14
Decidí colocarme el sweater de Aza, me ayudaba a sentirme consolada.
Estaba sentada en el suelo, en algún momento me había caído y no lo había notado. Me faltaba la respiración, sentía que la cabeza me estallaría en cualquier momento.
Otro de los recuerdos que había regresado era aquel que correspondía al video grabado por Donnelle, uno que obviamente no fue publicado en r************* , sino que me lo pasó directamente a mí. Ellos no podían hacer apariciones en internet por miedo a ser encontrados por Cóndor.
El caso es que la boda era de unos hermanos de la iglesia a la que asistíamos y en la cual yo formaba parte del grupo de adoración. Es increíble cómo pude llegar a olvidar algo tan importante como eso.
Siempre fui creyente, sin embargo, fue la madre de Aza quien me presentó el evangelio de una forma muy diferente a la que estaba acostumbrada. Acepté a Cristo en mi corazón y comencé a asistir a la iglesia con ellos todos los domingos.
De hecho, varios de esos domingos estaban ya claros para mí.
Un momento determinado vino a mi memoria, quizás por lo que la madre de Aza me había dicho y que me sentaba a la perfección recordar. Después del servicio, fuimos a un restaurante que estaba cerca de la iglesia y al que nos encantaba ir.
Conversamos de la palabra y de las canciones que escuchamos ese día, hasta que llegamos a un punto en el que la madre de Aza me explicó algo, en ese momento no fui capaz de notar el peso de las palabras para ella porque no conocía la verdad de su vida, pero ahora que lo hacía, podía entender cómo era que ella se aferraba tanto a su fe:
—Lo que sé es que no hay milagro sin la situación que te hizo pedirlo, ni hay victoria sin batalla, no hay persona que pueda testificar que fue sanada poderosamente si nunca estuvo enferma de gravedad. Así que no podríamos decir cuán grande es Dios para obrar en las situaciones difíciles si no fuésemos sometidos a ellas, porque incluso no podrías agradecer por la lluvia si no tuviste sequía. A veces no entendemos los planes que tiene Dios con nosotros y todo lo que sucede, así que todo lo que podemos hacer es seguir confiando en él, pues sus pensamientos son más grandes de lo que jamás podremos comprender.
Sentí una fuerza recorrer mi cuerpo y sabía lo que era, era mi fe avivándose y llenándome de adrenalina. Debía confiar en que todo estaba sucediendo de acuerdo a un plan que no podía comprender, pero que resultaría bien.
La puerta se abrió de golpe asustándome.
—Esto sí que funciona, debimos intentarlo antes — Cóndor habló extasiado —. Es impresionante lo mucho que la medicina puede avanzar.
Él aplaudía y saltaba cual niño impresionado mientras se acercaba a mí.
—¿De qué estás hablando?
—La forma en la que recordaste, debe parecerte milagroso, ¿no es así? — acercó una mano a mi rostro, pero la esquivé — Debo decirlo, no creí que funcionaría, ni siquiera quería intentarlo, si no fuese por Sasha te habríamos practicado una terapia de electroshock, ya me emocionaba la idea de dejarte como un vegetal. Porque recordaste, ¿no es así?
—Sí, Cóndor, recordé —espeté colocándome de pie con ayuda de la mesa —. Sigo sin entender realmente cómo te beneficia todo esto, así que no sé qué tan bueno sea para ti saber que no he recordado todo.
Él se acercó asombrado, de nuevo intentó tomar mi rostro y lo esquivé.
—¿Cómo puedes estar segura de que no lo recuerdas todo?
—Porque tengo la misma sensación de cuando ibas a hacer o buscar algo y se te olvida qué era.
—¿Ya recuerdas cómo conociste a Azarías?
—No.
—Fascinante — expresó juntando sus manos y caminando por la habitación —. Según entendí, este tratamiento que te hemos dado, consiste en una inyección en tu sien que pone a trabajar a la parte de tu cerebro encargada de los recuerdos, así luego debemos exponerte a cosas que te hagan recordar, como esta foto, o esos regalos. Esto es muy efectivo, así que, si todavía no recuerdas algunas cosas, es normal, eventualmente lo harás. Claro que también era muy peligroso, muchos de los pacientes terminan con sus recuerdos tan distorsionados que terminan perdiéndose completamente. Eres asombrosa, Isobell — me señaló con ambas manos.
—Esto es un simple juego para ti, ¿no es así? —pregunté entre dientes — Me ayudas a recordar solo para torturarnos más, lo que he vivido es lo que puedes usar para herirme.
—Nunca fuiste demasiado inteligente, pero aprendes rápido — sonrió de esa forma que me helaba los huesos —. Investigué mucho, ¿y sabes qué descubrí? Que luego que cayeras en coma, ya le habían dicho a Azarías y a tu familia que era probable que tuvieras pérdida de memoria, ¿y quieres saber cuál fue la decisión de nuestro querido muchacho? Pedirles a tus padres que, de ser así, no le hablaran de ti, él fue quien insistió en que lo mejor para ti era no recordarlo — Cóndor se acercó a mi rostro y susurró —. Él decidió sacarte de su vida.
Sentí una punzada en el pecho porque sabía que no era mentira, era algo que ya él había hecho antes.
—No puedes herirme con eso, si es lo que quieres — respondí segura —, cada quien toma la decisión que cree es la mejor de acuerdo a las circunstancias.
Cóndor hizo una mueca de comprensión.
—Estás muy fuerte ahora que no hay mucho que desconozcas — alzó el dedo índice —. Pero veamos hasta dónde llega.
Seguido, rio como si alguien le hubiese contado el mejor chiste del mundo.
—Lo siento, es que no te imaginas lo que tengo preparado.
A continuación, Cóndor tomó mi cabello con una mano y me tiró con fuerza llevándome con él.
—Esto se va a acabar pronto — me quejé mientras él me llevaba a rastras —, tu jueguito no durará mucho más.
Cóndor volvió a reír.
—Es gracioso que creas que no lo sé y quieras amenazarme con ello. Yo sé que pronto tu novio y su querida familia encontrarán la manera de llegar a mí, el asunto está, querida Isobell — se detuvo y acercó su rostro frente al mío —, que todo lo que quiero, es hacer sufrir a Azarías como yo aún sufro.
Lo miré con todo el desprecio que podía acumular mi cuerpo.
—Ya, sé que me odias y está bien, por eso te tengo una emocionante sorpresa — cantó volviendo a caminar y a halarme consigo.
No pude evitar sentir el miedo calar por mis entrañas, algo muy malo estaba por suceder, Cóndor era capaz de muchas atrocidades por un retorcido sentido de la justicia y un extraño amor a su familia.
—Tengo una sorpresa tan grande para ti — repitió llevándome por pasillos y pasillos que no era capaz de ver bien por el dolor de mi cuerpo.
Su tono demostraba lo eufórico que se sentía, era bastante perturbador verlo de esa forma. Tal y como el día en el que me arrancó de los brazos de Azarías. ¿Cuánto tiempo había pasado ya? ¿Una semana? ¿Un poco más?
¿Dos semanas o solo cinco días? Parecía una eternidad en la que me había perdido.
Él abrió la puerta de golpe y me empujó dentro de un tirón. De nuevo mis rodillas golpearon el suelo con más fuerza de la necesaria y no pude evitar quejarme con un grito, el dolor se precipitaba en los lugares donde hubo una bala.
—¡Isobell!
Su grito me produjo un terrible escalofrío que recorrió toda mi columna vertebral.
Alcé la mirada y pude confirmar de quién era la voz...
—Donnelle.
Era la viva imagen de su hermano, a pesar de que sus facciones eran más delicadas. Su cabello estaba bastante desordenado y su ropa jaloneada. Como si no fuese suficiente, sangre emanaba de su brazo izquierdo.
—¡Isobell, aquí estás! — exclamó ella colocándose de pie.
Cóndor me lanzó hacia ella, Donnelle se acercó a mí y la abracé. Era increíble poder ver a alguien conocido.
—¡Donnelle, estás aquí!
—¿Me recuerdas? — preguntó separándose un poco de mí y examinando mi rostro.
—Sí, te recuerdo — respondí con una sonrisa —, pero, ¿qué haces aquí? ¿Por qué estás aquí?
—Es parte de su venganza, ¿qué te ha hecho?
En su rostro había lágrimas y estaba segura que yo también era un desastre.
—No quiero hablar de ello — confesé intentando sonreír.
—Está bien, vamos a salir de aquí.
—Muy bien, muy bien, el romántico encuentro ha terminado — Cóndor aplaudió con fuerza y su voz era veneno eufórico.
—¡Eres un desgraciado! — gritó Donnelle — ¡Vas a pagar por todo lo que has hecho! ¡Azarías tiene a su equipo y nos van a encontrar!
Él ladeó su cabeza haciendo un puchero.
—Tus palabras me ponen tan triste — habló sarcástico —. He estado planeando esto por mucho tiempo, ¿por qué crees que pudimos escapar? No le tengo miedo a tu hermano, ni siquiera a su tío o su grupo.
Comenzó a caminar en nuestra dirección con pasos largos. Lo perturbador era el traje extremadamente blanco que usaba y la expresión macabra de su rostro.
—Entiende, querida, no me interesa matarlas — acarició nuestros rostros que apartamos de un tirón —, me interesa torturarlas y hacer sufrir al hijo del hombre que no debió morir, sino vivir para ver este día.
—Esto es solo porque no puedes vengarte de su padre — Salió de mis labios.
Él me miró con cuidado y atención. Era espeluznante.
—Veo que es cierto y aún no lo recuerdas del todo — comenzó a alejarse —. Su padre me arrebató lo que yo más quería, eso ya te lo dije. Años después, él murió por accidente en mis manos — ahora hablaba con odio —, yo no quería que muriera, yo quería hacerlo sufrir.
Cóndor abrió la puerta y entonces le hizo señas a alguien. Miré a Donnelle, estaba llorando, pero su rostro expresaba toda la rabia y enojo que me hacían saber que sus lágrimas eran por la frustración.
De pronto, dos pares de hombres entraron a la habitación a paso firme hasta nosotras.
—Vamos a jugar un poquito — Cóndor empezó a aplaudir y cantar como un niño —, será divertido para mí.
Dos hombres me tomaron por los brazos e hicieron lo mismo con Donnelle. Ella intentó alejarse, librarse. Yo no tenía muchas fuerzas para hacer lo mismo.
—Donnelle, quiero que le cuentes a tu querida cuñada, cómo conoció a Azarías.
Pronto los hombres me sentaron en una silla a varios metros de mi posición inicial, no la había notado antes.
—¿Eso en qué te beneficia? ¡No tiene sentido! — gritó ella mientras la sentaban frente a mí, pero a veinte metros de distancia.
Sentí que comenzaron a apretar cuerdas en mis muñecas y tobillos. Vi que hacían lo mismo con Donnelle.
Las sillas eran de madera y ahora estábamos unidas a ellas.
—Querida, te pareces mucho a tu padre — le sonrió acariciando su rostro —. Esto no me beneficia, en todo caso, beneficia a Isobell, ayudándola a recordar.
—¿Cuál es el punto entonces? — pregunté yo esta vez.
—El punto es torturar a Azarías, ¿ya no estaba claro? — preguntó Cóndor frustrado, pero con una sonrisa en el rostro — ¡Apuren a Sasha!
Mi corazón dio un salto al ver que el mismo entraba segundos después empujando un carrito con extraños aparatos.
—Él verá esto — aplaudió colocándose en medio de nosotras —. Así como Isobell va a recordar, él también lo hará, recordará cómo todo empezó, el momento exacto en el que sus vidas se unieron y deseará no haberse acercado en lo absoluto.
—Quieres que sufra por no haberse alejado de ella.
—¡Exacto! — la señaló saltando un poco — ¡Y lo mejor es que él sufría estando lejos de ella al punto que le bastaba verla de lejos! ¡Y eso la trajo hasta aquí!
—Estás enfermo — espetó Donnelle.
Sasha se movía con rapidez hacia nosotras, según lo que su rostro expresaba, estaba muy abatido por la situación. No me miró cuando se detuvo a mi lado.
Visualicé mejor lo que llevaba encima de él. Era un carrito de los que usaban los cirujanos con sus utensilios. Sin embargo, lo que había encima de ello no eran herramientas para operar: era para descargas eléctricas.
—¡Ya basta! ¡No! ¡Detente! ¡No vayas a hacer esto! — no pude contener mi desesperación.
No quería electricidad corriendo por mi cuerpo, no quería que me hicieran aquello.
—No te preocupes, no es para ti — indicó Cóndor —, es para Donnelle. Sasha, muévete.
Mis ojos se encontraron con los de ella, estaba aterrada ahora y yo también.
—¡No! ¡Colócamelo a mí! ¡Hazlo conmigo no con ella!
Cóndor rio a carcajadas.
—Es tan divertido ver que siempre intentas ayudar a los demás — dejó de reír —. Ahora, esto dependerá de ustedes.
Sasha comenzó a colocar cables en el cuerpo de Donnelle, cables por su brazo herido y por su pecho.
—¡Comiencen a transmitir! — ordenó él.
—Resiste, por favor, resiste — le pedí desesperada.
Ella estaba temblando, podía verlo. Quizás demostrara ser un poco ruda pero la verdad es que era tan frágil como yo.
—¡Hola, queridísimo Azarías! — La voz tan alegre de Cóndor me producía escalofríos —. Bienvenido a este pequeño programa, al que llamo —hizo una pausa dramática—: Recuerdos eléctricos.
Seguido, rio con fuerza, como si fuese lo más divertido del mundo.
—Así que, Donnelle, quiero que le cuentes a Isobell cómo conoció a Azarías — explicó Cóndor en algún lugar —. Van a colocarte electricidad desde una muy baja frecuencia hasta una muy alta, irá aumentando a medida que pasen cuarenta segundos. Como no hay mucho que contar de ese día, luego quiero que saltes al día del accidente. Cuéntale la verdad.
—¡Ah!
—¡Donnelle!
—¡No voy a complacerte! — gritó retorciéndose.
—Aumenta entonces — exigió a Sasha.
Ella volvió a gritar.
—¡Hazlo! ¡Hazlo rápido y acabará!
—¡No!
—¡No vale la pena morir aquí por eso! — insistí desesperada — ¡por favor, hazlo!
Ella me miró intentando no mostrar su sufrimiento. Había lágrimas cayendo por su rostro. Quería que todo parara.
—¡Por favor, Donnelle!
Ella asintió entonces.
—Las personas te perseguían por el caso del pedófilo que tu padre libró, estabas en la universidad — comenzó.
—¡Continúa! ¡Más rápido!
—Se burlaban de ti, te acusaban, te rodearon y entonces… ¡ah!
Todos mis nervios estaban alterados, no podía imaginar lo que ella estaba experimentando, pero quería que se detuviera. Ella siempre había sido especial conmigo, se había vuelto una gran amiga para mí, me entendía. Era como la hermana que siempre quise.
—¿Entonces qué? — insistió Cóndor.
—¡Apareció Azarías! ¡Él te sacó de allí! ¡Estabas en el suelo y él te cargó! ¡Te sacó de allí!
Las imágenes aparecieron rápidamente en mi cabeza. Recordaba mi sorpresa, estaba atormentada, pero verle me devolvió la calma.
La escena regresó a mi mente en un instante como un video en cámara rápida.