15
Estaba rodeada de personas, me gritaban y acusaban sin parar, estaba abrumada, sentía que la respiración me faltaba.
—¡No tengo la culpa! — grité —¡por favor, déjenme ir! Daniel, por favor, ya basta — pedí a un amigo.
—Tu padre debe saber que se equivocó esta vez, lo siento, Isobell — respondió decepcionado y se retiró dejándome sola.
Intentaba no entrar en pánico, pero mientras más intentaba salir del círculo, más me acorralaban.
—¡Es despreciable!
—¡Eres tan insensible como él!
Una debilidad se presentó en mis piernas, el aire me faltaba y mi corazón latía con tanta fuerza que me encontraba mareada y con ganas de vomitar.
Me dejé caer al suelo sobre mis rodillas, con las manos en mi pecho intentando recuperar el aliento, mi cabeza daba vueltas, quería salir de allí, necesitaba salir de allí.
De un momento a otro, sentí a alguien frente a mí y le miré.
—Aza —susurré sorprendida.
Él no dijo nada, ni siquiera me miró directamente, solo colocó una mano en mi espalda y tomó una de mis manos ayudándome a colocarme de pie.
No podía creer que él estuviese ayudándome, ni siquiera podía creer que todos se habían callado.
Tambaleé al estar de pie, mi vista se nubló, de nuevo tenía ese malestar.
—Ven — le escuché decir.
Abrí mis ojos sorprendida para el momento en el que sentí uno de sus brazos pasar por mis rodillas, luego en cuestión de segundos, me cargó fácilmente cuál bebé.
Le miré atenta, él me miró también.
—¡La está cargando! — comenzaron los murmullos asombrados.
—¿Qué estás haciendo? — pregunté y tuve que de nuevo cerrar los ojos por la fuerza con la que mi corazón me golpeaba el pecho.
Él no respondió, en cambio comenzó a caminar cargándome consigo. En ese momento dejé de tener pensamientos coherentes, no sabía si se debía al malestar que estaba experimentando, o ante el hecho de que mi amor platónico e imposible me estaba cargando.
Quería que el malestar pasara rápido, pero como siempre, tomaba tiempo para lograrlo, mi corazón no bajaba las pulsaciones a un ritmo normal, y no ayudaba que Azarías me estuviese cargando.
Mis emociones estaban empeorando mi estado, así que respiraba profundo para intentar controlarme, mientras él me cargaba.
—Abajo — indicó él colocándome sobre mis pies, luego de un rato.
Abrí mis ojos para notar que nos encontrábamos en las gradas de la cancha. Esto no se encontraba tan lejos del jardín donde me habían rodeado, pero sin duda tuvo que caminar un buen trecho.
—Gracias —respondí sentándome y mirando alrededor.
Había pocas personas allí, a varios metros de distancia de nosotros y ni siquiera nos prestaron atención. El silencio de las seis de la tarde era perfecto en ese momento. Noté entonces que Azarías dejó mi bolso en el suelo, lo había tomado en algún momento antes de ayudarme a ponerme de pie.
Le vi abrir su bolso y sacar de allí una botella de agua, a la que le quitó la tapa.
—Ten, toma un poco — ofreció la botella.
—No es necesario que hagas…
—Tómala — insistió.
Su mirada demandante no me dejó escapatoria.
—Vale —respondí y agarré la botella, tomé un poco de agua.
Realmente ayudaba, luego le vi sentarse a mi lado, yo no podía mirarlo así que me concentré en mis pies.
—Esto… yo… gracias por todo, no tenías que ayudarme —estaba nerviosa y esperaba que no fuese notorio en mi voz.
—No agradezcas, fui un poco egoísta — el tono de su voz era increíble para mí, siempre que le escuchaba me encantaba, así que tenerle hablándome directamente se sentía irreal.
—¿Por qué fuiste egoísta?
—Porque lo hice por mí — le miré intrigada —, no soporté cómo te estaban tratando.
Su mirada parecía estarme examinando, y no sabía ya si mi corazón se sentía acelerado por eso, o por sus palabras, o porque aún no recuperaba el aliento.
—Supongo que las personas se sienten frustradas.
—Pero no está bien que quisieran pagarlo contigo. No eres tu padre, y una cosa es lo que nosotros podamos pensar, y otra es la decisión que él como juez tomó, no es como si fuera un loco ni tiene dos días ejerciendo, así no estaba bien que te trataran así.
Estaba asombrada.
—¿Tú… sabes quién es mi padre?
Él asintió, aún me sostenía la mirada.
—Creo que todos saben quién es —sonrió levemente.
Allí regresé la mirada a mis pies.
—Sí, bueno, siempre hay alguien anunciándolo.
—¿Ya te sientes mejor? ¿Tu corazón está bien? ¿Respiras mejor?
—Se está calmando — indiqué colocando una mano en el lado izquierdo de mi pecho —. Espera, ¿por qué preguntas por mi corazón?
Le miré de nuevo, su expresión fue como la de un niño al ser descubierto, luego volvió a colocarse serio y miró a la cancha.
—Es solo que te he visto ir a la sala de aeróbicos y sentarte allí con una mano en tu pecho como haces ahora.
Sentí mi rostro calentarse. ¡Él me había notado!
—Oh, sí, eso… fui al médico esta mañana para revisar varios exámenes que tuve que hacerme, y no es nada de qué preocuparse, solo son latidos supra ventriculares, se controlan con una pastilla que empezaré a tomar mañana. Pero a veces me hace sentir realmente mal, y uno de esos momentos fue ahora, justo cuando salí por un poco de aire, comenzaron a acorralarme y… bueno, ya pasó. Gracias de nuevo.
Él asintió.
—Está bien, no agradezcas, Bell.
