CAPÍTULO CINCO

2000 Words
Juro por mi madre que hace medio segundo el pasillo estaba completamente desierto, pero solo basa con que Kendrick comience a cantar para que, como salido de la nada, se forme a nuestro alrededor un nutrido corro de curiosos, todos más que preparados con su celular para grabar e inmortalizar el que bien podría ser el momento más bochornoso de toda mi existencia. Porque no es solo el hecho que no quiera tener nada que ver con Kendrick, sino que él decide cantarme una canción que uno, no me gusta para nada, y dos, no le va nada bien a su voz. Bueno, creo que ninguna canción podría irle bien a su voz, porque la verdad es que canta pésimo. —Yeah, is it too late now to say sorry?Cause I'm missing more than just your body —Kendrick, no...por favor no me hagas esto, no aquí, no ahora—le pido por lo bajo para que nadie más escuche, intentando ahorrarle a él la vergüenza y por supuesto a mí también. Sin embargo, aunque sé que me ha escuchado a la perfección, él hace oídos sordos de lo que digo y sigue empeñado en cantar esa estúpida canción. —Ooh, is it too late now to say sorry?Yeah, I know that I let you down, Is it too late to say I'm sorry now? —Kendrick, para, por favor detente. —I'm sorry, yeah... Y como si no fuera suficiente tortura para este momento, como si ya no hubiera sufrido y estuviera bastante humillada ya, varios de los que están a mí alrededor comienzan a corear la canción con él. Incluso, algunos deciden interceder para que Kendrick logre su cometido, mi perdón. —¡Vamos Abby, perdonalo ya! —¡Sí Abby, para que deje de cantar de una vez! ¡No queremos quedarnos sordos! —¡Perdonalo! —¡Que lo perdone! ¡Que lo perdone! Envalentonado por el coro de los demás, y al parecer sin darse cuenta de que la mayoría no son sino una cruel broma, Kendrick sigue cantando por un par de versos más, hasta que se cansa de hacerlo, o quizá es que se ha olvidado la letra. Lo cierto es que, para suerte de todos los que hemos tenido la desgracia de escucharlo, se detiene, y en lugar de eso se me queda mirando con cara de idiota durante algunos segundos, hasta que por fin decide acercarse a mí muy cauteloso, con cuidado, como quien pretende acercarse a un animal herido o en extremo salvaje. —Cariño, por favor... perdóname, ¿sí? Estos días me he dado cuenta de que no puedo vivir sin ti, de que sin ti a mi lado no soy nada, no soy nadie. Dame una oportunidad más y te juro que no volveré a cagarla, no lo haré jamás. A nuestro alrededor, la gente que no conoce el contexto completo de lo que ha pasado entre nosotros antes de este momento, por supuesto que se conmueve ante unas palabras tan bonitas. Y es que, siendo totalmente sincera, si no supiera la clase de idiota que se esconde detrás de esa palabras dulces, de ese discurso ensayado y ese arrepentimiento momentáneo, sería muy fácil para mí caer en sus redes una vez más. Sin embargo, he desarrollado una especie de séptimo sentido, algo así como una voz interior que me dice que, si llego a perdonarlo, solo será cuestión de tiempo para que él vuelva a ser el mismo idiota que es ahora mismo, del que ya estoy más que cansada. Se lo he pasado por alto muchas veces, lo he perdonado demasiado, y si lo hago una vez más, sólo estaré demostrándole que puede hacer lo que le da la gana y siempre podrá obtener mi perdón con el mínimo de esfuerzo. —Kendrick, yo...lo siento, pero no puedo. No creo que sea lo correcto, no creo que podamos seguir... Pero me interrumpo a mitad de frase cuando veo que, sin decoro ni vergüenza alguna, como si no hubiera sido suficiente la auto humillación con la pseudo serenata de hace apenas unos minutos, Kendrick se arrodilla frente a mí, con todos mirando y grabando, para comenzar a rogarme de verdad: —¡Abby, por favor perdóname! ¡Te lo suplico! ¡Te suplico que me perdones y me des una última oportunidad, solo una más y te juro que seré el hombre que siempre has merecido tener a tu lado! —Vamos chica, no seas cruel, perdonalo ya—grita alguien del público, desencadenando con eso una nueva ola de comentarios. —¡Vuelve con él Abby! —¡Si hasta se ha arrodillado! —Qué mala eres, Abby. Mala de verdad verdad. —¡Pero qué romántico! Ojalá alguien hiciera algo así por mí. Ésta vez, pese a que sigo más que firme en mi decisión de dejar lo nuestro hasta aquí, no sé muy bien qué decir, no sé de qué forma hacerle ver que, haga lo que haga, no valdrá de nada, pues ya he tomado mi decisión y no hay poder sobre esta tierra que me haga cambiar de parecer. Básicamente, me quedo callada, tan quieta como una estatua y sembrada en mi lugar, lo que por alguna extraña razón parece darle pie a él de levantarse, acercarse hasta mí y plantearme un enorme beso en la boca, al parecer interpretando mi mutismo de la forma más errada posible. A nuestro alrededor, el público que jamás pedí para esta escena enloquece totalmente. Unos gritan, otros silvan y algunos únicamente se contentan con aplaudir fuertemente. Yo, por otro lado, no podría estar peor, pues aunque permanezco tensa y no correspondo a su beso, siento que dentro de mí se mezclan de forma bastante peligrosa la rabia, la tristeza y el asco, lo que es bastante choqueante, porque ésta fue la misma boca que besé durante tanto tiempo, esa que la mía buscaba con necesidad, y cuyos labios me hacían sentir lo más cerca del cielo que uno pueda estar. Sin embargo, eso se ha acabado para siempre, y con la intención de dejarlo bien claro de una buena vez por todas, cuando Kendrick se separa por fin de mi, le borro la estúpida sonrisa de superioridad de un solo y fuerte bofetón que resuena por todo el lugar, acallando de golpe todo el alboroto y sembrando en el ambiente una tensión tan grande que casi se puede palpar. —¡Que en tu vida se te vuelva a ocurrir besarme sin mi consentimiento!