Compartiendo el ocaso

1613 Words
Dorian está un poco cansado y Siri, en medio de su agotamiento, se le ve feliz de verme de nuevo. Hay que alistar las cosas para viajar, no es necesario llevar tanto, pero sería contraproducente si necesitamos algo que no tenemos. El Maestro ha hecho hincapié en que no debemos responder a ningún ataque, pero no creo prudente salir desarmados; así que Siri está en busca de sus pociones y Dorian intenta dormir aunque sea unos minutos. Mientras, yo, debo salir del templo, necesito aire; tantas horas encerrada en esa prisión de agua, me dejó sin aliento y acá no hay buen flujo de aire luego del ataque de Amenti. ¿En qué estaría pensando el Señor de la Oscuridad? ¿Acaso no hay algo de compasión? Por la forma en que Él se expresa, creo que este lord es bastante agresivo y hostil; no nos ve como una especie a la cual deba respetar y valorar, nos podría borrar de la faz de la tierra en un instante si así lo quisiera. ¡Vaya! ¡Eso sí que es poder! Ahora que lo pienso, no sé si estoy en condiciones de invocar el Círculo de Fuego, o siquiera tratar de encontrar la Llama. Pero los ancianos insistieron en que no era prudente; necesito terminar de estabilizar mis emociones antes de que las cosas se salgan de control de nuevo. Me siento un poco ansiosa, creo que daré un paseo por el Bosque del silencio mientras Siri termina de empacar. Aunque, tal vez lo mejor sería salir al amanecer; así descansamos lo suficiente. Debo preguntar… ¡Y ya iba de salida! -         Maestro… -         ¿Sí, Anath? -         Lamento interrumpirlo, sé que intentan descansar, pero quería preguntarle si veía prudente que saliéramos en la mañana, justo antes del alba. Así Dorian podría recuperarse y Siri organizar sus cosas con calma. -         Entiendo ¿Y tú qué harás? -         Bueno, por ahora necesito aire, así que pretendo pasar tiempo en el Bosque. -         El mejor lugar para recuperar energía y oxígeno. Me parece bien, solo recuerda que lo ideal es que en Athe y Jerah no perciban su magia, necesitan verlos como forasteros para que puedan integrarse y ver la realidad cómo es. -         ¿Por qué no simplemente aparece allá, Maestro? Con un conjuro suyo, revisaría todo en un pestañear. -         Porque el Señor de la Oscuridad me mostró cuán débiles somos; es decir, si yo no pudiera conjurar, o no estuviera en Atlantis ¿Cómo manejarían la situación? -         Pues yo… -         ¿Lo ves? Necesitamos subir nuestro tope de habilidades, mi niña. Necesito que tú puedas evolucionar y ser mejor. Sin hablar de la Llama, tú eres parte del futuro de esta civilización. Sería un desperdicio si dependieran de mí. Creo que por prudencia solo debo asentir e irme al lugar más tranquilo del continente. Sus palabras causaron estragos en mi imaginación; si soy completamente objetiva, entiendo que él está preparándonos para cuando no esté, pero no se sintió como si hablara de un viaje, sino de una despedida en el futuro. No habla de un tiempo específico, pero Él nos dejará en algún momento y no estoy preparada para afrontar esa realidad. -         Es cierto, Maestro. Gracias por enseñarnos tanto… Ya me voy entonces. -         Ve, y termina de restaurarte. No creo que Dorian despierte en lo que resta de hoy, pero antes del Alba te veo acá con Siri; yo me aseguraré de despertar a la estrella. -         Cuente con eso. -         ¿Hija? -         ¡Heget! ¿Dónde estabas? Desapareciste en menos de lo que salí y regresé a consultar algo al maestro. Fue solo un instante. -         Fui a casa, necesitaba este libro de hechizos. ¿Cómo te sientes? -         Mejor, pero necesito ir al Bosque, debo pensar y reponerme. -         Los chicos saldrán antes del alba, así hay más tiempo de organizar las cosas. -         Me parece bien, ¿Quieres que te acompañe, hija? -         ¿Acaso no debes trabajar junto al Maestro? -         Eso no es problema, Anath. Ve con tu madre, creo que podemos comenzar luego de que ustedes se vayan. Así todos estamos a mano ¿No te parece? -         No sé si es momento de hacer chistes, Maestro. -         Jajaja, si no es ahora ¿en qué momento? Ve, necesitas tiempo para ti y para tu madre. ¡Removere! -         ¿Pero qué diabl…? Esta vez se pasó. Nos echó del templo y nos hizo aparecer ya en el Bosque del silencio. -         Thot es el Maestro y el líder que nos ha guiado por generaciones, pero debo admitir que ocasionalmente actúa como un niño. -         ¿No dejó siquiera que disfrutáramos del camino hasta acá? ¡Necesitaba aire! -         Lo sé, pero esto le divierte. Hacer este tipo de cosas es lo que hace que sea