Kendrick. En el momento menos oportuno y en el lugar menos esperado, el muy idiota decide aparecer...¿y lo que es peor? Justo cuando ya pensaba yo que había tenido mi ración del día, pero no, tal parece que para él nunca una pelea es suficiente. No tengo ni idea de si me ha seguido hasta aquí o es que se trata de un encuentro casual, pero la verdad ahora eso es lo que menos importa. No importa cuando el estúpido que tengo justo en frente me mira de una forma tan terrible, como si me odiara y quisiera hacerme sufrir el máximo dolor.
La gente a nuestro alrededor, por supuesto, se pone en alerta de inmediato. De golpe, es como si sus comidas y sus conversaciones hubieran perdido toda importancia, y solo pudieran prestar atención a lo que pasa con nosotros. Nos miran de una forma tan indiscreta, que casi siento la necesidad de gritarles que se metan en sus asuntos y me dejen en paz. No obstante, sé que hacer eso solo lograría alborotar el avispero, así que mejor concentro mis energías en tratar de calmar a Kendrick para que no haga un escándalo mucho mayor del que ya está haciendo.
—¿Y tú qué rayos haces aquí?—le pregunto, ignorando por un momento la presencia del Dealer, de Oliver, quien no para de alternar su mirada entre mi ex novio y yo—¿Y por qué estás tan molesto? ¿Qué te pasa?
Todavía sin mudar ni un ápice su expresión enfurecida, Kendrick me mira de arriba hacia abajo durante algunos segundos antes de finalmente responder:
—¿Y tú por qué crees que estoy molesto, Abby? ¿De verdad es tan difícil adivinarlo?
Como quien no quiere la cosa, y como si de verdad no me hubiera enterado de nada de lo que pasa aquí, me encojo de hombros antes de contestar:
—Pues sí, supongo que sí es un tanto difícil adivinar, Kendrick—aunque sé que tal vez esto lo haga molestar, me es imposible no soltar una pequeña risita molesta y burlona para acompañar mis siguientes palabras—. Disculpa, pero no tengo ni idea de lo que estás hablando.
Tal como me lo imaginaba, eso lo hace molestar aún más de lo que ya lo estaba por sí solo. Con más fuerza que antes, da un golpe tremendo a la mesa entre Oliver y yo, haciéndome dar un respingo por la sorpresa y el susto; incluso veo que, a mí alrededor, varios de nuestros curiosos espectadores también saltan, asustados. Bien merecido que se lo tienen por andar metiendo sus narices donde nadie los ha llamado.
—Escucha Kendrick, yo...
Pero antes de que pueda terminar de hablar, soy interrumpida a la mitad de mi frase. Y no por Kendrick, no, sino por Oliver, quien con toda la calma del mundo se aclara la garganta antes de señalar a mi ex y decir:
—Disculpa, amigo, ¿pero serías tan amable de comportarte un poco? Francamente, nos avergüenzas con esa actitud.
—¡Cierra la boca, imbécil!—exclama Kendrick como respuesta, señalando a Oliver quien ni de inmuta ante la mirada asesina que le dedica—. Luego voy contigo, pero primero quiero arreglar las cosas con mi novia.
Esta vez, claro, no puedo evitar intervenir de una forma mucho más seria que antes para replicar:
—Ex novia, Kendrick, recuérdalo. Tu y yo terminamos.
—¿Es que acaso no entiendes que no te voy a dejar ir así como así?—me pregunta él, más fuera de sí con cada segundo que pasa—. ¡Tu no me puedes dejar! ¡Tu me amas!
En esta ocasión logra molestarme de verdad, por lo que soy yo la que golpea con fuerza la pobre mesa antes de ponerse en pie para encararlo.
—¿Te estás escuchando, imbécil?—le pregunto, disfrutando por primera vez de la dureza con la que se ha teñido mi vos por primera vez—. ¡Tu no decides sobre mí y sobre lo que siento! Puede que en algún momento te haya...querido, pero ya nomás.
En esta ocasión si que me permito mentir un poco, no porque lo crea necesario, sino únicamente como una medida de venganza, como una forma de golpearlo a él y a su ego, ese que lo hace estar tan seguro de lo que yo siento o sentí alguna vez por él.
La verdad es que sí, en cierta parte de nuestra relación llegué a amarlo de verdad, con una fuerza tan increíble que me hacía creer que eso nunca podría cambiar, pasara lo que pasara. Sin embargo, como ha quedado más que claro, eso ya no es así. Él mismo se ha encargado de hacer que todo el amor que sentía se fuera marchitando poco a poco como una flor puesta a la sombra sin agua. Lo amé, sí, y aunque ya no lo hago más, él no me esita saber que alguna vez lo hice.
—¿Querido?—repite él, con los ojos llenos no de dolor, sino de rabia, y no porque me haya perdido o algo así, sino porque acabo de atacar directamente su enorme e hinchado ego—. No seas mentirosa, Abby, los dos sabemos muy bien que me amaste. Y yo estoy seguro de que aún lo haces.
Aunque no hay nada ni remotamente divertido en todo este asunto, yo hago un esfuerzo y me echo a reír con la única intención de hacerlo molestar aún más. Normalmente no lo haría, pero la verdad es que ya me tiene harta con todas estas escenas y con su actitud tan posesiva y tóxica sobre mí. Cuando estoy segura de que ha sido suficiente, paro de reir, y mirándolo a los ojos de la forma más directa y fría posible, le digo:
—Supongamos que alguna vez lo hice, que alguna vez te amé. Sin embargo, eso ya no importa ¿no crees? Tu mismo te encargaste de hacer que sucediera, que lo que sentía por ti muriera de la forma más miserable posible.
