Capitulo 13

2011 Words
13   Era la mañana siguiente a la llamada que me habían puesto, Azarías había ido a desayunar a mi casa y nos encontrábamos ya camino a la universidad. Yo sabía que él no estaba tranquilo por más que intentase mostrar que así era, no había soltado mi mano desde el momento en el que subimos al auto y tampoco decía nada. Yo había optado por dejarlo pensar, a veces el silencio y la compañía era el mejor consuelo que podías dar. Entramos al estacionamiento, Aza buscó un lugar entre los más apartados, como siempre, y apagó el auto. Sin embargo, no se apresuró por salir, yo esperé pacientemente hasta que al fin habló: —Vivimos en Margarita, Venezuela, por un poco más de seis antes de mudarnos aquí. —¿Qué? —Cuando fuimos a ese parque de diversiones, y nos encontramos con esos turistas, los españoles, me preguntaste cómo era que yo sabía el idioma. Sonreí y me giré más hacia él.  —Y respondiste que no querías hablar de eso. Él asintió con el ceño fruncido. —Me dijiste que estaba bien, que no necesitabas saber de mi pasado — observó mi mano con atención —, pero no estaba bien, porque tú sí me habías contado todas esas cosas que hiciste antes de conocerme, como ir a clases de música, de ballet cuando eras una niña, me contaste todas esas pequeñas cosas que te convirtieron en lo que eres hoy y yo no… no te conté nada de eso. —Y sigue estando bien, amor — acaricié su rostro con mi mano libre —. No necesito saber todo lo que te convirtió en quien eres, solo necesito saber quién eres hoy. —Pero quiero contarte, nunca he podido hablar con nadie al respecto —me miró al fin. —Está bien, te escucho. La verdad es que me emocionaba el hecho que me contara historias de su vida. —Margarita es uno de mis lugares favoritos —empezó con un poco de entusiasmo —, es todo lo contrario aquí, el clima es siempre caluroso y las personas son muy panas — rio levemente y yo también —, es como decir que son muy sociables o agradables. —Entiendo. —Fue por eso que al principio me costó adaptarme aquí, viví tanto tiempo allí que me acostumbré más de la cuenta. En Venezuela terminé la escuela y entre a la universidad, de hecho, allá me faltaba apenas un año para graduarme de arquitectura.  —¡No te faltaba ya nada!  — exclamé sorprendida — Y pensar que aquí tuviste que empezar de nuevo. —Lo sé —negó con su cabeza —. El caso es que allá, durante todos esos años, practiqué boxeo, uno de mis tíos había encontrado a alguien que podía entrenarme, yo hubiese preferido que él mismo lo hiciera. —¿Por qué no lo hizo? —No podía visitarnos, solo nos comunicábamos con él y mis otros tíos, una vez al mes por un teléfono satelital, aún lo seguimos haciendo así —sonrió melancólicamente —, es un completo espectáculo ese día, porque todos se reúnen en el mismo lugar, lo que es una verdadera locura porque todos mis primos juntos son un desastre, y todos preguntan miles de cosas.   Me sentí mal en ese momento, él siempre hablaba de sus tíos, de algo que les recordaba a ellos o algo que les gustaría, y la verdad era que no había podido compartir con ellos tanto como quisiera. —Antes de Venezuela, viví en Ucrania — continuó —, luego de la muerte de mi padre, mis tíos se enfocaron en atrapar a Cóndor, pero no fue tan fácil, después de todo, mi papá había pasado ocho años detrás de él. En vista que no conseguían atraparlo y estaba acabando con mis amigos, mamá pidió que nos mudáramos, así que desde los nueve años hasta los catorce, viví en Ucrania, gracias a una conexión que tuvieron uno de mis tíos y mi padre en el pasado. No quería que se deprimiera o angustiara más hablando de lo que había tenido que vivir. —Entonces también sabes hablar ucraniano — intenté animar —, es increíble, por eso Donnelle estudia idiomas, ustedes ya hablan inglés, ucraniano y español.  