Él. No recuerdo cuándo fue la última vez que vi a Heget a los ojos en un ambiente de tranquilidad. Hay tanto que quiero decirle que no sé por dónde empezar. Sé que ella piensa lo mismo. Tomar su cálida mano y sentarnos es otra expresión de magia. El silencio a nuestro alrededor me recuerda lo sutil que es la vida, un pequeño movimiento cambia todo, pero si te dejas de moveré, y solo contemplas, puedes apreciar lo exquisito del presente. Recuerdo un libro antiguo que decía que en el presente absoluto, en el instante que estamos viviendo, no hay problemas. Las perturbaciones vienen de una mente anclada al pasado o preocupada por el futuro, incluso en un futuro inmediatamente cercano. Esa premisa es la que estoy sintiendo justo ahora, aquí con mi madre, desconectada de todo lo que podemos imaginar, solo sintiendo la suave brisa del bosque. No creo que necesitemos meditar para sentir esta fuerza restauradora que se mezcla perfectamente con nuestra esencia. Me encantaría creer que en cada rincón del planeta, en cada planeta de la galaxia, en cada estrella, nebulosa o constelación entera; hay un lugar como este bosque para cada especie de vida. La vida carecería de sentido si no fuese así. -         Por tus venas corre una magia muy poderos, hija. Eres tan solo una niña y has tenido que pasar por eventos desafortunados en los últimos días. Como hechicera de Atlantis yo misma he vivido cosas extraordinarias y terribles, pero tú, apenas estás comenzando a vivir. -         ¿A qué te refieres, madre? -         Bueno, no puedo sencillamente ver tu rostro y no pensar en tu padre. Para mí es doloroso, triste y vacío; pero para ti… para ti es… -         No hay manera de describir esto que siento, madre. Ver lo que vi… no estaba preparada para eso. -         ¿Y cuándo se puede estar preparado? Creo que nunca estaremos listos para decir adiós a quienes amamos. -         Es que ni siquiera pude decir adiós. -         Lo sé, yo te quité eso. -         No digas eso de nuevo, Heget. No fue, ni es ni será tu culpa. Jamás. -         Debí ser más fuerte, debí anticipar ese anclaje de los exiliados. -         No habría manera, fue una emboscada perfectamente planeada; conocían todos nuestros puntos débiles y nosotros no sabíamos de su existencia. -         No puedo dejar de sentirme culpable; era Bathory, tu padre, mi amado. Ya no volveré a verlo y tú tampoco. Eso no se puede cambiar. -         En eso tienes razón, debemos aprender a vivir con eso. ¿Sabes qué me hizo salir de la prisión de agua? -         Creo que no nos ha dado tiempo de hablar de eso aún. -         Bueno, ya que estamos acá, te comento que salí porque pensé en ti. Pensé en que papá ya no está y que no puedo dejarte sola, ahogada entre tanto sufrimiento; rodeada de palabras de condolencia pero apenas comprendida por quienes también han perdido a alguien. Incluso el Maestro tendría una idea de lo que sientes, pero Él mismo no podría entender con exactitud lo que tú sientes. Solo yo, porque ambas perdimos a la misma persona. -         Hija, yo… -         Volví para estar a tu lado, para ser tu apoyo y que tú seas el mío. Si ahora nos toca seguir a nosotras dos, tenemos que hacerlo como él nos habría propuesto. ¿No lo crees? -         ¿En qué momento creciste? ¿No suenas igual? -         Bueno, estar encerrada solo te deja “pensar” como alternativa. Digamos que tuve tiempo para ver con claridad. Decirle lo que siento a Heget es reconfortante, mi propósito al salir de la prisión de agua es ser y estar con ella, aprender más de lo que ahora soy y proteger todo lo que amo. Como dijeran los ancianos del Templo de Luz: se trata de crecer y expandirnos; y ella es el pilar donde se sostiene esa visión de mi vida. -         Prometo no decepcionarte. Avanzaremos y daremos lo mejor de nosotras por nuestra felicidad y la de quien nos rodea. Eso es lo que te toca decir ahora, madre. -         Estoy de acuerdo. Tu padre lo habría querido así. En su memoria, lo mejor que podemos hacer es demostrarle que dejo dos mujeres fuertes que en su amor, aprendieron a seguir adelante. Es inevitable. Sus palabras son suaves, pero su vibración resuena en la fibra de mi alma y hace que de mis ojos broten lágrimas de nostalgia, resignación, desafío y amor. Contemplar el ocaso, esta vez tiene una intención excepcional. Sé que es uno de esos momentos que jamás se repetirán, por eso no quiero soltar su mano. Es tan cálida, que me hace olvidar que el viento del bosque es un tanto frío. Lo haremos bien Heget, después de todo, soy tu hija.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD