo cliente que pueda que visite Douce Passion regularmente.
—Excelente, será bienvenido... —Matías desvió su mirada de Avril hacia la carta.
—Voy a ordenar una ración de pie de manzana por favor... —Ella hizo su anotación.
—Perfecto... En un minuto se lo traigo...
Matías Fonseca es un hombre de piel morena, de 1.78 metros de estatura, delgado, cabello oscuro y ondulado, una corta barba bien cuidada, de nariz romana y labios medios. Es el vicepresidente de la firma de abogados en donde hubo el evento, parece ser un hombre respetuoso, pulcro y muy culto que denota elegancia, con una voz grave y varonil.
—Bien Avril, ese pie de manzana fue el mejor que he comido. —Ella asiente en agradecimiento. —¿Puedo llamarla por su nombre cierto? —Pregunta Matías mientras saca su tarjeta para cancelar la cuenta.
—Si, no hay problema...
—Me gustaría que la próxima vez que venga usted se sentara conmigo un rato.
—Oh señor, lo siento, no sería correcto. Pero gracias por su invitación.
—Entiendo... Puedes llamarme por mi nombre con confianza, no me molestaré. —Le dice él cortésmente.
—Cierto cierto...
—De igual manera vendré con frecuencia. Quizás algún día aceptes sentarte un rato conmigo. —A Avril le incomoda un poco la insistencia del hombre, aunque no puede negar su atractivo.
—Será bienvenido...
—Hasta mañana Avril.
—Hasta luego...
Avril no acostumbraba a sentarse con clientes, le parecía que no estaba bien visto, hacía una excepción solo si sus amigas o un familiar la visitaba. Matías no era el primer cliente que le hacía una invitación, sin embargo, amablemente rechazaba las propuestas; pero esta vez él parecía algo diferente, transmitía un interés particular.
En la tarde del día siguiente, Avril se encontraba en la cocina de la pastelería preparando unas tartas junto con uno de los empleados cuando les interrumpe Lindsay, una de las mesoneras.
—Avril, disculpa, hay un cliente que me pide verte y demanda ser atendido por ti.
—Oh, ¿en serio?
—Le dije que estabas ocupada pero igual insistió. —Avril dejó lo que hacía, lavó y secó sus manos.
—Bueno, le atenderé... No hay problema... Te encargo esto Dorian, vuelvo en un rato. —Dorian asiente.
—Está en la mesa 5... Pero...
—Gracias Lindsay.
Avril sale rápidamente de la cocina, toma una libretita para tomar notas de la orden y se dirige a la mesa; al acercarse al cliente nota que se trata de Matías, lo cual la sorprende un poco.
—Buenas tardes. Bienvenido...
—Hola Avril, buenas tardes... Disculpa que te haya interrumpido en tus labores.
—No hay problema, no se preocupe. ¿Qué desea ordenar? —Matías le sonríe y saca de su bolsillo un pañuelo.
—Tenga... Tiene algo blanco en su nariz, frente y creo que en su cabello también. —Avril se apenó, supuso que era harina. —Por si desea quitárselo, claro.
—¡Oh Dios! Debe ser harina. —Pasó sus manos desnudas por la cara para limpiarse, observando su reflejo en una de las vitrinas. —Gracias por su gesto pero creo que ya me lo quité... Disculpe.
—No es nada... No tienes por qué disculparte... Es tierno. —A Avril le intimidó lo último.
—Entonces, ¿decidió qué ordenar?
—¡Si! Sólo un café helado por favor, hoy está muy caluroso.
—Perfecto. Ya se lo preparo...
—Muchas gracias...
Así transcurrieron algunos días, no hubo un día que Matías dejara de visitar en las tardes la pastelería de Avril, parecía estar bastante interesado en ella. Después de haber tenido algunas decepciones amorosas ella había decidido andar con cautela ante cualquier persona que quisiera cortejarla, pero poco a poco había ido mostrándose un poco más sociable con Matías en consecuencia de la costumbre de verlo a diario y de sus intentos de querer charlar con ella o acercarse. Él se comportaba muy cortés y amable con Avril, no la presionaba en lo absoluto para que tuvieran una cita o algo que se le asemejara, era un verdadero caballero; sin embargo, resultaba obvio que tenía intensiones que iban más allá de solo ver a Avril colocarle un postre o un café en la mesa.
—Hola, buenas tardes Matías... —Avril lo recibe sonriente.
—¡Avril! Buenas tardes. ¿Cómo has estado? —Su apariencia es de un hombre algo agotado, pero sin perder su presencia elegante.
—Bastante bien, gracias... ¿Tu estás bien? Te ves diferente hoy.
—Si, estoy bien. Es sólo que hoy fue un día bastante agotador en el bufete... Pero es gratificante poder verte siempre al final del día, después de estas jornadas extenuantes. —Avril le sonrió.
—Entiendo... Hmmmm, te traeré un chocolate, acabo de preparar... Dicen que el chocolate ayuda con el estado de ánimo... La casa invita.
—¡Vaya! Sería estupendo. Muchas gracias Avril...
Matías observó con ternura cómo Avril se retiraba a buscarle el chocolate ofrecido, ella sentía su mirada pero ya no le incomodaba como antes.
—Bien, aquí está, espero que lo disfrutes. Hace un poco de calor para un chocolate caliente pero te caerá bien.
—No te preocupes... Todo lo que venga de ti es bien recibido...
—No es nada... —Ella le devuelve un tierno gesto. —Disculpa, tengo que ir a hacer algunas cosas pendientes. —Él asiente y Avril da unos pasos para retirarse.
—Espera... —Él la hace detenerse tomándola por la mano, a lo que ella fija su mirada en aquel tacto. Él se puso algo nerviosos. —Lo siento...
—Dime... ¿Qué necesitas?
—Escucha, debo viajar a otra ciudad por algunos días por cuestiones de trabajo, así que no podré venir... Entonces... Me gustaría que de algún modo nos comunicáramos... ¿Hay posibilidades de que me facilites tu número de teléfono o no sé, algo a donde pueda comunicarme?
—Eeh, yo... —Esto había tomado a Avril por sorpresa, tenía sus dudas de darle su número telefónico, pero se volvió costumbre para ella verlo a diario, hablar un poco con él, le estaba simpatizando su personalidad elegante y a veces excesivamente culta.
—Discúlpame Avril, no quise incomodarte. Lo entiendo.
—Podría darte mi dirección de correo electrónico... —Él no puede evitar mostrar un gesto de felicidad.
—¡Sería maravilloso! Prometo no molestarte tanto.
—No lo harás... —Culmina Avril con una sonrisa antes de continuar por el chocolate que le ofreció a Matías.
Como le había dicho, Matías le escribía a diario varias veces, aquellos correos con ortografía perfecta, algunos alagos y a veces cursilerías la estaban haciendo suspirar un poco. Él estaba dando en el blanco con su manera de coquetearle, su forma sutil, dulce y refinada estaba empezando a dar frutos y a Avril comenzaba a gustarle. Le parecía que esta vez él era diferente, había ido con cautela y Matías no la presionaba con alguna invitación o propuesta fuera de lugar. No había hablado a nadie de él, buscaría el momento oportuno para contarle a sus amigas, quienes habían tenido una serie de percances en los últimos años.
Diana había sufrido la pérdida de su amado esposo en un accidente de tránsito, pocas semanas después fue diagnosticada de cáncer de ovarios, tanto Avril como Corina estuvieron ahí para ella en todo momento, ya que Diana no tiene más familiares; pudo superar esa vez ese diagnóstico. Lamentablemente, 5 años después el cáncer volvió y más agresivo, iba a someterse a una nueva intervención quirúrgica en pocos días; por supuesto, Avril y Corina harán guardias para cuidar a su amiga mientras esté hospitalizada y luego en casa hasta que mejore, como en la vez anterior. Por otro lado, Corina había tenido un fracaso en su matrimonio, su esposo Rubén le había sido infiel, lo peor de eso era que aquella infidelidad fue con Edmundo, su propio padre, lo cual le creo una gran herida y temores que no la han dejado avanzar, aunque ha cautivado a Albert Bustamante, un empresario exitoso que está tratando de conquistarla pese a sus negaciones.
A pesar de las malas experiencias que ha vivido en el amor, las trágicas y malas vivencias de sus amigas, incluso, de algunos de sus hermanos, Avril nunca ha dejado de creer en el amor y en el encuentro su media naranja. Aunque no tiene ese sentimiento electrisante por Matías, aquel que la haga perderse en los pensamientos por él y robarle el sueño, se pregunta:
—¿Será Matías Fonseca mi media naranja?