XVIII Sebastian se detuvo en seco, tan o más sorprendido que la pareja sentada, al ver cómo la imponente figura de David que se posaba frente a ellos los cubría por completo en la minúscula mesa. No tenía ni la menor idea de lo que estaba pasando, menos Sarah y ni Demian, este último ya algo alterado por esa presencia. —Buenas noches —dijo sutilmente el intruso, mirándolos, ante el terror de Sarah que no entendía por qué él estaba ahí. —¿Qué haces aquí? —preguntó Sarah, con angustia en su voz. No tuvo que ser un genio Sebastian para ver lo muy alterada que ella se encontraba y entonces, también decidió entrar en escena. ¿Qué más daba? Si todo iba a salir mal, que saliera mal de una vez por todas. —Vaya, qué coincidencia, buena noche a todos —exclamó con algo de sarcasmo en su voz. La

