Habían pasado algunas semanas desde mi regreso. La casa se sentía vacía y llena de fragmentos rotos que parecían no importarle a nadie. Me encontraba en mi habitación un sábado por la mañana, me sentía más cansada de lo usual, regresar a clases no había sido una gran idea y miraba con duda la tarjeta de presentación de la psicóloga que el doctor me había dado.
Mi corazón latía con fuerza, tenía el número marcado en mi celular, pero por alguna razón no podía llamar, sentía como si estuviera a punto de cometer un delito.
Un golpe interrumpió mis pensamientos.
— ¿Puedo pasar?- preguntó mi hermana del otro lado.
— Sí, pasa...- aclaré mi garganta.
— Sé que debes sentirte agotada, Andrews nos contó todo lo que pasó con tú médico. Sin embargo, no quiero que te quedes encerrada en casa.
Se acercó y agarró mi mano sonriéndome, ella sabía bien que no podía decir que no.
— ¿Mi mamá dónde está?
— Ella... tuvo que salir- su mirada se desvío y miró la tarjeta que llevaba en la mano — ¿Es una broma verdad?, si mis padres se enteran que estás pensando ir con una psicóloga te matarían Jane.
— Mis padres no harán eso Jina... creo que no lo ves cómo los veo, ellos seguro apoyarán mi decisión.
A pesar de todo lo que había pasado últimamente por alguna razón tenía la esperanza de que mis padres fueran diferentes... y sonaba ridículo, pero así lo sentía.
— Cierto... se me olvidaba que eras la favorita Jane- me miró con felicidad y se levantó de la cama, estirando su mano para que la tomara— ¡Vamos, hay que divertirnos!
La relación con mi hermana desde siempre fue muy buena, yo tenía 24, Jina apenas había cumplido los 27 años, mientras que Andrews tenía 31.
Tomó uno de los autos de mi padre y empezó a conducir a toda velocidad.
— Sin duda recuerdo esto...- le dije mientras sacaba la mano por la ventana para que el viento la envolviera. ¿En qué momento se arruinó nuestra vida?- pensé.
— No tengo idea- mi hermana me miraba asombrada.
— ¿Qué?- la miré de vuelta.
— El momento exacto en el que nuestra vida se arruinó... yo no lo sé- me dijo con una pequeña sonrisa.
— Así que lo dije en voz alta- mi vergüenza me hizo llevarme las manos al rostro.
— Sabes que odio de ti.
Me sorprendió su comentario, no recordaba qué fuera tan directa— ¿Qué es lo que odias?- mi preocupación por su respuesta era evidente.
— Que jamás digas lo que piensas... reprimes no solo tus emociones, si no tus pensamientos, ¿a caso no te mata quedarte con tanto para ti sola?, si me lo preguntas, la visita a la psicóloga te puede hacer muy bien... creo que hay mucho más que solo la muerte de ese hombre que te acompaña y atormenta.
Sentí un nudo en el pecho, su comentario había llegado a lo profundo de mi ser y retumbaba en mi interior.
— ¿La muerte de ese hombre?- pregunté intrigada después de unos segundos.
— ¿No te acuerdas de él no es cierto?
Mi hermana me miró con tristeza, al parecer sabía exactamente cómo me sentía, incluso tenía la sensación de que ella podía entenderlo mejor.
— No recuerdo absolutamente nada... y me frustra demasiado haber olvidado esa parte de mi vida... es como...
— Si te hubieras quedado sin una parte de ti- interrumpió dándome esas palabras que no podían ser más acertadas.
Miré por la ventana, aún no tenía idea a dónde nos dirigíamos, pero definitivamente estaba apartado de la ciudad.
Pensé en las palabras de Jina y me pregunté cómo sabía lo que me estaba pasando, ¿a caso ella había perdida la memoria igual que yo?
— ¿Tampoco recuerdas a alguien a quien amaste?- mi mirada seguía recorriendo el paisaje lleno de montañas y valles verdosos.
— Ojalá fuera eso...- noté cómo su voz de pronto se quebró.
La miré y unas lágrimas rodaron por sus mejillas, no respondió mi pregunta y nos quedamos en silencio.
Cinco minutos después llegamos a un estacionamiento tierroso y nos bajamos, vi un sendero y mi hermana con un gesto me pidió que la siguiera, caminamos por alrededor de veinte minutos, se escuchaban a lo lejos los pájaros... y la brisa me dejó asombrada, en el ruido de la ciudad nada parecia calmarme. Llegamos a una pequeña cabaña que estaba rodeada de árboles frondosos y tenía un sendero con piedras perfectamente colocadas unas con otras y una infinidad de flores silvestres.
Seguí a mi hermana, segundos después cuando la vi entrar lo hice también quedándome encantada.
Sabía que ese olor, a tierra mojada y madera era lo único que podía calmarme. El diseño era elegante y acogedor, pero por más que trataba de recordar ese lugar no me venía nada a la cabeza.
Mi hermana y yo seguimos sin hablar, ella dejó las cosas que llevaba en sus manos y fue al refrigerador para sacar unas cervezas y llevarlas a la parte trasera, al seguirla descubrí que todo era aún más increíble, había un lago que brillaba con el sol y en un pequeño balcón una mesa y dos sillas perfectamente ubicadas para ver el atardecer.
— No lo olvidé- dijo mi hermana a penas nos sentamos.
— ¿Qué no olvidaste?- le pregunté algo confundida.
— Me preguntaste si al igual que tú había olvidado a quien había amado, la respuesta es no... yo no tuve tanta suerte- me dijo con una pequeña sonrisa casi forzada.
— ¿Suerte?- abrí mis ojos de par en par mirándola fijamente- esto no es suerte, haber olvidado lo que compartí con alguien a quien amé no es algo que haya deseado... haber olvidado su rostro, su voz... su aroma- ya no pude decir nada más, me dolía el solo pensarlo.
— ¿Crees que duele más que recordar todo como si hubiera sido ayer?, no lo creo- su mirada era distante y estaba llena de tristeza.
— ¿Cuál es tú punto?, ¿por qué crees que tú dolor es más fuerte que el mío?- me sentí mal por su comentario, incluso llegué a pensar que estaba exagerando.
— Dime una cosa Jane, ¿si no fuera por ese mal sueño que tienes todas las noches, lo recordarías?
— No lo creo...
— ¿Lo ves?, escucha, sé que suena mal- se aclaró la garganta ligeramente- pero la razón por la que te duele es porque lamentas no poder recordarlo, lamentas no poder entender qué es lo que sentías. No quiero que pienses que estoy diciendo que tú dolor no importa, pero créeme- hizo una pausa, respiró profundamente y se llevó las manos la cabeza- es diferente.
El dolor de mi hermana parecía intenso, incluso se notaba que lo había cargado durante algún tiempo.
— Me siento como si nunca en mi vida hubiera amado- le confesé- olvidar a quién amé, se siente como si nunca lo hubiera hecho.
— Lo siento, no quería que te sintieras así- se llevó las manos para cubrirse el rostro- ¡soy una pésima hermana!
— Para nada lo eres- le dije con un tono suave- esto... sin duda es más de lo que pensé que alguien haría por mí. Lo que trato de decir es que desde que perdí la memoria me siento como si tuviera que empezar de cero en muchas cosas... incluido el amor.
Ella me miró con tristeza.
— Siento haber traído este tema... sé que es doloroso para ti.
— Lo es... pero tienes razón, lo que me duele es que por más que trato de recordar algo que me haga sentir cerca de él, no lo logro y ya no sé si pueda seguir así...
Mis ojos se empezaron a llenar y fue imposible contener las lágrimas, cayeron una tras otra.
No podía describir con exactitud cómo me sentía, pero definitivamente sabía que había perdido una parte de mí.
— Entiendo cómo te sientes y lamento no poder ayudarte a recordar Jane, lo mantuviste en secreto durante mucho tiempo, supongo que tenías miedo que mis padres lo supieran... entiendo perfectamente el motivo por el que decidiste ocultarlo todo- me miró con una expresión de complicidad.
Su expresión me generaba duda, no recordaba que mi hermana me hubiera hablado de un amor que tuvo que la hiciera expresarse con tanto dolor.
Tomó mi teléfono dejándome extrañada y envió un mensaje en pocos segundos.
— Si no lo hacía, se que no te hubieras atrevido -había enviado un mensaje a la clínica de la psicóloga, indicándole el día y la hora en la que solicitaba que me atendiera- sé que no dejaste de mirar el número pensando demasiado en si llamar o no.
El sol se estaba ocultando y el lugar en el que estábamos nos daba una vista espectacular, chocamos nuestras latas de cervezas y estuvimos en silencio contemplando el atardecer.
— Conseguiré información con un investigador privado- le dije sin pensarlo demasiado.
— ¿Lo harás?, ni siquiera sabes su nombre y no recuerdas su rostro Jane - me miró extrañada.
— Lo sé, fue ridículo.
— De acuerdo, te ayudaré a sacar algo de información- me miró con tristeza, sabiendo que al menos saber su nombre era lo que me ayudaría a estar más tranquila.
Minutos después decidimos entrar, la noche estaba empezando a enfriar el ambiente.
— No te pregunté... pero, ¿a quién recuerdas con tanto amor y dolor?- esperaba que mi hermana se sincerara conmigo y la hiciera sentir mejor.
— No quiero hablar de eso... aún no estoy lista- su mirada trataba de esquivar por completo la mía.
— Está bien, no tienes que contarme si no te sientes preparada- traté de que mi tono de voz fuera suave y amable.
— ¿Sabes qué no es por que no confíe en ti, verdad?, es solo que esto es muy reciente- su tono triste me hizo preguntarme de quién se trataba.
— Lo sé Jina , no tienes que explicármelo.
Empezamos a preparar la cena y me sentía extraña, pues era la primera vez después del incidente que me sentía en paz y tranquila.
Antes de ir a dormir me llevó a mi habitación para que la conociera. Había una cama grande con un oso panda gigante decorándola, a su lado un escritorio con una lámpara de árbol y al frente un pequeño escritorio que tenía libros y una laptop. Estaba adornada con fotos de nosotras y un pequeño mueble amarillo que le daba vida a la habitación.
Cuando dejé mis cosas ella me tomó de la mano y me llevó a conocer el resto de la cabaña.
— Este era tú lugar favorito... seguro no lo recuerdas porque hace poco compramos esta cabaña y solo nosotras lo sabemos- me dijo abriendo una puerta para indicarme el interior.
— ¡Vaya que lo es!- dije sorprendida, era el cuarto de baño, con una tina enorme que tenía un pequeño mezón con productos para el cuidado del cabello y la piel, una ducha y el lavabo con un espejo que llevaba un dibujo de rosas.
— Tú maquillaje es este- me señaló con su dedo una parte del cajón que se encontraba bajo el lavabo, habían sombras, perfumes, labiales, cremas y muchas otras cosas que recordaba con exactitud.
— ¿Cuándo compramos esta cabaña?- le pregunté curiosa, no podía entender cómo había olvidado un detalle como ese.
— Lo hicimos hace unos dos meses en realidad, ambas lo decoramos... la verdad es que fuiste quien la encontró, querías que fuera un lugar seguro del que nadie supiera, por alguna razón que no me dijiste antes del accidente.
— ¿Pero no te pareció extraño?
— Claro Jane, pero dijiste que no estabas preparada para contarme nada, por eso esperé... y luego ya sabes, simplemente ocurrió todo.
— ¿Antes del accidente no te dije alguna cosa que me pueda ayudar a recordar algo al menos?
— Sí, ahora que lo dices- dejó de hablar repentinamente y empezó a revisar su celular- este fue el último mensaje que me enviaste- me señaló su teléfono, el último mensaje había sido el día del incendio.