Dentro de sus memorias

1707 Words
Puedo ver desde sus ojos, estas runas me llevan a sus memorias. Puedo ver, sentir y vivir en él, pero no controlar lo que sucede allí. Me ayudará a entender, pero es peligroso, puede que me guste tanto percibir el amor de mi padre para siempre y no quiera salir de sus memorias.   Runas… No imaginé que le daría tiempo de hacer tal cosa.   Desde que salí aquella mañana al entrenamiento en el Bosque, mi padre comenzó a notar que Heget hacía cosas inusuales. Su tez estaba más oscura y se movía intentando no hacer ruido, como si escondiera algo.   Al principio creyó que habría una grata sorpresa para cuando se cansara de jugar. Pero eso terminó cuando Heget, o lo que estuviera dentro de ella, pronunciara una oración con la voz de tres personas.   Los exiliados estaban allí, desde entonces, pero se mantuvieron en silencio. Simplemente observando y cuidando de mí; no me extraña que hayan averiguado que haría lo que fuera por Siri. Si desean atrapar y controlar la Llama Escarlata, entonces deben llegar por mis debilidades.   Madre, te ves tan hostil. Claramente quieres pelear, necesitas una excusa para cambiar las cosas, pero no contabas con que mi padre notaría que algo extraño sucedía con su esposa.   Heget, esquivaste todas las preguntas de papá, no quisiste dar la cara. Pues cualquiera notaría que tus ojos no apuntaban a una misma dirección. Tus movimientos bruscos y rápidos, eso delata que no estás en tus cabales.   ¿Qué estaban haciendo contigo, madre? Al oírte hablar sobre el Claroscuro, la Llama Escarlata y el Asalto a Rina, Bathory entendió que había un gran peligro en la aldea. Como conocedor y maestro de las artes atlantes, intentó apresarles; incluso en el cuerpo de mamá, pero fue más difícil.   Nosotros veníamos de ver la posesión de Siri, pero tú, padre, no querías lastimar a la mujer que amaste durante tantos años.   Ahora entiendo el dolor en tu corazón cuando la viste acercarse conjurando tu muerte. No hubo armas cortantes, pero sí había un fuerte deseo de hacerte sufrir. Pudieron acabar en segundos, pero prefirieron torturarte para sacar algo de información.   Conocen a Dorian, saben de mí, y saben todo lo que has aprendido con el Maestro. Conocen los movimientos de nuestro plan y están interesados en el círculo de fuego; tanto eso, como la Llama que yace en mí, serían las cerezas del pastel genocida que intentan repartir en todo Atlantis.   ¡Cuánto dolor, padre!   Apresar a tu esposa de una manera salvaje, ataduras, runas, y hechizos que intentaron inmovilizarla en vano. Las artes atlantes más fuertes, podrían hacerle daño y eso no te lo permitirías.   ¡Qué cobardes! Esconderse detrás del amor de un hogar para infectar con la muerte desde dentro.   La pelea estuvo difícil. Los hechizos de Heget actuaban como cuchillas en cada parte de tu cuerpo; y cada corte, cada golpe, cada punzada hacía llover un poco más de sangre. No me sorprende que tapizaran las paredes con un rojo oscuro, que todos los ornamentos sufrieran; que se creara todo este caos.   Es el motivo por el cual nuestra sala de estar parece haber sufrido el paso de un huracán en invierno. Padre, dejaste de atacar y comenzaste a esquivar cada vez con menos precisión. Luego te talló con runas y te susurró al oído que habías llegado a tu fin. Y tú, no sé cómo pensaste en mí, preferiste morir y dejarme ver, con la esperanza de que yo salvara a mi madre.   Supongo que tu alma estará más tranquila y podrás trascender a otros planos; más ligero, más liviano. Heget está a salvo, padre. No por mí; Dorian y el Maestro hicieron frente a todo esto. Yo… Solo debo aprender a dominar la Llama.   Tu confianza está posada en mí y yo juro que la mantendré a salvo. Tu deseo es que vivamos una vida de paz, armonía y felicidad; que no te olvidemos y que alcancemos la iluminación, tal y como nos enseña el Maestro.   Apenas tenías unos minutos y decidiste dejarme un espacio en tu memoria.   No las borraré, dejaré las runas en mi brazo. No quiero que pase el tiempo y mi memoria humana olvide lo que te hicieron. Además, fuiste un gran padre; te amo y quiero entrar siempre que pueda a esos momentos que pudimos vivir juntos.   Protegeré a mamá, trabajaré duro en el dominio de las artes atlantes y desde donde estés, sabrás que hiciste lo mejor por y para mí.   Por favor, si es posible, guíame con tu luz, tu sabiduría y tu amor.   -         ¿Quieres compartir lo que has visto? -         Es, de todo un poco… No sabría por dónde empezar. -         ¿Hace cuánto se fue? -         Bueno, el día que yo desperté. Esa mañana, mientras estábamos en el bosque, ocurrió todo. ¿No pudiste sentirlo? -         Anath, no soy dios. En el bosque, estaba totalmente concentrado en que no ocurriera un imprevisto con la Llama. Apenas aprendemos de ella y vamos lento con eso, así que sería insensato considerar que podrás avanzar rápido y sin riesgo. -         Lo siento, supongo que sigo enfurecida. -         Lo entiendo, pequeña. Y la verdad, no hay palabras que puedan hacerte sentir mejor. -         Maestro… Ellos saben, todo lo que Bathory sabía antes de morir. -         ¿Lo interrogaron? -         Lo masacraron hasta sacarle la última gota de verdad. -         Hablas como si quisieras asesinarlos. -         ¡Eso quiero! -         La oscuridad, como la luz no puede destruirse. Hasta cierto punto puedes apresarla, opacarla, e incluso dominarla; pero jamás se destruirá. Sin embargo, matar, desde el odio, es una puerta que te llevará directo al mal que tanto odias. -         Pero, es tanto lo que siento… -         Y no es para menos. Aún eres una niña, Anath, pero la vida te está forzando a crecer; tal vez para que puedas afrontar lo que se avecina. Tú eres fuerte y ahora lo eres mucho más. Sólo debes aceptar algunas cosas y plantarte sobre ellas. Eso hasta que aprendas a polarizar. -         ¿Cuánto falta para eso? No sé si soporte demasiado tiempo con Heget ausente y el duelo por Bathory. Sin contar que mi mejor amiga, en quien confío para desahogarme siempre que estoy en apuros, está herida en el alma también por mi culpa. -         Presta atención. Observa.   El Maestro como siempre encuentra unas maneras singulares de detener los giros en círculo sobre los problemas. Allí está, frente a mí, manipulando el Ether para restaurar mi hogar. A pesar de que es una labor difícil parece que lo hace sin tanta complicación.   En Atlantis, muchos sueñan con llegar a la manipulación etérica y construir una nueva civilización sobre su imaginación. Sin embargo, como dice Él, pocos prestan demasiada atención.   -         Mírame, soy un anciano. Aunque me vea conservado tengo más edad que la primera generación de atlantes. ¿Cuánto crees que he perdido? ¿A cuántos crees que he visto morir? ¿Cuánto dolor he sentido en todos estos años? -         Supongo que mucho, respondiendo a todo. -         Una vez tuve un hogar, nací en un lugar tan alejado que la oscuridad del espacio no nos deja verlo desde aquí. Tuve un padre y una madre, pero la vida misma me alejó de ellos. No te digo que me siento bien al respecto, pero decidí avanzar. -         ¿A qué se refiere con “avanzar”? -         A crear mi propia vida, Anath. A encontrar algo que hiciera que mis latidos se aceleraran cada mañana. Fue allí cuando me interesé por conocer los misterios de la existencia misma. Si había perdido todo ¿Qué sentido tendría seguir? Después de todo ¿Qué es lo que llamamos vida? -         Esas son las preguntas que resuenan sin parar en mi cabeza desde esta mañana. -         Bueno, me dediqué a aprender, a resolver las preguntas que surgían en mí y eso me llevó a Amenti por primera vez. Cuando descubrí la esencia de la vida, me otorgaron el don de seguir. Me permitieron aprender hasta que yo decidiera partir a cambio de que ayudara a acelerar la evolución del universo. Así llegué a Atlantis, me enamoré de tus ancestros y supe que era el mejor lugar para enseñar y seguir aprendiendo. -         ¿Cree que deba ir yo a Amenti? -         Tal vez, después de todo, eres la Llama Escarlata. Pero no te puedo llevar hasta después de saber al menos, cómo invocarla. Hoy no es momento de hablar de ello, necesitarás descansar un poco. -         Está bien, Maestro. -         ¿Ves? Ya todo está limpio y ordenado, listo para que tú y Heget puedan hacer una nueva vida como madre e hija.   Sé que no lo hizo con esa intención, pero la última frase me hizo soltar el llanto contenido desde hace horas. Había despertado en esa nueva realidad; mi vida había cambiado para siempre y de la manera menos esperada. Ahora sólo seríamos mamá y yo.   Recibir un abrazo del Maestro es reconfortante. No dejo de llorar, no dejo de sufrir la muerte de mi padre, pero al menos mi corazón ha encontrado un lugar seguro para desahogarse.   No estoy sola, y este acompañante insiste en que soy fuerte. Supongo que pronto comenzaré a creerle.   Heget enfurecerá cuando me vea las marcas en el brazo. Pero cuando entienda qué son esas runas, espero que me permita mantenerlas sin problema. Sé que llorará, pero yo ocuparé el lugar que ahora tiene el Maestro en mi duelo. Al menos es lo que entiendo de todo esto.   -         Anath… Lo lamento… -         Dorian… -         Lamento no llegar antes… -         Estabas en una misión… Pero has llegado… -         Thot, todo está como ordenaste. -         Gracias, muchacho… Anath, ¿Quieres que Dorian te haga compañía el resto del día? -         Creo que eso sería demasiado, estar acá no es muy grato, Maestro. -         Yo me quedaré con Siri y Heget. Dorian, ve y lleva a Anath al Valle de Bruma; eso le ayudará a sentirse mejor. -         ¿Está seguro, Maestro? -         Claro, mi niña. Estás herida en el alma, y necesitas restaurarte para cuando Heget despierte. Además, tienes varias lunas aquí, encerrada. Seguro necesitarás un poco de aire. ¿No lo crees?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD