CAPÍTULO SEIS

2001 Words
En todos estos años que llevo de amistad con Caroline, he sido testigo, al igual que las demás chicas, de las locuras que parecen salir con tanta facilidad de su cabeza. Siempre hemos tenido en cuenta que es capaz de sorprendernos en más de una forma, pero esto que acaba de decir...esto es ya otro nivel completamente diferente. No es que yo sea precisamente una santa, pero tampoco puedo decir que cuento con el espíritu extremo y aventurero que parece caracterizar a mi amiga. Y solo me basta con darle un rápido vistazo a las demás para darme cuenta que, al igual que yo, piensan que ésta vez Caroline se ha extra limitado. De todas nosotras, la primera en recuperarse de la tremenda sorpresa y hablar es Beck, quien mira a Caroline de arriba abajo antes de decir: —Te has vuelto loca, ¿no es cierto, Caroline?—le pregunta—. Siempre he sabido que eres un poco...bueno, alocada, por decirlo de alguna forma. Sin embargo, creo que hablo por todas cuando digo que esto es demasiado, incluso para ti. Caroline apenas ha abierto la boca para replicar cuando, de golpe, Danielle le arrebata la oportunidad y la hace suya: —¿Sabes qué, Caroline? De ahora en adelante creo que tendremos que pensar seriamente si te dejamos hablar o no, porque últimamente dices cada cosa... Beck intenta decir algo más, pero antes de que tenga oportunidad, Caroline interviene en su propia defensa y la de su...peculiar, sugerencia: —A ver, ¿por qué se supone que es una locura? Yo solo le estoy sugiriendo a Abby una forma de...relajarse, eso es todo. —Sí, pero hay formas mucho mejores y más sanas de hacerlo, Caroline—replico, decidiendo por fin intervenir—. Y puedo asegurarte de que fumar marihuana no es una de ellas. —Exacto, sí—afirma Danielle. —Tu díselo nena. Tu díselo—agrega Beck. Ella guarda silencio durante algunos segundos, y justo cuando comienzo a creer que, por primera vez, le he ganado una, Caroline sale adelante y replica: —¿Y quién dice que esto no lo sea? ¿Quien dice que fumar solo un poco de marihuana para matar el estrés no sea saludable? —¡Cualquier persona con un mínimo de sentido común lo diría, Caroline!—le digo, un poco cansada ya—. Son drogas, ¿sí te enteras? Dro. Gas. Son malas, son dañinas. —Pues las medicinas también son, en cierto sentido, una droga—replica ella, cruzando los brazos sobre el pecho en la descripción gráfica de la testarudez. En esta ocasión, quien me releva es Beck: —Caroline, querida, la diferencia es que las medicinas las usamos por necesidad, no por gusto o diversión. —Es que si lo ven desde el punto de vista correcto, pudiera ser que lo hagamos por el bien de Abby—dice Caroline, y señala en mi dirección—. El estrés que genera un momento como el que vivió puede ser muy grande, y si no se trata a tiempo, podría llegar a... —A ver—la interrumpe Danielle—. ¿Por qué tan segura de lo que dices? ¿Es que acaso tú la has probado antes y no nos dijiste nada? Atentas a la respuesta de Caroline, todas volteamos a verla al mismo tiempo y en perfecta sincronía. Ella, al verse aplastada bajo el peso de tres pares de ojos serios y fríos como el hielo, retrocede un poco en su avance, más sin embargo no se acobarda del todo, pues a pesar de ello dice. —Pues...no, no la he probado. Pero pensé que podríamos experimentarlo todas juntas. Ya saben, como chicas Kappa que somos. —Linda, no vengas a mí con ese cuento que no me lo creo—le dice Beck, levantando frente a ella una mano de perfecta y envidiable manicura. —Yo paso, obviamente—añade Danielle. Como la conversación está prácticamente muerta, decido que es hora de darme un baño y recostarme un rato para ver si al menos así se me pasa un poco el mal sabor de boca que me ha dejado ese momento tan vergonzoso con el idiota de Kendrick. Me levanto, y cuando la mirada de las chicas se centra en mi, les digo. —Muchas gracias por la sugerencia, pero yo también paso. Voy a darme un baño a ver si logro descansar un poco. —Si quieres puedo hacerte una rutina de Skincare—dice Beck—. Eso sí que te ayudará a relajarte, no como otras cosas. Por supuesto, no hace ni pizca de falta que diga a quien o a qué se refiere con esa indirecta tan directa. Por otro lado, su idea me resulta tan tentadora que, mira tu por dónde, termino aceptando: —Sí, eso me gustaría. Gracias, Beck. —¡Perfecto! ¡Perfecto!—exclama ella, la más emocionada, levantándose cómo accionada por un resorte—. Voy a aplicarte unos hidratantes de primera, y una mascarilla, además de un ungüento que es perfecto para... Sé perfectamente que, si sigo escuchando todo su palabrerío, me entrará la desconfianza y no dejaré que se acerque a mi cara con ninguno de esos productos extraños que menciona, así que sigo con lo mío, tomo mi neceser, y entro a darme el que probablemente será el baño más largo de mi vida. Un par de minutos después, cuando ya estoy bajo la ducha de agua caliente, con las gotas resbalando sobre mí a su antojo, solo me doy cuenta de que estoy llorando a mares cuando siento que los espasmos involuntarios recorren mi cuerpo de forma violenta. Es extraño, porque no estoy triste, pero a la vez sí, y también estoy furiosa, y confundida, y asustada y otro montón de cosas que ni siquiera sé identificar, y mucho menos gestionar de la forma correcta. Creo que nunca antes