Los días se desdibujaron en semanas, y las semanas, en meses. En el corazón de Serafín florecía una comprensión insólita de lo que significaba respirar sin la constante opresión del miedo. Ya no era la sombra temblorosa que se deslizaba por los pasillos. Ahora caminaba con una certeza silenciosa, observando el mundo que la rodeaba con una curiosidad que antes se había mantenido oculta bajo el terror. Parecía que el Pantera también había cambiado. Ella había notado el discreto movimiento de otras mujeres de la casa, sus pertenencias desapareciendo en las sombras de la noche. Finalmente, se atrevió a preguntar, la pregunta flotando en el aire espeso de la habitación como una mariposa nerviosa. —¿Dónde las llevan? Nikolai, que estaba apoyado en el marco de la ventana, observando el jardín b

