Ha pasado una semana desde que se desató el drama entre Kendrick y yo, y si bien es cierto que la cosa está mucho más tranquila que al principio, tampoco puedo decir que estoy del todo bien con la situación. Sí, no se me olvida que fui yo quien dió el primer paso y cortó con la relación, pero supongo que es normal que tenga mis dudas, ¿no es cierto? Quiero decir, sé que nuestra relación se había hecho insalvable, pero eso no quita que, muy en el fondo, esa parte de mi que todavía sigue queriendo a Kendrick, y que sigue estando acostumbrada a él, sienta que tal vez debí darnos una oportunidad más, solo una, antes de decidir dejarlo para siempre como lo hice.
El apoyo de mis amigas en esta etapa ha sido crucial, pero ni siquiera ellas han podido lograr salvarme de mi propia cabeza, de mis pensamientos. Hemos estado saliendo y básicamente haciendo cualquier otra cosa que no sea quedarnos en el dormitorio, aburridas y pensando mil y un cosas. Y sí, eso ha servido bastante no solo para distraerme, sino también para ayudarme con mi tarea de evitar a Kendrick y tener contacto cero con él, pero supongo que todo tiene su límite. Siempre, por más entretenidas que estemos, llega el momento en que tenemos que volver a la realidad, ya sea para dormir o atender nuestras clases, y es entonces cuando todo se abalanza sobre mi como un maremoto.
Sin que yo lo pretenda, comienzo a pensar en todo lo bonito que vivimos juntos, en cómo inicio nuestra relación y lo hermoso que era sentirme amada en más de una forma por la misma persona a la que yo amaba con tanta intensidad, con tanta fuerza y entrega. También me he puesto a pensar en todo lo malo que vino después, así que supongo que es una mezcla de lo más rara que me afecta en los momentos más inesperados, en los más inoportunos, haciendo que me hunda dentro de mi propia cabeza y me distraiga de todos y todo.
—Abby, ¿te sientes bien? ¿Necesitas algo?
Cuando escucho la voz de Danielle cerca de mí, desconecto de golpe de mis propios pensamientos y vuelvo a formar parte de la realidad, del presente. La veo sentada frente a mi, en su cama, y es entonces cuando recuerdo que, si bien es cierto que las demás chicas ya están en sus clases, ella sigue estando aquí, por lo que no estoy sola y no debo actuar como una loca obsesionada con la ruptura que ella misma propició. Eso solo me lo permito cuando estoy verdaderamente sola y en privacidad.
—Sí, claro, estoy bien—le respondo, haciendo un pequeño esfuerzo para incluso mostrar una sonrisa.
—¿Estás segura?—pregunta ella, mirándome de arriba hacia abajo con esa mirada suya tan característica, tan penetrante.
—Sí, claro que estoy segura, ¿por qué lo preguntas?
—Porque llevas al menos quince minutos intentando ponerte el zapato izquierdo en el pie derecho.
En cuanto Danielle me dice eso, miro hacia abajo y me doy cuenta de que, en efecto, estoy tan distraída tal y como ella me lo ha hecho ver. Con la cara encendida por la vergüenza, me apresuro a acomodar el pequeño desastre y luego de enderezo. Dispuesta a lanzar cualquier excusa que me haga ver menos boba de lo que ya me debo ver, abro la boca pese a no saber muy bien qué decir a continuación. Sin embargo, antes de que tenga chance de decir ni una sola palabra, Danielle me toma la delantera:
—Estás un poco triste todavía, ¿no es cierto? Por lo de Kendrick y todo eso.
Por cosa de instinto más que de ninguna otra, al principio intento negarlo, e incluso empiezo, dentro de mi cabeza, a idear una excusa tras otra para justificar mi actitud ajena y despistada. Sin embargo, apenas he comenzado a hacerlo cuando me doy cuenta de que, en realidad, no tengo por qué. Danielle, al igual que las demás chicas, me han estado ayudando en todo este proceso, y sería tonto, además de una especie de traición, si les juego feo negándoles la verdad.
—Sí, lo estoy—respondo—. Aunque es extraño, porque también me siento molesta y frustrada.
—Bueno, eso es normal—me dice Danielle, levantándose de su cama para sentarse en la mía, a mí lado, y así consolarme más de cerca—. Cualquiera como tú estaría molesta y frustrada con su novio si este se convierte en un idiota integral de un momento a otro.
—No, no, es que no es con Kendrick con quién estoy molesta.
—¿Ah, no? ¿Y entonces con quién lo estás?
—Conmigo misma. Estoy...estoy furiosa conmigo misma.
Concentrada en mirar hacia el vacío, no veo el rostro de Danielle, pero la conozco muy bien para saber la expresión que de seguro se le ha quedado grabada con mis palabras. Eso termino de confirmarlo cuando ella me dice:
—Discúlpame, Abby, pero me he perdido un poco. No entiendo cómo o por qué tendrías que estar molesta contigo.
Decidida a sacarlo todo de una buena vez, me doy la vuelta hasta quedar frente a ella, y luego de subir los pies a la cama para estar un poco más cómoda, le digo:
—Bueno, estoy molesta conmigo porque se supone que fui yo quien dió el primer paso y cortó con la relación, ¿no es cierto? Quiero decir que, en ese caso, tendría que estar feliz y no sentirme tan confundida. Se supone que no debería extrañarlo como lo extraño, ni tampoco preguntarme a mí misma cada tanto si es que hice bien en tomar esa decisión.
No sé por qué, pero luego de semejante confesión lo único que puedo esperar es que Danielle me lance a la cara una y mil recriminaciones. Sin embargo, la cosa no podría ser más diferente. Sonriendo de una forma bastante cariñosa y amable, me toma de las manos y les da unos suaves apretones antes de decir:
—¿Quieres que te diga algo? Eso es completamente normal. El que una opción sea la correcta, no necesariamente significa que sea la más fácil de digerir, pero tú ya has dado el primer paso, y eso es un gran logro. Solo queda poner de tu parte, ser fuerte y entender que hiciste lo que hiciste por ti, por sentirte bien, y frente a eso no hay nada ni nadie que importe más.
—¡Danielle, eres la mejor!—exclamo totalmente conmovida, justo antes de lanzarme encima de ella y envolverla en un fuerte y sentido abrazo.
Cuando nos separamos, ella sonríe complacida, y luego de arreglarse el cabello, me dice:
—No es por presumir, pero sabes que de las cuatro yo soy la que mejor consejos da.
—En eso te doy la razón. Apuesto que el pobre de tu novio estará cansado de perder todas las discusiones contigo, con esa facilidad para las palabras que tienes.
—Sí, sí, claro.
Ahora que lo pienso, siempre me ha parecido extraño que, para este punto de nuestra amistad, Danielle nunca nos haya presentado formalmente a su novio. Digo, no es como que esté obligada a hacerlo, pero somos sus mejores amigas desde hace años, desde que empezamos la universidad, y por ley ya deberíamos haberlo visto. Ella nos ha mostrado fotos e incluso nos ha dejado hablar un poco con él por video llamada, pero hasta ahí. Siempre ha sido muy reservada con eso, y aunque le hemos insistido bastante para que nos deje conocerlo en persona alguna vez, ella no accede.
Justo estoy pensando en eso cuando, en mi celular, suena la alarma que siempre configuro para estar a tiempo. Irónicamente, cuando la apago y miro la hora me doy cuenta de que estoy retrasada, así que termino de darle los últimos toques a mi look y corro a la puerta de salida. Al darme cuenta de que Danielle no parece tener mucha prisa, me doy la vuelta hacia ella y le pregunto:
—¿No vas a ir a clases hoy?
—No, no todavía—me responde ella, sonriendo ante mi cara de envidia—. No tengo clases sino hasta la cuarta hora.
—Te odio—le digo, muerta de envidia.
—Ambas sabemos que me amas—replica ella, lanzándome un beso al aire.
Riendo su broma, termino de salir del dormitorio y es entonces cuando, por fin, no me queda de otra más que enfrentarme a la realidad. Mientras aprieto el paso para salir cuánto antes del edificio de dormitorios femeninos y llegar al edificio central de la universidad, rezo con fuerza en mi fuero interno para que el destino no me cruce con Kendrick. Todos estos días he tenido que desviar sus llamadas y mensajes, y aunque he hecho lo posible por no verlo (y lo he logrado, afortunadamente) algo muy dentro de mí me dice que hoy eso podría cambiar.
Por suerte mis súplicas parecen ser escuchadas, porque cuando entro por fin en el edificio central de la universidad, entre la marea de estudiantes que van y vienen de un lado al otro, no consigo a Kendrick. Y no es que lo esté buscando, sino más bien que quiero ubicarlo para saber qué camino tomar, uno que, claro, me lleve justo en el sentido contrario. Es una suerte que no esté aquí ahora mismo, porque eso significa que puedo caminar tranquilamente por uno de los espacios que más me gustan de todo el lugar: el jardín central de la universidad, un espacio amplio y lleno de luz natural enclavado justo en mitad del pasillo central, con flores, un par de fuentes e incluso algunos árboles grandes. Es toda una maravilla, y justo estoy a mitad de camino para cruzarlo cuando, a mis espaldas, escucho la voz que menos quiero escuchar en estos momentos:
—¡Abby, espérame!
Sé que, ahora mismo, lo que debería hacer es tirar para delante, apretar el paso y hacer como que en realidad no he escuchado nada. Sin embargo, ese instinto de reaccionar a su voz me empuja a darme la vuelta, y es entonces cuando me atacan todo tipo de sensaciones desagradables al ver que Kendrick se acerca rápidamente a mí. Plantada por la sorpresa en mi lugar, le doy un rápido repaso para darme cuenta que luce... quizá no tan bien. Se le ve más flaco y menos arreglado, como si se hubiera vestido con cualquier cosa, en vez de poner tanto cuidado en sus outfits como siempre lo ha hecho. No quiero pensar que es por mí, por nuestra ruptura, pero es inevitable que una parte de mí se vaya por ese camino.
—Cariño, qué bueno que te veo...
Es justo entonces, cuando lo escucho llamarme así, y veo cómo me sonríe, que reacciono por fin. Resulta más que obvio que él cree que nuestra ruptura es algo pasajero, una simple pelea, y que yo solo necesitaba un tiempo a solas y alejada de él para darme cuenta de que lo sigo queriendo. Y me molesta, me molesta muchísimo que se comporte como si nada, que se acerque hasta mí y ni siquiera intente disculparse o algo parecido, por lo que me doy media vuelta y lo dejo con la palabra en la boca.
El resto de la mañana, como no podía ser de otra forma, lo paso en otro mundo, encerrada en mis propios pensamientos y reviviendo, una y otra vez, mi pequeño y desagradable encuentro con Kendrick. Poco antes de la hora del almuerzo, cuando voy saliendo de mi clase de economía, estoy tan distraída que termino chocando con alguien. Aturullada, levanto la vista y comienzo a disculparme cuando, de golpe, veo que se trata de Kendrick.
—Cariño, esto es para ti—me dice, y entonces comienza a cantar.