XLIV Kilómetros atrás, donde los amantes habían dejado el caos y cada esquina del cuadrilátero armaba su estrategia de defensa para así ganar el combate, David veía llegar la mañana con una copa en la mano. Después de días de búsqueda infructuosa de su mujer y su hijo, sin que ninguno fuera suyo en realidad, quiso escapar del mundo, como ellos lo hicieron. Él no podía solo tomar un avión e irse, no podía bajar los brazos y rendirse, su traicionado corazón no se lo permitía. Pidió a toda su servidumbre que se fueran de la mansión, él tenía que estar solo. Algunos acataron las órdenes, las chicas, las más gentiles, decidieron quedarse y velar por su amo, solo que en la distancia, que no supiera David que aún se encontraban ahí. Así mágicamente encontraba su desayuno cuando entraba en la c

