— ¿Es una broma verdad?- le dije a mi padre entre dientes.
— No lo es- contestó sin dejar de sonreír.
— Es mejor que acabes con todo esto... antes de que lo haga yo- indignada me di la vuelta, me solté de su mano y me dirigí a la salida.
A penas cerré la puerta tras de mí di un gran suspiro, me sentí un poco más ligera, aunque el vestido seguía apretando mi cuerpo.
Estaba decidida a no volver a menos que mi padre tomara una decisión diferente, había sido muy condescendiente con mis padres, pero no lo sería más, ya había perdido el sentido de toda mi vida perdiendo la memoria.
— ¿Qué crees que estás haciendo?- mi padre estaba furioso.
— ¿Lo que yo estoy haciendo?- no me importaba sentirme igual de molesta, de hecho quería sacar toda la furia que llevaba conmigo- ¿esta fachada te parece lo más apropiado?, acabo de salir de un evento traumático y lo primero que decides que harás es ¿casarme?
— No te permito que me hablas así. ¡Soy tú padre!- gritó.
— Sí y créeme, eso no te da el derecho de querer controlar mi vida, yo soy una adulta y no me casaré por hacerte quedar bien- mi voz cada vez sonaba más fuerte- estoy harta de ser la que hace todo por ustedes.
El rostro de mi padre se enrojecía y tan solo pasaron unos segundos cuando vi su mano alzada para abofetearme.
— Ni lo pienses- dijo Andrews detrás de él, había agarrado su mano con tal firmeza que mi padre solo pudo quitarla con fuerza e irse.
Mis ojos siguieron la figura de mi padre hasta que entró nuevamente.
— ¿Estás bien?- mi hermano me colocó su abrigo en los hombros, mientras yo me quedé inmóvil, tratando de respirar con tranquilidad- vámonos de aquí.
Al tomarme de la mano noté que estaba helado, lo seguí con pasos lentos por lo alto de mis tacones y en poco segundos llegamos a su auto. Caminó hasta la puerta del acompañante y la abrió.
— Te sacaré de aquí Jane, tranquila- su voz sonaba muy suave, nada de lo que recordaba de su visita anterior.
No sabía cómo sentirme respecto a lo que había pasado... mis manos temblaban por el miedo y la angustia que me generó ese tenso momento, aún podía ver en mi mente a mi padre alzando su mano para abofetearme.
— ¿Estás bien?, me preocupa que estés tan callada- preguntó mi hermano agarrando mi mano luego de unos minutos.
— No... no lo sé- mi voz se quebró y empecé a llorar desconsoladamente llevándome las manos al rostro.
— ¡Ahhh no sé cómo pudo hacer esto!- su mano golpeó fuertemente el volante- y lo peor de todo es que no sé cómo calmar a mi hermanita- esa mezcla de enojo y preocupación me hicieron sentir menos rota, pero aún no podía parar de llorar.
Al cabo de unos minutos llegamos a un sitio diferente al resto de la ciudad, las casas se veían sin vida, pero a pesar se sentían como un hogar. Sin embargo, por cómo me sentía no hice ninguna pregunta.
Andrews se bajó del auto y caminó hacia una casa de dos pisos de color blanco y empezó a tocar el timbre varias veces.
Observé que después de unos minutos, él no paraba de mirar su reloj, pero nadie respondía.
Entonces mi hermano se dio la vuelta y fue cuando se paralizó al ver a una joven con cabello castaño ondulado y una figura envidiable, no pude ver su rostro, pero si la expresión de Andrews, eran nervios sin duda.
— ¿Qué haces aquí?- le dijo ella demasiado molesta- escuché su voz, era melodiosa aún con su enojo, la ventana entreabierta del auto me lo permitió.
— Lo... lo siento- mi hermano casi no podía completar la oración.
— No lo repetiré Andrews, ¿qué diablos haces aquí?, fuiste muy claro la última vez.
— Sé que no debería estar aquí, pero mi hermana está en shock y... yo no sé cómo ayudarla- se notaba su frustración- no supe a quién más acudir, por favor.
Jamás había visto a mi hermano pedir con tanta desesperación la ayuda de nadie, eso me sacó de mi transe.
Me bajé del auto, algo nerviosa y con un nudo en la garganta.
Ella se dio la vuelta. ¡Vaya que era bonita!- pensé. Tenía unos ojos verde claros, una piel bastante delicada y cálida, aunque se notaba bastante cansada.
— Ella es Jane, mi hermana- dijo Andrews acercándose hacía mí y tomando mi mano.
— Hola Jane, soy Angélica, qué gusto al fin conocerte- ella me miró con alegría en sus ojos y una sonrisa, pero yo no podía devolverle lo mismo.
— Sé que me odias ahora mismo, pero podrías cuidar a mi hermana, te juro que ahora no confío en nadie más- Andrews la miró con mucha confianza, sin embargo, ella no parecía contenta con el pedido.
— Puedo... puedo cuidarme sola- sin fuerzas en mi voz intenté hacer parecer que podía hacerlo sola, no quise quedarme y causar problemas.
— No, está bien, lo mejor es que te quedes Jane- me miró como si entendiera exactamente cómo me sentía- yo la voy a cuidar Andrews, pero esto no lo hago por ti- inmediatamente miró a mi hermano con profunda decepción.
Me sentí algo incómoda al notar tanta distancia entre ellos.
Andrews se subió en el auto y en el trayecto observó con tristeza varias veces a Angélica, quien al parecer tenía el corazón en la mano por su expresión.
— Entremos, seguro tienes frío me dijo con una pequeña sonrisa, mientras yo asentí.
Una vez adentro me quedé asombrada, su casa era acogedora y bastante limpia. Con muebles un poco antiguos, pero parecían reliquias familiares.
Entramos a una habitación donde se encontraba la sala- ¿Te ofrezco algo de beber?- preguntó antes de salir.
— Así estoy bien, gracias- mi voz sonaba bastante baja.
— De acuerdo, siéntete cómo en tú casa.
A penas se fue empecé a caminar por la habitación, habían fotos de ella con quienes seguramente eran sus padres, de su graduación y de eventos familiares, en cada foto su sonrisa resplandecía.
Se tardó algunos minutos en regresar , así que recorrí todo el lugar, tenía cuadros increíbles.
— Espero que te guste lo que ves- di un pequeño salto al escucharla detrás de mí.
— Sí, es lindo- le sonreí.
— No puedo verte vestida así, siento que te estas asfixiando, te puedo prestar algo de ropa si quieres.
— Por favor, este vestido me está dejando sin aire.
Ella tomó mi mano con suavidad dejando la taza que había traído en un pequeño escritorio y fuimos a las escaleras, llegamos a su habitación y empezó a buscar entre sus cajones.
— Esto está limpio- extendió unos pantalones de mezclilla y una camiseta corta.
Me dirigí al baño con su indicación y a penas me quité el vestido me sentí más libre, al salir ella me miró asombrada.
— Wow, eso te queda mucho mejor que a mí.
— ¿Puedo saber que relación tienes con mi hermano?- mi pregunta salió de la nada, noté cómo su expresión cambió, su incomodidad era evidente. Me sentí completamente fuera de lugar.