había tenido todo este embrollo dentro de mí, no solo en mi cabeza, sino también en mi corazón. Cada que tengo oportunidad de pensarlo con detenimiento, me doy cuenta de que, por más errores que haya podido cometer, no me merezco todo esto que está pasando. Y es que, a riesgo de quedar como toda una Drama Queen, todo este tema de Kendrick es demasiado para mí. Quiero decir que no me merezco haber tenido que ver cómo mi relación de años se iba a la basura, así como tampoco me merecía ver cómo el hombre al que alguna vez amé con todo mi corazón (y qué de cierta forma minúscula y muy metafórica sigue estando ahí) se convertía en todo un imbécil integral. Por supuesto, está demás decir que tampoco me merecía la tremenda vergüenza que acabo de pasar hace tan solo unos momentos. En general, todo esto parece como la escena de una película de terror barata, de esas en las que, por falta de presupuesto, no ponen buenos efectos y solo le lanzan al espectador un escenario ridículo tras otro como relleno. Cuando me doy cuenta de que llevo aquí dentro bastante más de lo que pensaba estar en un principio, cierro la llave y me envuelvo en la toalla mientras pienso que una de las ventajas de estudiar en una universidad de élite como ésta, es que jamás se acabará el agua caliente. Nunca he sido de esas que pasan horas enteras debajo de una ducha caliente, pero ahora mismo comienzo a sospechar que será algo recurrente durante algún tiempo. —¡Abby! ¿Ya sales?—me grita, desde la habitación, la chillona y cantarina voz de Beck—. Llevas ahí como una hora, sino es que más tiempo. Ocupada en cepillarme los dientes, escupo la pasta de menta antes de responder: —No seas exagerada, que no llevo tanto. Pero tú tranquila, que ya casi salgo. —Bien por ti, mira que ya tengo todo listo. Conozco a Beck muy bien como para saber que, si la desafío lo suficiente, es capaz de entrar por mí al baño y sacarme a rastras, así que mejor que no tengo a la suerte. Me esfuerzo por terminar de arreglarme, y aunque sí que es un esfuerzo grande de mi parte, al final sí que me termino tardando un poco más de lo que pretendía. Temerosa de lo que pueda pasar más allá de la puerta del cuarto de baño, vuelvo al dormitorio poco a poco, y lo hago de forma tan silenciosa, que al principio ellas no se dan cuenta que ya estoy aquí. Las tres se encuentran sentada muy juntas, con la vista fina en un solo celular mientras cuchichean por lo bajo. Inevitablemente, mi curiosidad es tan grande que me quedo escuchando. —Esto es terrible—dice Caroline, quien sostiene el celular y está sentada en el medio, entre Beck y Danielle—. Justo cuando no podía caer más bajo, cuando no podía caer peor, va y sale con esto. —¿Estamos seguras de que sí fue él quien lo hizo?—pregunta Beck, de forma tentativa y como hasta tímida—. Quiero decir que no tuvo mucho tiempo para hacerlo, ¿no es cierto? Y ya sabemos que él es de todo menos un genio. Caroline intenta replicar, pero se calla cuando nota que Danielle quiere hacerlo antes: —Pues claro que fue él, boba, ¿o es que acaso no te das cuenta que esto sólo lo beneficia a él? De todas formas, siempre pudo buscar a alguien que lo hiciera por él antes de subirlo. —Tenemos que decírselo—afirma entonces Caroline, haciendo que las otras dos la miren con cara de espanto, de horror puro y duro—. Tenemos que decírselo y mostrarle esto antes de que se entere por alguien más. Somos sus amigas, y se supone que este tipo de cosas son lo que las amigas hacen unas por otras. —Yo creo que deberíamos esperar un poco—dice Danielle—. Todo está demasiado reciente, y ya sabemos cómo reacciona Abby últimamente con solo la mención de ese idiota, más aún después de lo que le pasó hoy. Ya para este momento, por supuesto, me queda más que claro de qué es lo que éstas tres están hablando. Sin embargo, la información de lo que acabo de escuchar se me queda corta, hay algo que me falta, y presiento que es un detalle importante y probablemente malo o desagradable,de ahí que ellas duden sin decírmelo o no. Con eso en mente, me hago sentir cuando pregunto: —¿Se puede saber qué están tramando ustedes tres? Juro que este momento es digno de la novela más dramática de todas. En cuanto mi voz resuena por el dormitorio, las tres dan un brinco tremendo y me miran de golpe, todas con los ojos abiertos como platos y la tez tan blanca como una hoja de papel. —¡Querida, hasta que por fin sales del baño!—exclama Beck, intentando acercarse hasta mí, pero se detiene de golpe cuando levanto una mano y digo: —Sé muy bien lo que escuché, y no se me va a olvidar. Esta vez, la que replica es Danielle: —Abby, no es nada importante. —Pues desde aquí lo parecía. Como ninguna me dice nada después de eso, aprovecho el pasmo en el que las he dejado y me acerco hasta ellas. Le arrebato el celular a Caroline, y miro la pantalla para descubrir nada más, y nada menos, que un vídeo que muestra de manera muy resumida lo que pasó entre Kendrick y yo hace rato. Y lo que es peor, lo han editado de forma que sea yo la que quede mal. Todavía más furiosa que antes, le entrego el celular a Caroline y me decido de golpe a dar un paso más allá en la búsqueda de mi tranquilidad: —¿Sabes qué, Caroline? Vamos por esa marihuana.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD