Anastasia Persy
¿Una propuesta? ¿Qué podría tener yo que a este hombre pudiera interesarle? Sonreí inmediatamente ante sus primeras palabras, me parecieron en serio un real chiste.
— ¿A qué te refieres? — Le pregunto curiosa y más seria teniendo en cuenta la manera en la que me mira, no le agradó que me estuviera riendo antes.
— Es algo muy importante y para lo cual necesito toda tu colaboración y discreción. — Asiento. — ¿Quiero un hijo? — Me sorprende, miro a todos lados a ver si alguien lo escucho, él habló de discreción y está hablando de este tema abiertamente.
— Puedes adoptar o hablar con tu pareja, ¿Por qué me lo cuentas? ¿Y qué tiene eso que ver con la propuesta? Pensé que quizás me ofrecerías trabajar. — Le digo sinceramente.
— Ese es el trabajo. — Lo miro confundida. — Necesito una mujer para que le dé vida a mi hijo y te he escogido a ti. No tienes que saber los detalles, pero si me das un hijo puedo darte cualquier cosa que pidas, haremos un contrato y cumpliré a cabalidad cualquier cosa que ahí se estipule. — Horrorizada me levanto de la silla. — ¡Siéntate! — Hago lo que me ordena, — Lo que te ofrezco nadie más va a dártelo.
— No importa, no quiero vender ni mi dignidad y mucho menos mi virginidad. Por favor señor Santorini, no me pida eso.
— No voy a obligarte a nada, pero quiero que sepas que conozco la razón por la que huyes y también que la persona que más amas va a pasar sus últimos días en un cuartucho de hospital porque te has demorado demasiado en conseguir tanto el donante como el dinero para sus medicamentos.
— ¿Vas a chantajearme?
— No. Te recuerdo tus miserias. No respondas nada ahora, tienes hasta mañana para hablarme sobre tu decisión. Sería una pena que mientras tú estas en la cárcel tu abuela muera en ese hospital.
— ¿Por eso me sacaste de la cárcel? Yo no le debo nada no he pedido su favor así que no me haga ver como que debo agradecerle algo. — Él sonríe.
— Bien. Entonces apúrate a largarte de la ciudad, del país, del maldito continente, porque juro que si no te sientes agradecida de aquí a las 24 horas que voy a darte tu padre va a saber con exactitud donde estás y tu abuela va a morir asfixiada por la enfermera de turno. — Mi boca se abre y se cierra como un pez fuera del agua, justo ahora son sus amenazas las que me están asfixiando. — Lindo día Anastasia... — Se levanta de la silla y me da una última mirada, saca unos cuantos billetes y los deja sobre la mesa. Luego sale del restaurante, dejando mi mente echa un lío. ¿Un hijo? ¿Él quiere un hijo y después que? Me va a botar como lo han hecho todos siempre, por otro lado, está el tema de mi abuela, ese que no le he contado a nadie y él lo sabe. No se molestó en ser amable, sutil o discreto, el tipo es letal.
Tomo uno de los billetes que dejó, pago la cuenta y con el restante tomo un taxi para ir a casa. Recorro las calles de la ciudad en el transporte mientras voy pensando en lo difícil que ha sido mi vida; siempre pienso en eso pues desde que nací ha sido un suplicio, ha sido una guerra constante por sobrevivir, por llevar la fiesta en paz, por tratar de que la gente no se enoje conmigo y me haga daño en consecuencia. Crecí en un matrimonio fallido, pero fallido desde que yo nací, porque nací siendo niña. Mi padre es fuerte, un machista de primera y quería que su legado fuera heredado por un varón, pero nací yo y aparte de nacer primero dejé lisiada a mi mujer para ya no volver a tener más hijos; mi padre me odia y mi madre se cansó de defenderme, de recibir ella los golpes; me nombró Anastasia, solo así porque mi padre nunca me dio su apellido, fui solo Anastasia hasta que mi madre le habló diciendo que si la amaba tanto como él decía hacerlo entonces que me pusiera su apellido, a su única hija. Esa noche después de esa discusión mi padre bebió tanto por el hecho de que él no podía aceptarme como niña y ahora que estoy grande lo odio yo y pienso que ha sido injusto siempre, pues yo entiendo que los bebés nacen como una hoja en blanco y tú puedes modificarlos a tu manera, criarlos y educarlos de tal forma que forjas su carácter y guías su camino y yo como hija de él hubiera sido una luchadora, una defensora en capa y espada de su legado, pero no me dio la oportunidad, en cambio, crecí siendo una niña temerosa que nunca se cree suficiente, una niña con miedo a lo que las demás personas digan y opinen; crecí siendo una débil y me culpo a mí misma. Perdí a mi madre cuando cumplí 15 años, en estos momentos sé que me cuida desde el cielo y luego de su muerte fue mi abuelita la que empezó a defenderme porque ella sabía como es mi padre y que él no tenía nada para mí, no tenía escuela, no tenía alimento, no tenía nada. No nací en una familia rica y poderosa, pero sí en una que podía darme las comodidades que me fueron negadas porque no nací siendo varón. ¿Que si soy inteligente? Lo soy y mi abuela se encargó de enseñarme cada cosa que había en cada libro, se volvió una maestra empírica para mí, me ayudó hasta donde pudo porque años después peleo con mi padre en una de las tantas borracheras de mi padre y recibió un golpe tan fuerte que se fracturó varios huesos, escuché todo, pro no sé exactamente como fue la caída, pues cuando salí de mi habitación me encontré con mi padre al borde de las escaleras y mi abuela estaba tirada en el piso retorciéndose de dolor, ¿Y saben que? Una vez más fui la culpable de eso...
Mi abuela dice que gracias a Dios sucedieron las cosas así porque pudo darse cuenta a tiempo que estaba enferma de gravedad, su diagnóstico fue en serio grave, pasó dos meses internada en la clínica, volvimos a la casa y continuamos nuestra vida como si nada hubiera sucedido, ella caminando con muletas y yo siendo el saco de boxeo de mi padre, ahora sin que nadie le impidiera hacerlo, ¿Que si me dio su apellido? Claro que no. Soy Anastasia Persy, Persy como mi abuela y mi madre que lleva el apellido de mi abuelo materno, no el de mi padre biológico. Cansada y decidida, cuando ya cumplí la mayoría de edad le propuse a mi abuela irnos de la casa, ella me dio todos sus ahorros y un sí. A la siguiente semana eso hice, salirme de la casa a escondidas llevandonos solo lo que podíamos cargar, obviamente hicimos esto aprovechando el sueño profundo de mi padre en una de sus borracheras, desde ese día vivo cambiando de departamento, cambiando de vida porque mi padre me persigue, aunque ya cumplí la mayoría de edad, él dice que soy su hija y que mi lugar es a su lado, pero no me importa, me niego a ser golpeada y maltratada por el hombre que me dio la vida.
Hace más o menos 6 meses llegué a esta ciudad y pude pagar un traslado para mi abuela aquí, también pude pagarle una clínica de mediana clase para que ella estuviera cómoda y tuviera todas sus atenciones; ella está padeciendo un cáncer que ya está muy avanzado, las quimioterapias la han debilitado mucho, el tratamiento es en serio cansado y mientras yo trabajo para pagar todo eso sin importar que, que no tenga nada, que viva en un cuchitril o lo que sea, si ella está bien yo soy feliz. Ella es lo único que me queda de mi madre, la amo. Me enseñó todo lo que sé, no tengo experiencia en nada, pero me quedo con cada enseñanza que me dio y me aferro a ella y a su vida. Aun así creo que darle un hijo a un hombre que no conozco por dinero es excesivo, pero también pienso en el hecho de que si mi padre me encuentra cumplirá la amenaza qué me hizo y no va a quedar nada de mí que pueda defender a mi abuela...