CAPÍTULO 5: ACCIÓN DE GRACIAS

1500 Words
Acción de gracias había llegado y por primera vez estábamos todos en la sala esperando a nuestros invitados como si de la realeza se tratara. Mis progenitores estaban extremadamente nerviosos, yo me sentía rara, era difícil de poner en palabras mis sensaciones y el resto de mis hermanos sé que también estaban igual, por más enojo o tristeza que pudieran sentir, estaba segura de que todos deseaban volver a verlo. El timbre sonó y todos nos pusimos de pie para recibir a las visitas. —Amigo, que gusto volver a recibirte en mi casa después de tantos años — mi padre le dijo al señor Hudson mientras le daba un emotivo abrazo. Estaba bastante cambiado desde la última vez que lo vimos hacía muchos años atrás, su cabello era oscuro, pero a la vez tenía bastantes canas, estaba mucho más delgado y se notaba que la falta de su esposa había hecho estragos en él. Pero todos estábamos con la vista en las personas que se encontraban detrás de Joseph Hudson, su hija, su yerno y su nieto. Sam estaba simplemente deslumbrante, hermoso, los años le había sentado demasiado bien, había dejado de ser un adolescente para convertirse en todo un hombre a pesar de su corta edad. Lo que más nos impactó fue ver al pequeño que llevaba en brazos, claramente era su hijo, ya que era una copia exacta de él, sus mismos ojos, cabello. Blake… bueno, a ella la recordaba como una bella niña, con cabellos de oro y unos tristes ojos azules, demasiado delgada, pero ahora se había transformado en una hermosa mujer, solo que en sus ojos se podía ver la felicidad y amor que le profesaba a su esposo. Nuevamente, quedé impactada al ver el abultado vientre de Blake, me atrevía a decir que estaba cerca de dar a luz nuevamente. —Déjame presentarte a mi familia — dijo Joseph. E hizo un ademán para que ellos se adelantaran. —Bueno, a mi hija Blake ya la conocen, han pasado muchos años desde la última vez que la vieron y bueno, como verán ya es toda una mujer. Ella se adelanta y con un gesto de la mano hace un saludo a todos. —Hola, es un placer volver a verlos después de tanto tiempo, muchas gracias por la invitación, estamos muy felices — su voz era suave y dulce. —Hola — saludamos casi todos al unísono. —Y él es mi yerno Sam Benson — señala a quien unos años atrás era como nuestro hermano. —Un placer — saluda secamente. Mis padres se acercan a saludarlos cordialmente a lo cual él le corresponde, con respecto a mis hermanos y yo, nos quedamos en nuestros sitios, algunos respondimos y otros se quedaron callados. Evidentemente, el ambiente se había puesto tenso, pero se fue distendiendo cuando fue el turno del niño. —Y ahora les presento a la luz de mis ojos, mi nieto Luca, de 4 años — Joseph lo toma en brazos. Sam se lo entrega y se ubica al lado de su esposa de manera protectora, como si fuéramos a hacerle algún tipo de daño, estaba muy a la defensiva. Sentí una punzada de celos al ver esa actitud de él hacia Blake, cuando hace unos años era a mí a quien defendía de esa manera. Antes era yo quien gozaba de ese instinto protector y ahora estaba obligada a tratarlo como si fuera un extraño al que recién conozco. —Saluda al señor Heastings y su a familia pequeño — le dice su abuelo. —Hola — dice el pequeño observándonos a todos sin un atisbo de vergüenza como suelen ser los niños. Se notaba que era un niño completamente extrovertido y curioso. —Hola cariño — saluda mi madre acercándose a él — mi nombre es Rachel, él es mi esposo David y ellos son mis hijos. Sam parece relajado, pero se tensó al ver a mi madre acercase a su hijo, pero solo yo puedo notar eso. —¿Todos? — pregunta el niño con asombro mirándonos a cada uno. —Sí, todos — le sonríe mi madre. —Pues no me voy a acordar el nombre de todos — replica Luca con preocupación. Todos reímos ante la ocurrencia del pequeño. —Ya vas a tener tiempo de conocerlos — le dice mi padre — ahora pasemos al comedor. Luca se había robado nuestra atención por completo, por momentos vi a mi madre con los ojos empañados de lágrimas, las cuales contuvo con todas sus fuerzas. Con el transcurso de las horas, Sam estaba un poco más relajado, tenía la certeza de que íbamos a seguir con la farsa, si bien las miradas de nosotros con él iban y venían, su esposa y suegro parecían no darse cuenta de nada. —¿Y tú hermosa, para cuando tienes fecha? — pregunta mi madre a Blake. —Falta un mes y medio, pero puede adelantarse — comenta — en el último control salió que ya está en posición y lista. —Entonces es una niña — dice mi madre y no logra contener las lágrimas. —Sí, la verdad estamos muy contentos, ambos queríamos que fuera niña — aprieta la mano de su esposo, mi casi hermano. —Lo siento, me emocioné, recordé el nacimiento de mis primeros niños — se limpia las lágrimas y me mira a mí y a Sam. Este último evade su mirada y hay algo que me estoy perdiendo. Las horas pasan amenamente, mis padres conversan con Joseph recordando a su esposa, Sam y Blake están como en su mundo, creo que es su manera de no interactuar con nosotros y el niño tiene a todos mis hermanos embobados. Todos tontean con Luca, corren, juegan en el piso, el niño logra eliminar la rigidez que su padre puede estar sintiendo en este momento. Mi mirada se cruza con la de Sam y sé que va a comprender mis intenciones, necesito hablar con él en privado, así que sin dejar de mirarlo me levanto de la mesa y me encamino hacia el playroom. Y como si el tiempo no hubiera pasado y volviéramos a tener 18 años, él va tras de mí, ni bien entra y estamos a solas me abalanzo sobre Sam y él me recibe como siempre lo hizo. Es imposible no notar el cambio físico, sus brazos me acogen con más fuerza, su pecho está duro, ya no huele a los aromas de la adolescencia, ahora mis fosas nasales son invadidas por un exquisito perfume. —Te extrañé muchísimo — sollozo contra su pecho. —Yo también Em — me besa en la cabeza, él era un poco más alto que yo. —No puedo creer que con 23 años estés casado y tengas ya dos niños — sonrío mientras lo tomo de las mejillas y lo observo. —Ni yo, la vida fue muy generosa conmigo, no sé qué hubiera sido de mí sin Blake — noto orgullo en su semblante. Estaba a punto de comenzar a reprocharle el haber huido, habernos dejado, que con nosotros hubiera tenido una hermosa vida igual, pero no iba a desperdiciar el poco tiempo que teníamos. —¿Cómo fue que terminaste casado con Blake Hudson? — curioseo, divertida, pero celosa a la vez. —No lo sé, llámalo destino o el famoso hilo rojo, pero desde que la vi por primera vez no deje de cruzármela por más que me apartara de ella. Puedo ver en sus ojos el amor que siente por su esposa y madre de sus hijos, y realmente esa misma felicidad me invade a mí, de la misma forma en que los celos me comen por dentro, aunque es increíble que después de tantos años sin vernos tengamos la misma conexión. —¿Y tú como has estado? ¿Qué has hecho en todos estos años? — Indaga. A estas alturas ya nos encontrábamos sentados en el sofá. Hablamos de todo lo que habíamos hecho en estos años de no vernos, él se había convertido en el mejor abogado de California y uno de los más prestigiosos del país, mientras que yo había estudiado chef y nutrición. Había decidido no entrar al mercado laboral de ninguna de las dos carreras, gracias a la posición económica que tenía por ser una de las herederas de los hoteles Heastings no lo necesitaba, así que decidí hacer valer mi tiempo trabajando de voluntaria en diferentes centros de beneficencia. Como a la hora de estar poniéndonos al día escuchamos que llamaban insistentemente a Sam, Blake se sentía mal y debió llevarla al hospital, ya que estaba pronta a dar a luz, mi hermano Liam, que es médico, fue con ellos. Para mi suerte su suegro y el pequeño se quedaron, así que pude disfrutar de mi cuasi sobrino. Lo de Blake fueron unas contracciones típicas del periodo de gestación, pero todo estaba en orden, la niña no iba a nacer por el momento.
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