De nuevo me sorprendí demasiado.
—También he escuchado que te llaman así, al fin y al cabo, siempre nos chocamos por allí.
Debió ser muy notoria mi expresión.
—Sí, es cierto —reí y asentí varias veces —. Lo siento por eso, pero de verdad que es pura casualidad, yo también me sorprendo a veces.
Él también rio un poco.
—No tienes que disculparte, son casualidades, lo sé.
—De cualquier manera, es un gusto conocerte correctamente, Azarías — extendí mi mano hacia él.
—El gusto es mío, Isobell — estrechó mi mano.
Mi corazón volvió a saltar, y una sensación se posó en mi pecho, era como un alivio y alegría, así como cuando habías estado buscando algo por mucho tiempo y al fin lo habías encontrado.
—Quizás ahora nos dejemos de tropezar tanto —bromeé luego de soltar su mano.
—Creo que seré egoísta de nuevo.
—¿Por qué?
—Porque no quiero que eso pase.
No supe qué responder inmediatamente, me quedé sin palabras solo procesando y repitiendo en mi cabeza lo que él había dicho, mientras observaba cada gesto que hacía, intentando descubrir si solo jugaba conmigo o era genuino.
—La verdad es que te noto con más facilidad ahora —dijo sin mirarme —, sería extraño dejar de verte de un día para otro.
—Qué curioso, yo creí que ya te fastidiaba mi existencia.
Yo no podía dejar de sonreír ahora, él rio de nuevo y eso me tenía fascinada, casi nunca sonreía y contadas veces lo había llegado a ver reírse.
—¿Cómo podría estar fastidiado cuando te acabo de conocer?
—No lo sé, porque normalmente casi chocamos — expuse con confianza —, pero en mi defensa, no es mi culpa que por mi estatura yo no entre en tu campo de visión.
—Repito, cuando casi chocamos es casualidad, porque no puedo evitar observarte.
De nuevo estaba sin palabras, sin aliento. ¿Era real eso? ¿Mi amor platónico estaba confesando que me observaba? Bien podría estar jugando conmigo, pero el punto es que Azarías siempre se veía tan serio y solitario que no daba la impresión de que fuese un jugador, aunque nunca se sabía.
—Yo… estoy en la misma situación — confesé armándome de valor.
Él sonrió suavemente, era completamente diferente hablar con él a solo verlo o escucharlo a lo lejos, y era mucho mejor a lo que pude haber imaginado, a pesar de la emoción, me sentía tranquila y en paz al hablar con él.
Mi teléfono comenzó a sonar en mi bolso así que rápidamente lo busqué, era mi papá.
—Hola, pa — contesté acelerada.
—Estoy llegando a la universidad, sal rápido para ir por tu mamá.
—Está bien, voy para allá — colgué y guardé el teléfono en mi bolsillo—. Ya debo irme, gracias de nuevo por ayudarme hoy.
Me coloqué de pie y él imitó mi acción.
—Te acompañaré a la entrada, así nadie se atreve a molestarte de nuevo —transmitía tanta seguridad y era tan fascinante lo que sucedía que no podía negarme.
—Está bien — respondí para empezar a caminar.
¿Era real eso? ¿Mi crush, mi amor imposible y platónico, me estaba acompañando a la puerta?
—¿Me prestas tu celular un momento? — preguntó luego de haber dejado atrás las gradas y la cancha.
—Claro — saqué el celular y se lo entregué.
Debía aprender a ocultar mi emoción.
Algunas personas prestaban atención a nosotros y otras ni nos miraban, pero yo me sentía en la cima del mundo en ese instante, lo cual era increíble porque minutos atrás, estaba literalmente en el suelo, siendo acorralada. Y no era como si me importara lo que otras personas dijeran, era que me había estado sintiendo mal y todas esas personas rodeándome me estaban asfixiando.
—Listo —me ofreció mi teléfono el cual tomé.
Al mirar la pantalla, pude observar el contacto guardado:
Ángel guardián
—Ya puedo ver que tienes cierta confianza en ti mismo — negué con la cabeza mientras guardaba el celular.
—Solo tienes que aceptarlo — se encogió de hombros.
—Eres peculiar — bromeé.
Llegamos a la puerta y como si estuviéramos sincronizados, el auto de mi padre se hizo visible.
—Allí está mi papá — anuncié —. De nuevo, muchas gracias por lo que hiciste por mí hoy, te debo una.
—No me debes nada y no lo agradezcas —respondió serio —. Solo cuídate, y no dejes de venir mañana, ¿está bien?
—Está bien — asentí —. Nos vemos, Aza.
—Nos vemos, Bell.
No pude apartar mi mirada de él, temía que fuese un sueño y que al día siguiente él no me conociese.
Le di una última sonrisa y caminé hasta el auto, abrí la puerta trasera y subí.
—Hola, pa — saludé.
Miré por la ventana, Azarías seguía de pie en la puerta mirando en mi dirección.
—Hola, hija — respondió arrancando el auto —. ¿Qué tal estuvo tu día?
—Todo normal e igual que siempre — no quise contarle del incidente —, ¿qué tal el tuyo?
Perdí de vista a Azarías, pero me seguía sintiendo tan enérgica.
—Mucho trabajo, no hay tiempo para nada — se notaba en su voz el cansancio —. ¿Quién era ese? No lo había visto contigo antes.
Un mensaje llegó a mi celular así que lo revisé.
Ángel guardián
Recuerda no hacerle caso a los comentarios de las personas, tú conoces a tu padre mejor que nadie. Solo llega bien a casa.
—Es un nuevo amigo — respondí a mi padre intentando ocultar una sonrisa.
Lo haré. Gracias por ser egoísta hoy.