Un guía de ojos azules

1707 Words
Después de una larga conversación, decidimos aprender más de lo que Valto tendría que decirnos. Por ejemplo, cuando nos encontramos en las afueras de Jerah, había dos encapuchados más, pero estos se habían quedado afuera de la casa. Para cuando le preguntamos a los Ojos de Jerah, sonrió y afirmó que no eran más que ilusiones; ilusiones con las que nos haría un ligero cambio en los rostros y voz para que los aldeanos no notaran que somos de Rina. En esta ocasión seríamos comerciantes extranjeros mientras salimos a explorar la situación. Aun así, antes debíamos pasar un par de días perfeccionando nuestro círculo de fuego. Si al caso vamos, no podíamos esperar al momento de la batalla para pensar en un plan. La idea es simple, tener mayor control, más fuerza y algunas cartas bajo la manga. La casa de Valto tiene dos pisos más hacia abajo, uno para habitaciones y otro como lugar de entrenamiento. Este, el que está debajo de todo es aparentemente más espacioso, mucho más grande, aunque físicamente eso es imposible. Conociendo a este hábil vidente, seguro que se apoyó en algunos hechiceros antiguos para expandir su planta más baja. Dorian se apoderó de una habitación un poco oscura y pequeña para darnos una grande a Siri y a mí. Valto, sigue en su recámara principal, seleccionando algunos ropajes y extrayendo libros importantes de la biblioteca. Acordamos que a medio día bajaríamos para leer y entrenar. El tiempo se ha hecho pesado y transcurre con lentitud, o al menos así parece acá adentro. Tal vez sea parte de la magia del lugar. -         Anath, ¿podemos hablar? -         Sí, claro, adelante. Esta es en realidad tu casa. -         Ten, estas túnicas son para ti y estas para Siri. -         ¿Por qué túnicas de este gris? -         Su ropa es muy característica de Rina, de hecho Dorian es el vivo ejemplo de cómo viste un emisario del Templo de Luz. Eso no será para nada bueno; no si quieren llevar a cabo el plan. -         Gracias, Valto. A mí me gusta el gris, aunque Anath prefiere los colores “esmeralda”. -         ¿Esmeralda? -         No importa, Siri debe estar alucinando por el cansancio. Gracias, Valto, nos cambiaremos antes de bajar. -         Bien, las dejo. Siri tiene una mirada pícara y sé que espera a que nuestro anfitrión se vaya para lanzar alguna flecha directa. Con algo emboscará. -         ¿Y bien? -         ¿Qué quieres decir? -         ¡Ah, perfecto! ¡Soy la amiga que no se da cuenta! -         ¿Pero cuenta de qué? -         Anath, te conozco desde siempre. ¿Cuándo me dirás qué traen tú y la estrellita? Tal vez sus palabras causaron en mí esas reacciones inconscientes que no se pueden ocultar. Enseguida Siri me tomó de las manos con sus ojos realmente brillantes posados sobre los míos. Su curiosidad por algo que yo misma desconozco me sorprende, y a su vez me incita a pensar la respuesta. -         ¿A qué te refieres, amiga? -         ¡No seas tonta! No creo que seas tan ingenua. -         Es que no tengo idea de qué quieres decir. -         Lo he visto anonadado solo observándote hablar, te protege, quiere estar cerca de ti. -         Así como quiere proteger a todos nosotros, Siri. -         No lo creo. Es decir, él quiere proteger a Atlantis, pero contigo quiere algo más; algo muy personal. Lo que es extraño considerando que no es exactamente una persona jajaja. -         A veces, solo a veces eres insoportable. -         Lo siento, es solo que cobro una parte de lo que me debes con las estupideces que hiciste en las Ruinas. Sin embargo, lo de Dorian va en serio. Cuéntame. -         Sí, allá me dejé llevar. Discúlpame. Ahora, con él, no lo sé… Me parece… -         ¿Chicas? ¿Puedo pasar? -         ¿Dorian? -         Eh, sí… Valto salió y no quiero deambular solo en esta extraña casa subterránea. Siri continúa viéndome con cierto toque de intriga y burla. No puedo creer que llegara justo en este momento. -         No, no puedes pasar. Estamos probándonos la nueva vestimenta. -         Ah, claro. Es un gris deprimente ¿No lo creen? -         A mí me gusta, que ustedes prefieran los tonos de verde no es mi problema. Si quieren me dan todo el equipamiento. -         Siri, jajaja cuánta atención al gris. -         El gris es hermoso. No sé cómo no pueden verlo. -         Bueno, después de salir de Jerah te podrás quedar con todo lo mío que sea gris. Aunque debo aclarar que aplica solo para los ropajes que nos dio Valto. -         Jajaja, eso no es justo, Dorian. Creo que las túnicas deben quedarse acá. -         Yo no lo creo, amiga, estoy segura de eso. -         Bueno, no les quito más tiempo. Las espero abajo, tomaré la delantera con algunos libros interesantes. -         Está bien, pronto te alcanzamos. -         Sí, danos un momento y bajamos. Después de que se fue no me quedó otra opción más que contarle a Siri que había una conexión especial con Dorian. Ahora que habíamos crecido, ambos encontrábamos un atractivo interesante