XIX La noche parecía no llegar a su fin. De estar a punto del desmayo por hablar con su esposo para pedirle el divorcio, luego salir a cenar para tener una ruptura tranquila, que este supiera el nombre de su amante, sentirse una traidora asquerosa por no haber hablado antes de Sebastian, a la llegada de David a su mesa, seguido del mismo con el que ahora se revolcaba, ahora caminaba directo a dejar las cosas en claro con un hombre al que quiso, no podía negarse, pero diez años atrás. Ella, vestida de rojo, andaba llamando la atención como pocas veces lo hacía, ya que no era su atuendo habitual. Sarah solía ser un poco más des complicada a la hora de vestir. Lo al fin encontró con otro joven sentado en una mesa igual de pequeña en la que ella estuvo con su esposo minutos atrás, al menos e