Él asintió y sonrió. —Y ahora entiendo por qué el desayuno favorito de tu mamá para días especiales eran las empanadas o las arepas. Estoy asombrada. —¿Impresionada también? — me dio esa mirada pícara suya, ya debía sentirse un poco mejor. —¿Todo lo que querías era impresionarme? —Posiblemente — se encogió de hombros —, de algo tiene que servir mi recorrido en la vida. —Sí me impresionaste, tonto — le di un golpe en el hombro. —Entonces ahora sí podemos continuar el día — me dispuse a salir del auto —. Espera. —¿Qué sucede? —Recuerda que tienes que estar alerta a todo, si alguien te mira demasiado, me llamas, si alguien te sigue, me llamas, si notas así sea la mínima cosa extraña, me llamas. ¿Entendido? —Entendido — llevé mi mano a la frente como el saludo de un soldado. —Ahora, sí, vamos. Se bajó del auto, yo le seguí, rodeé el auto, él extendió mi bolso hacia mí y luego tomó mi mano para caminar hacia la entrada. —Esta tarde empezaremos con las clases de defensa. —Es que vas en serio con eso. —¿Cuándo no he ido en serio cuando se trata de ti?  Mi mente pasó de ese recuerdo a otro más rápido de lo que pude procesar. Estábamos de nuevo en el auto, este estaba estacionado, debía ser la cuarta o quinta clase. Azarías no me estaba enseñando a conducir normalmente y de la manera convencional, él me estaba dando un intensivo con maniobras incluidas, y yo no sé si él pensaba que seríamos los Toretto en la vida real.  —Entonces, si yo estoy conduciendo y necesito que por algún motivo tú manejes, tenemos que estar preparados — explicó seriamente. —Entiendo, pero no estoy segura de cómo planeas que haga eso. —Ya te voy a explicar. Primero vamos a practicarlo estacionados, luego lo intentaremos en movimiento. —Está bien — dije eso, pero estaba terriblemente nerviosa. —Levántate del asiento, la velocidad te lo pondrá un poco complicado, así que tienes que colocar una mano en el tablero y otra aquí, en mi asiento. —¿Así? — pregunté siguiendo sus instrucciones. —Sí, ahora yo te daré apoyo sujetándote — colocó su mano en mi cintura —, y tú pasa la pierna derecha primero. Lo hice. —Y siéntate acá. Y en un segundo, ya estaba frente al volante, sentada en el asiento de Azarías. —¿Ahora? —Tienes que pisar el acelerador en cuanto yo lo suelte. —Ok, pero cuenta hasta tres. —Uno, dos… tres. Hicimos las veces que yo pisaba el acelerador. —Muy bien — yo sonreí —. Pero ahora, yo debo salir, más o menos… así. A él no le costaba nada realizar maniobras, por lo que se pasó a mi asiento en un ágil movimiento. —¡Listo, muy bien! — aplaudió un par de veces. —No parece tan difícil ahora y eso me preocupa —me recosté del espaldar. —Tranquila, sé que puedes hacerlo, solo tenemos que practicar — sacudió mi cabello —. Vamos de nuevo, hasta que lo domines para hacerlo de verdad. —¿Qué? —Pero a baja velocidad, no te preocupes. Saltó a otro momento, este había tenido lugar cuando Azarías y yo teníamos apenas un mes de haber anunciado que estábamos saliendo, era febrero, específicamente era el cumpleaños de los gemelos, así que debía ser día nueve. Luego de un desayuno de empanadas, celebrando con su mamá, el mejor amigo de Aza, que curiosamente era su vecino, colocó la camioneta afuera para que pudiésemos subir un par de cosas necesarias para el mini viaje que haríamos hasta Torquay. —Rápido, rápido — apresuraba Donnelle —, mientras más temprano lleguemos será mejor. —Tranquila, miss intensidad, llegaremos a buena hora — fastidió su hermano subiendo un par de bolsos a la maletera —. Pero podrías ayudar y sería más rápido. —Ni que hubiera tantas cosas que llevar — respondió —, ¿la cámara? ¿ya agarraste la cámara? —No, creo que sigue en mi cuarto, ya la busco. Azarías no había mirado hacia adelante al caminar, intenté echarme a un lado, pero no fui lo suficientemente rápida. —¿Es en serio? — rio mirándome. Me encogí de hombros. —Ya sabes, chocarnos es nuestro destino —bromeé susurrando. —Sí, parece que seguirá siéndolo — concordó —, ¿está muy pesado eso? Intentó quitarme el bolso de las manos. —No, son solo Snacks, ve a buscar la cámara antes que a Donnelle le dé un ataque. —Sí, es cierto — dio un beso en mi frente.   