el uno en el otro. Ciertamente él tiene miles de años, pero en esta vida mortal no deja de ser uno como nosotras, es joven y deseoso de vivir. Además, no me molestaría si estuviera a mi lado durante los próximos años. No obstante, tenemos una guerra al acecho, y la prioridad es mantenernos a salvo y proteger Atlantis de la oscuridad. -         ¿Qué harás cuando termine la guerra? ¿Lo besarás? -         Tal vez, tal vez, amiga. -         ¡Qué emoción! Bueno, es momento de bajar. Hay mucho que aprender en poco tiempo. Seguro que cuando Valto llegue comenzaremos las prácticas. -         Es probable. Vamos… Sin demora nos cambiamos de ropa, ordenamos la habitación y nos apresuramos a bajar a la sala de entrenamiento. Para nuestra sorpresa, encontramos a Dorian dormido sobre una docena de libros. Se ven bastante viejos, no soportarán un mal trato y quién sabe de dónde los habrá sacado Valto. No los podemos dañar, y menos por dormir sobre ellos. En ocasiones quiero golpearlo. Se supone que iba a adelantarse en la lectura. -         ¡Cuidado, chicas! -         ¿Qué? La voz vino de nuestro techo y el Dorian sobre los libros desapareció. Era una ilusión y el verdadero estaba colgado del techo, a punto de dejarse caer. -         ¿Cómo hiciste eso? -         Verás, Siri, después de ver a Valto engañarnos una y otra vez con sus ilusiones, supe que podrían ser de gran utilidad en la batalla. Así que fui por los libros que vi más interesantes con respecto al tema. Imagina todo lo que podríamos lograr con esto. -         ¿Y aprendiste en minutos? -         No, en realidad llevo horas del mundo real. Por lo que puedo ver, mientas más bajamos a las profundidades de la casa, el tiempo transcurre de manera distinta, se percibe más lento, por lo que en un minuto puedo hacer muchas cosas. -         ¿Ahora nos movemos dentro de un mismo segundo? -         Sí, algo así, Anny. No es de sorprendernos que cuando salgamos estemos un poco desorientados con la respuesta al tiempo. -         Esto será un dolor de cabeza. -         Así es, Siri. Pero mientras estemos acá podemos sacarle provecho para aprender la mayor cantidad de cosas sin que pase demasiado tiempo arriba. -         ¿Con qué clase de demencia lidia Valto? -         Con ninguna, para ser exacto, solo diseñé un lugar mágico que me permitiera estar a salvo y al mismo tiempo aprender a sacar ventaja de lo que el enemigo no imaginara. -         ¡Llegaste! -         Jajaja, sí, hace rato, de hecho. Pero no se preocupen, en realidad me agrada ver que entienden cómo funciona este piso. -         El más bajo. -         No, Dorian. Hay un nivel más abajo, pero por ahora no les recomiendo bajar. Necesitarán otras cosas que nos sacarán de la misión principal. Indudablemente un aire de misterio nos rodeó desde que se pronunciara lo del piso inferior, pero no quisimos preguntar demás. Sin perder tiempo, tomamos los libros y comenzamos a aprender sobre el tiempo, las ilusiones y algunas runas para fortalecer hechizos. En el techo del salón hay un gran reloj que marca el tiempo de los niveles superiores. Hemos terminado dos tomos cada uno y apenas se ha movido un minuto del mundo real. Si continuamos así, pronto seremos expertos en este tipo de magia y podremos atacar a los contaminados. -         Anath, veo en tus ojos el asombro por las maravillas atemporales de este lugar. Percibo tu deseo de aprender para salir cuanto antes y ponerte en acción. Sin embargo, no quiero que te dejes llevar por la premura y de verdad prestes atención. Los contaminados han creado hordas difíciles de superar y un error costará la vida de varios de nosotros. -         No hemos venido a morir. -         Sé que no, Siri, por eso mismo no hay lugar para imprudencias. -         Lo entiendo, Valto. Sí, quiero salir y terminar esto cuanto antes, apenas y he tenido un par de días normales, pero tienes razón, hay mucho que podemos perder si no tomo las cosas con calma. -         Mi corazón encuentra regocijo al escuchar a una jovencita más madura, más cercana a encontrar la Llama. -         ¿Encontrar la Llama? ¿Sabes cómo hacer eso? -         Por supuesto, pero aún no estás lista. Además, recuerda que no se trata de lo que yo haga para adelantar o desviar el curso de las cosas, sino de cómo puedo guiar a las personas para que estos sean quienes descubran sus propios caminos a la grandeza. Si Valto sabe cómo puedo encontrar la Llama Escarlata, entonces debo mantenerlo cerca, debe enseñarme antes de que Baal decida poner sus pies en Atlantis. Ahora, más que nuca, debo ayudar en la liberación de Jerah. De seguro hay muchos más secretos poderosos en esta aldea; apenas estamos en la primera casa y con una sola persona. -         Les daré un par de minutos más para leer. Luego de eso, subiremos a comer y luego pasaremos la tarde perfeccionando sus habilidades. ¿De acuerdo? -         ¡Claro, tú eres el guía aquí! -         Bien…
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