+++++++++ * Llegué al auto casi a rastras, sintiendo que cada paso sobre el pavimento era una pequeña explosión dentro de mi cráneo. Julián ya tenía la puerta abierta, su rostro era una máscara de piedra que no dejaba traslucir ni una pizca de juicio, aunque yo sabía que apestaba a una mezcla humillante de café cargado, detergente industrial y ese regusto amargo del alcohol de élite. Me desplomé en el asiento de cuero, hundiéndome en la profundidad del auto como si quisiera que el vehículo me tragara entera. —Conduce, Julián. Por lo que más quieras, arranca ya —susurré, cerrando los ojos con fuerza. El motor cobró vida con un ronroneo casi imperceptible. Apoyé la frente contra el cristal frío de la ventanilla, buscando un alivio que no llegaba. —Me duele la cabeza... ¡assh! —gruñí