—le grito a la cara, señalándolo directamente con un dedo—. O mejor dicho, que jamás se te vuelva a ocurrir besarme nunca, porque mi consentimiento no lo tendrás más nunca. Tú y yo hemos terminado, y esa es la verdad, aunque te cueste aceptarla. Tu fuiste lo suficientemente idiota como para dañar lo que teníamos, y si apenas ahora es que te das cuenta de ello y te arrepientes, pues muy mal por ti, porque es demasiado tarde. Grandísimo imbécil. Con el silencio de todos los presentes como telón musical de fondo, hago a Kendrick a un lado de un empujón y camino hacia mi dormitorio, que ahora mismo es básicamente el único lugar donde puedo estar medianamente a salvo de todo este alboroto. Cuando llego, no sé exactamente cómo sentirme al ver que está completamente vacío, porque aunque por un lado quiero estar sola en estos momentos, al mismo tiempo quisiera contar con la ayuda y la presencia de las demás chicas para al menos distraerme un poco. Sintiéndome derrotada, y con unas ganas inmensas de llorar sin parar durante tres horas seguidas, me dejo caer pesadamente sobre mi cama. Apenas dos minutos después, la puerta de la habitación se abre y entran Caroline y Danielle. —¿Abby?—me llama Danielle de inmediato, al ver la cara de tragedia que debo llevar ahora mismo—. ¿Qué te pasa? —Nada...nada, estoy bien—respondo a duras penas, sin siquiera poder hacer un esfuerzo para sonar normal o al menos medianamente creíble. Sin embargo, al instante sale Caroline a desmentirme: —Pues lo siento por ti nena, pero ese cuento no nos lo tragamos. Desde aquí se ve que te pasa algo—termina de entrar,se planta frente a mi con los brazos en jarra, y luego agrega—: Anda, dilo ya, ¿qué te pasó? Apenas he abierto la boca para negarme una vez más, cuando Danielle ya está intercediendo por mí: —Caroline, no seas pesada—le dice, parándose a su lado—. Si ella quiere contarnos lo que pasó, con el tiempo lo hará. Y si resulta que no, no podemos presionarla. Justo en ese momento, la puerta del dormitorio se abre de nuevo, y por ella entra Beck bastante alterada. Mira hacia uno y otro lado, y cuando me ve sentada en la cama, con Caroline y Danielle paradas frente a mí con cara de circunstancias, corre de inmediato para lanzarse en mis brazos. —¡Ay cariño, pero qué pena!—me dice, apretándome fuerte—. No me imagino lo que fue pasar por eso, muñeca, que horrible, que espantoso. Cuando se separa de mí y mira a las demás, se da cuenta de la cara que las otras dos han puesto. Es entonces cuando pregunta: —¿Qué pasa? ¿Por qué me miran así? —¿Tú sabes lo que le pasó?—pregunta Caroline, señalandome con un dedo. —Pues...sí, lo sé. Me acaban de mostrar los videos de toda la escenita que ese imbécil se montó—responde Beck, dando por sentado que las otras ya lo saben. Por supuesto, en ningún momento se me pasó por la cabeza la absurda posibilidad de poder mantener esto en secreto, de no tener que contarles semejante humillación a mis amigas. Sin embargo, sí que pensé que podría retrasar el momento aunque fuera un poco, pero ya que no hay más remedio, le hago una seña de aprobación a Beck, y de inmediato ella empieza a contar toda la historia con lujo de detalles, desde la absurda canción de Kendrick, hasta el momento en que me besa sin mi consentimiento y yo le cruzo la cara de una bofetada. Cuando termina, las otras dos se quedan de piedra, y la primera en reaccionar, no es otra que Caroline: —¡Pero qué idiota!—exclama, realmente furiosa—¡¿Cómo se atreve?! —Hiciste muy bien al darle su stop de esa forma, Abby—afirma Danielle, muy solemne—. Se merecía eso y mucho más. Es entonces cuando comprendo que ellas han visto la situación tal y como yo, y que en realidad no soy una exagerada, ni mucho menos. Cualquier podría pensar que me extra limité solo porque mi ex me besó de imprevisto, porque, siendo sinceros, ¿no se supone que lo he besado yo a él cientos de veces? Pero mis amigas no, ellas saben y entienden muy bien por lo que estoy pasando, cómo me siento y lo terrible que ha sido para mí esa micro agresión por parte de Kendrick, y es por eso que las amo con todo mi corazón. —¿Qué quieres hacer?—me pregunta Beck, hablando con más dulzura de lo normal—. ¿Quieres acusarlo con el rector? Porque lo más probable es que los vídeos lleguen hasta él. —No, creo que no—respondo—. Esperaré hasta que le lleguen y ya luego podré contarle la historia completa. —¿Sabes? Yo conozco una forma perfecta en la que ahora mismo puedes relajarte, olvidar, y hasta divertirte y desconectar de todo este embrollo—dice Caroline, muy sonriente y animada. Cuando todos la miramos, con la pregunta claramente escrita en nuestra facciones, ella se toma un par de segundos para crear un suspenso más bien innecesario, y luego suelta la respuesta de golpe—:Fumando Marihuana.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD