Sofía. Esa noche, me encontré frente al espejo, contemplando mi reflejo. El vestido n***o que había elegido era elegante, con un diseño sencillo pero favorecedor. Dejé que mi cabello cayera en ondas suaves sobre mis hombros y opté por un maquillaje sutil. No quería dar la impresión equivocada, pero tampoco podía ignorar la importancia de este encuentro. Cuando llegué al restaurante, Alejandro ya estaba allí, sentado junto a una mesa junto a la ventana que ofrecía una vista impresionante de la ciudad iluminada. Se levantó al verme, con esa sonrisa que siempre me desarmaba. — Puntual, como siempre —dijo mientras retiraba mi silla para que me sentara. — No quería darte razones para regañarme —respondí, tratando de sonar tranquila, aunque por dentro sentía cómo mi corazón se aceleraba.