Esta vez puedo ver claramente en sus ojos como el peso de mis palabras lo golpea con fuerza. Con la boca abierta por la sorpresa, Kendrick hace amago de acercarse a mí, tal vez para abrazarme o hacer algo mucho peor y más cuestionable que eso, y aunque quiero apartarme, no puedo. Plantada en mi lugar, veo como se acerca a mí hasta que, como salido de la nada y a la velocidad de un rayo, el Dealer, Oliver, se interpone entre los dos para protegerme.
—¿Y tú qué coño pintas aquí?—le espeta Kendrick a Oliver, hablándole muy cerca del rostro como para provocarlo y que empiece una pelea—. Apártate, que estoy hablando con mi...
—Ex—lo interrumpe Oliver, bastante calmado y sin inmutarse—. Estás hablando con tu ex, y por lo que acaba de decir, ella ya no quiere hablar contigo. Mejor sería que recojas la poca dignidad que te queda y te marches de aquí antes de que salgas peor parado de lo que ya estás.
Durante un terrible instante creo que Kendrick va a golpear a Oliver, iniciando así la pelea que tanto parece querer. Sin embargo, al final se abstiene de ello, y únicamente le dice:
—¿Y como sabes tu lo que ella quiere o no?
Tras encogerse de hombros, Oliver responde:
—Porque es un poco obvio. Además, la conozco muy bien.
Kendrick abre la boca para decir algo, pero las palabras no acuden con la suficiente rapidez, por lo que termina cerrándola. Repite el proceso por un par de minutos más, hasta que me mira a mí de forma muy extraña, con los ojos entrecerrados y el ceño muy fruncido. Mira también a Oliver, y es entonces cuando le pregunta:
—¿Ustedes dos están...saliendo?
En esta ocasión quisiera reírme tal como lo he hecho antes, pero la verdad es que no me sale. Supongo que la sorpresa me lo impide porque, ¿a cuenta de qué a Kendrick le da por creer que Oliver y yo estamos saliendo? ¿Solo porque nos encontró aquí, hablando y tomándonos algo? Esa debe ser la razón más estúpida y retrograda de todos los tiempos. Estoy a punto de decirle que no, que por supuesto no estoy saliendo con Oliver, cuando es él mismo, el Dealer, quien me roba la oportunidad y termina dando una respuesta que me deja patidifusa.
—Sí, estamos saliendo, ¿y qué con eso?
Como era de esperarse, Kendrick pone una cara que, imagino, debe ser idéntica a la que yo tengo ahora mismo. No dice nada, y después de un buen rato de solo mirarlo a él y a mí, por fin se marcha y nos deja tranquilos, no sin antes aprovechar la oportunidad de chocar su hombro contra el de Oliver al pasar, como queriendo dejar en claro que de ahora en adelante son enemigos o algo así.
Al ver terminado su pequeño circo exprés, todo nuestro público se va retirando poco a poco al igual que Kendrick. Unos vuelven a sus mesas dónde empiezan a cuchichear sobre todo lo que acaba de pasar, mientras que otros son un poco más discretos y se retiran del lugar, seguramente para decirle a los demás todo lo que vieron. Yo, sin poder hacer otra cosa que sentirme sorprendida, ocupo mi asiento de nuevo. Oliver hace lo mismo, y una vez lo tengo en frente, le pregunto:
—¿Por qué has hecho eso?
—¿Hacer qué?—pregunta él, como si nada, de lo más tranquilo el muy cínico.
—¡Sabes perfectamente a lo que me refiero!—respondo, tratando de hablar por lo bajo para no atraer sobre mí más atención de la que ya tengo—. ¿Por qué le dijiste a Kendrick que tú y yo salíamos? ¡Tu y yo no estamos saliendo!
—¿Ah, no?
Por supuesto, salta a ojos vista que su pregunta no es sino una broma, una forma de tomarme el pelo y nada más. Sin embargo, estoy tan alterada y molesta que ni siquiera reparo en eso y le contesto:
—¡Pues no, claro que no! ¡Ni siquiera te conozco!
—Pues bien podríamos conocernos un poco más, ¿no crees?
Cuando sus palabras llegan hasta mí, acompañadas de una sonrisa pícara y un breve guiño, algo en mi interior se derrite al mismo tiempo que se estremece de una forma que, debo admitirlo, resulta exquisita. Pero eso no dura demasiado, porque cuando lo miro mejor me doy cuenta de que está bromeando, y no puedo sentirme más tonta por haberle creído.
Molesta, le tiro una servilleta a la cara y me levanto de la mesa con la única intención de irme, de desaparecer de su cercanía y no verlo más. No obstante, con esa rapidez suya que parece ser tan característica, me alcanza antes de que tenga la oportunidad de dar siquiera dos pasos. De forma delicada pero firme me toma del brazo y me hace dar la vuelta, entonces me pregunta:
—¿Por qué te vas?
—Porque quiero buscar un lugar donde nadie intente burlarse de mí—le respondo, y trato de librarme, aunque no lo logro, por supuesto.
Con una arruga en la frente, él me pregunta:
—¿Quien lo está haciendo?
—¡Tu!—le grito—.Tu lo haces con...con esa idea loca de querer fingir que salimos.
—No me estaba burlando. Hablaba y sigo hablando muy en serio con respecto a ese tema—me dice, y aprovechando mi sorpresa, agrega—: Se me ocurre que, fingiendo salir, podré espantar al pesado de tu ex novio, y al mismo tiempo saldar mi deuda contigo. Solo piénsalo, ¿de acuerdo? Después de todo, ¿qué tienes que perder?