Había pasado más de una semana desde que habían llegado a Rusia. Serafín se había sumergido en sus lecciones con disciplina, sorprendiendo a todos por la rapidez con la que aprendía. Sin embargo, lo que más la motivaba no eran los profesores, sino la mirada orgullosa de Nikolai cada vez que superaba un reto. Aquella noche, después de la cena, descansaban en el salón privado del Pantera. La chimenea crepitaba con un fuego tenue, y en la pantalla del televisor antiguo aparecía la serie que ella había descubierto por casualidad: Mi Bella Genio. Serafín estaba fascinada con el programa; decía que le gustaba ver cómo alguien tan poderoso podía volverse vulnerable por amor. Nikolai, sentado en el sofá con ella, fumaba mientras la observaba sonreír con inocencia. No podía recordar la última vez

