"Por si no te vuelvo a ver, quiero
que sepas que te quiero... prometo
que te contaré todo cuando sea el
momento.
Psta: no se lo cuentes a mamá y a
papá."
Ese mensaje solo hizo que me sintiera más perdida por las incontables preguntas que surgieron. ¿Cuál era mi secreto?, ¿por qué no se lo había contado a mi hermana?, y más importante, ¿a dónde iba a ir, si hace tan solo dos meses habíamos comprado esta cabaña?
Recostada en la cama abrazando al oso panda y mirando al techo me pregunté en dónde estaría si nada de esto hubiera pasado. El fin de semana había pasado muy rápido y no quería volver a la universidad y mucho menos a casa.
Ese lugar me transmitía mucha paz, algo que me estaba haciendo mucha falta desde hace mucho tiempo.
Tomé mi teléfono, eran las 7:10 de la mañana, a pesar de que era más temprano de lo que solía despertar solo daba vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño.
Empecé a buscar a un investigador privado que pudiera obtener la información que necesitaba, encontré muchas opciones, hasta llegar al hombre indicado, Samuel Torres, de 46 años experto en encontrar información de personas desaparecidas con 25 años de experiencia, sabía que era bueno porque recordaba que habia trabajado con mi padre alos antes. Copié su número y enseguida marqué, sabía que si lo pensaba demasiado no lo haría.
— Sí, hola- contestó una voz suave al otro lado del teléfono.
— ¿Estoy hablando con Samuel Torres?- pregunté confundida por su respuesta al contestar y el tono de su voz.
— Sí, por supuesto- dijo aclarándose la voz- ¿dígame en qué le puedo ayudar?
— Quiero información a cerca de una persona y sé que es muy bueno encontrándola , creo que es el hombre indicado para este trabajo.
— Sí, por supuesto- escuché gritos de alegría al otro lado del teléfono- le enviaré todos los detalles de tarifas y horarios en los que trabajo para que los pueda revisar a su número, gracias por contactarme.
La llamada finalizó así que no le pude contar que era hija de Carl Smith, sin embargo, a pesar de haber logrado hablar con él no me sentí más tranquila.
Me levanté, empecé a caminar de un lado a otro, le pedía a gritos a mi mente que recordara todo... sin embargo, no había respuesta.
Mi hermana tocó la puerta de la habitación segundos después, poniéndole fin a mi absurda necesidad de recordar.
— Salimos en diez minutos Jane, recoge tus cosas- se veía algo apurada, así que ni siquiera me dio tiempo de preguntarle por qué. Me di una ducha rápida y me cambié.
Bajé las escaleras rápidamente al escuchar los gritos de Jina.
— ¿Puedo saber por qué tenemos tantas prisa?
— Ya lo verás- su tono era clara decepción.
De camino a casa no hablamos, simplemente miré por la ventana tratando de dibujar aquel paisaje hermoso en mi mente.
Al llegar vi autos estacionados fuera de la mansión, así que miré a mi hermana con los ojos abiertos, al percatarse ella me miró de vuelta como pidiendo perdón con la mirada.
Mi madre abrió la puerta del auto bruscamente.
— ¡Por favor Jina!, sabes que tú padre odia que llegues tarde...
— Lo sé mamá, siento haberme retrasado tanto.
— Ahora debes ir a tú cuarto Jane, un estilista te espera para arreglarte. ¡Ve ahora!- gritó mi madre al verme ahí parada sin moverme.
Me asusté por el grito de mi madre y entré a la casa tan pronto como pude, habían muchos meseros preparando una gran mesa de comida.
Subí las escaleras y me dirigí a mi habitación, tan pronto como llegué el estilista me miró de arriba a abajo, tratando de analizar qué vestido me quedaría mejor.
— No hay tiempo que perder, usarás este vestido- dijo colocando sobre la cama un vestido rojo con una abertura en la espalda, un escote en el busto con una decoración de perlas pequeñas y que llegaba hasta los talones.
Antes de ponérmelo empezaron a maquillarme, me sentía acorralada teniendo tantas manos en mi rostro. Pasaron veinte minutos y al fin liberaron mi rostro y el estilista con un tono de enfado me envió a ponerme el vestido en el baño junto con una de sus ayudantes.
— Esto no es personal- dijo ella como calma- es solo que lo estresa tener tan poco tiempo para el maquillaje y el peinado.
— Me alegra saberlo- le sonreí con más confianza.
— Bien, este vestido lo eligió su padre, al parecer es un evento importante.
Había olvidado el buen gusto que tenía mi padre respecto a la ropa. Sin decir nada más me quité la ropa con mucho recelo, intentando no mostrar más de lo debido. Al observar el vestido detalladamente me di cuenta que era muy ajustado, así que forcejeamos al tratar de que entrara en mi cuerpo.
— Sin duda tengo que ponerme en forma- traté de romper el hielo y ella soltó una carcajada.
— Cinco minutos, es lo que les queda- interrumpió el estilista, un hombre con apariencia joven, pero con una voz muy fuerte del otro lado.
Nos apuramos para terminar y dimos un brinco para festejar cuando al fin quedó, en ese instante me di cuenta lo difícil que sería mantenerme tan apretada todo el día.
Al salir y mirarme al espejo me asombré y pensé en lo mucho que una mujer cambiaba cuando se maquillaba y se vestía tan bien.
— Es hora- dijo el estilista empujándome suavemente fuera de la puerta de mi dormitorio.
Mi hermana me esperaba, con un vestido n***o pegado al cuerpo.
— ¿El vestido también lo eligió mi padre para ti?- sonreí algo incómoda.
— Bueno, debes admitir que tiene uno de los mejores gustos- me guiñó el ojo y tomó mi mano para que bajaramos las escaleras juntas- los invitados empezarán a llegar pronto.
— ¿Pero de qué se trata todo esto?- pregunté confundida.
Mi hermana solo me miró y no dijo nada, en tan solo segundos la gente empezó a entrar saludando a toda la familia, aunque noté la ausencia de mi hermano mi padre parecía contento y absolutamente enamorado de mi madre pues no paraba de darle besos en sus manos.
Cuando todos los invitados ingresaron mi madre tomó mi brazo y me llevó a un cuarto alejado de la multitud.
— Sé que esto va a ser difícil para ti- dijo ella tomando mi mano.
— ¿Más difícil de lo que es ahora mamá?, ¿te has preguntado cómo me siento?, desde que salí de esa cama de hospital, si se le puede llamar así- mi sarcasmo era evidente, pues mis recuerdos del lugar en el que me tenía mi padre me invadieron- no he deseado más que paz... y no son capaces de decirme de esta reunión. ¿Qué esperan de mí?- mi cansancio se notaba en mi voz.
— ¡No eres el centro del universo Jane!, nuestra vida continúa aún después de todo.
La frialdad de mi madre me generó angustia y miedo, jamás la había escuchado tan distante, incluso parecía que lo disfrutaba.
— Jamás entenderás lo que estoy sintiendo y no espero que lo hagas Virginia- los ojos de mi madre se abrieron de par en par cuando escuchó que la llamé por su nombre y un frío recorrió mi espalda haciéndome temblar.
— Quieres hacer de esto un drama, lo que pasó, no fue para tanto- su indiferencia casi me hacía llorar.
— Perdí no solo al hombre que amaba, si no todos mis recuerdos junto con él, ¿y te parece que estoy haciendo un drama?. Jamás me había sentido más decepcionada.
— Él te abandonó- me gritó fuertemente- lo del incendio fue solo una creación de tú mente para tratar de hacerlo menos doloroso... tú padre estuvo meses tratando de que ese escenario inventado no te dañara más, ¿o a caso no recuerdas que él estaba a tú lado cada vez que tus pesadillas invadían tú mente?
¿Qué está sucediendo?, me pregunté al mismo tiempo que mis lágrimas empezaron a brotar una tras otra, las palabras de mi madre se sentían como un cuchillo atravesando mi corazón... de pronto perdí todas mis fuerzas y caí de rodillas al piso y por el vestido que llevaba sentía que el aire me faltaba. ¿Todo había sido una farsa?, ¿lo que soñaba solo era mi mente tratando de protegerme?
— Levántate ahora mismo- ordenó mi madre sin ofrecerme la mano, se parecía a las madrastras malvadas de las películas- y sácate esas lágrimas, tenemos un evento importante.
Ella salió de la habitación sin regresar a verme, me preguntaba cómo era posible que alguien que me había dado la vida me tratara con tanta frialdad.
Minutos después retomé el aliento y me puse de pie agarrándome de un pequeño mueble, me acomodé el vestido y limpié un poco mis rostro sin que mi maquillaje se estropeara demasiado, al salir y mirar a todas las personas a mi alrededor sonriendo y hablando de temas sin importancia quise salir corriendo, pero alguien agarró mi brazo.
— Esto es una locura- exclamó.
— Sin duda lo es, antes de que tomaras mi brazo iba a salir corriendo- confesé.
— No creo que hayas podido llegar muy lejos con esos tacones y ese vestido tan ajustado.
— Es hora del brindis- mi padre alzó su copa frente a todos, interrumpiendo mi conversación y estiró su mano para que fuera a su lado.
Caminé con pasos lentos, sentía todas las miradas puestas sobre mí, como si estuviera entrando en el altar de una iglesia.
— Agradezco a todos por su presencia con tan poca antelación- sonrió- este día es importante para mi familia y he querido compartirlo con ustedes. Es un honor para mí poder anunciar la boda de nuestra hija.
Me quedé atónita con esa noticia, miré a mi hermana quien parecía tranquila con la decisión que mis padres estaban tomando, seguramente era una noticia que ya sabía, sin embargo, noté que ella no siquiera se atrevió a mirarme.
— Aunque Jane es nuestra hija menor, creemos que es hora de que continúe con nuestro legado- cerró mi padre alzando su copa, fue cuando todos brindaron y tomaron el champagne.
¿Mi boda?, no supe cómo reaccionar, ni qué decir, estaba tan estupefacta mientras todos se acercaban para felicitarme por la noticia.