Sentí mi cara ponerse roja. —¡Hey, tortolitos, dejen para después, me empalagan! —¡Arick, por la reina, déjame en paz hoy! Yo solo pude reír, ambos bromeaban, lo sabía porque tenían toda la mañana en ello, Aza tomó su camino. —¡No puede ser! — se quejó Donnelle — ¡Me falta una hoja! Corrió hasta dentro. Donnelle estaba muy emocionada por ese viaje, decía que extrañaba ver el mar y estaba muy ansiosa, tenía anotado todo lo que íbamos a hacer ese día. —¿Ustedes dos siempre son así? — me acerqué al maletero. —Sí, bueno, alguien tiene que molestar a Aza además de su hermana — respondió Arick tomando el bolso de mis manos y colocándolo dentro del auto. —Es un buen punto — concordé —, de cualquiera manera, creo que eres su único amigo. —Lo sé, y es por eso que aprovecharé de decirte esto — se sentó en el auto y susurró —, Aza tiene casi dos años hablándome de la hermosa chica con la que no paraba de chocarse, por eso mi emoción cuando te conocí porque sabía que eras tú, pero mi punto es, tienes que ser muy paciente con él, si de verdad te gusta tanto, tienes que entender que él oculta algo, no sé qué es y no me interesa saberlo, solo tengo que apoyarlo. Así que eso es lo que te pido, él es muy cerrado, no deja a nadie entrar en su vida y te dejó entrar a ti, por favor, cuida de él, y sé paciente, quizás no te cuente de su pasado porque no está listo, pero si esperas, te lo hará saber. —¿Qué cosas le estás metiendo en la cabeza a mi chica, Arick? — Preguntó Aza acercándose con la cámara en sus manos. Aún me emocionaba cuando él me llamaba así. —Solo le daba instrucciones — respondió alzando las manos —, deberías estar agradecido y tratarme mejor, después de todo me iré pronto a Oxford. —¿Estudiarás allá? —Sí, va a estudiar lo más divertido del mundo —pasó un brazo por mis hombros —, economía. —¡Ya deja de burlarte! Aza me dio la cámara y se alejó un poco. —Detenme si te atreves — le dio un golpe en el hombro. —¿Quieres ir por ahí? — Arick se levantó e intentó acercarse para golpearlo. Aza rio, me encantaba verlo tan animado y enérgico. —¡Ya basta niños! — se quejó Donnelle rodeándolos — Parecen dos cachorros. —Es muy curioso verlos así. —Discúlpalos, se ponen inmaduros a veces — sonrió para luego revisar todos los bolsos de la maletera. —¿Por qué les gusta tanto el mar? — pregunté. —Digamos que vivíamos en una isla — respondió para luego colocarse derecha y retroceder unos pasos —. Bueno, estamos listos, es hora de irnos — cantó cerrando la maleta. —Gracias por invitarme. —Ya, tonta, te estás volviendo una gran amiga para mí, así que es lo de menos, es tu deber estar conmigo en mi cumpleaños — dijo animada pasando un brazo por mis hombros y conduciéndome a la puerta trasera del auto. Donnelle tenía casi la misma altura de su hermano, y se parecían demasiado, la diferencia era que sus facciones eran más suaves respecto a las de Aza, obviamente. —¡Vamos, gente! ¡Ya es hora! — me soltó y aplaudió — ¡Mamá ya sal, vámonos! —¡Voy, voy! — se escuchó desde dentro de la casa. Más recuerdos se superpusieron unos sobre otros, no solo donde estaba Aza, sino algunos con mis padres o mis amigos. Llegaron de forma desordenada, así que tuve que esforzarme por entender el orden de los sucesos. Sin embargo, pocos me brindaban información acerca de cómo había iniciado todo, o cómo había llegado a este punto.   Pero estaba tan agradecida porque ahora, Aza no estaría más solo, porque yo estaba regresando a nuestro mundo, aunque haya cambiado.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD