La duda y el destino

1861 Words

Pese a la niebla espesa que cubría su mente, Alondra sabía que, de algún modo, la presunción de Anton no era tan absurda como le hubiera gustado. La confusión que la invadía cada vez que trataba de recordar la noche en cuestión la ahogaba, pero algo dentro de ella, una corazonada inexplicable, la mantenía alerta. ¿Era posible que estuviera equivocada? ¿Que Anton tuviera razón? Podía sacar cuentas, tomar un calendario, sumar y restar los días, pero lo cierto era que no tenía certeza de haber estado con él, ni con nadie más, por lo que, en su mente, todo se disolvía en un caos. El vacío de esa laguna mental la torturaba de una manera que no sabía cómo expresar. Sin embargo, una parte de ella sentía que no importaba. La idea de rechazar la suposición de Anton parecía tan absurda como la de a

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