LA REACCIÓN MARXISTA AL ESTADO LIBERAL

3701 Words
La soluciones que pueden darse a esta situación de crisis serían en esencia las siguientes: 1) La sociedad burguesa puede intentar mantener básicamente la separación entre el ámbito del poder político y el económico, conservando los principios de la democracia política y de la economía privada. Sin embargo, por la experiencia que Suministran las crisis cíclicas del capitalismo y la injusticia social que supone la economía privada liberal, es preciso hacer que el Estado intervenga controlando y limitando, de cierta manera, la actividad económica. Tales medidas tienden a procurar una mayor justicia social y se desarrollan como estrategias inherentes a la esencia misma del Estado social y a la modalidad particular que reviste el Welfare State. 2) Los principios de la democracia burguesa pueden, por métodos y razones diversas, extenderse a todas las clases sociales. En este supuesto puede producirse: a) Un modelo reformista que, sin a****r frontalmente el principio de la propiedad privada, se provea de un Estado intervencionista respecto del proceso económico, que actúe como agente reductor de las diferencias de clase. b) Un modelo revolucionario, que presupone la a*********n colectiva de los principales medios de producción, sustrayendo al poder decisorio privado todos los elementos que otorgaban el predominio a una clase sobre las demás. 3) Cuando surge el peligro de que, ante el deterioro de la sociedad burguesa, pueda darse el caso descrito en segundo lugar y no sea factible desarrollar un modelo estable de Estado social, cabe la posibilidad, como recurso extremo, de suprimir la democracia misma, esencialmente en aquellas áreas directamente relacionadas con los procesos de formación de la voluntad política. Tal alternativa consiste en centrar el principio rector del orden social en las relaciones jerárquicas de mando y obediencia. Esta solución, conocida como modelo autoritario fascista, se aplicará, cuando surge el peligro inminente de que el orden social basado en la propiedad privada se vea seriamente amenazada y cuando las clases privilegiadas, incluidas aquellas no directamente integradas en la elite dirigente, teman fundamentalmente perder su hegemonía política y sus privilegios sociales. Encuadrado en sus líneas generales el ámbito donde se localiza el origen del fenómeno global que estudiamos, parece razonable hacer un breve examen del desarrollo de log movimientos sociales que fueron dando realidad a lo que, en un principio, parecía una nueva utopía. Así pues, el planteamiento utópico liberal va a experimentar una serie de reacciones, que responderán a distintos planteamientos teóricos y que serán protagonizadas por distintas clases sociales, Encuadrado en sus líneas generales el ámbito donde se localiza el origen del fenómeno global que estudiamos, parece razonable hacer un breve examen del desarrollo de los movimientos sociales que fueron dando realidad a lo que, en un principio, parecía una nueva utopía. Así pues, el planteamiento utópico liberal va a experimentar una serle de reacciones, que responderán a distintos planteamientos teóricos y que serán protagonizadas por distintas clases sociales. 1) Una primera reacción será la postulada por el movimiento marxista, que tiene sus antecedentes en los planteamientos del socialismo utópico, y cuya primera realización efectiva se producirá tras la Revolución rusa de 1917. 2) Una segunda reacción, que partirá de determinados estratos de la propia burguesía, se producirá en el período de entreguerras, dando lugar al nacimiento de los sistemas autoritarios, cuyo final —con determinadas excepciones, como nuestro pais coincide con la Segunda Guerra Mundial. 3) Finalmente, la propia burguesía, ante la existencia de estos movimientos antisistema, y sin abandonar los planteamientos teóricos fundamentales del sistema liberal, protagonizará una profunda transformación de éste, alterando su contenido y significado, con la aceptación incluso de algunos de los principios formuLados por el marxismo. Esta evolución dentro del sistema dará lugar al Estado social de Derecho, que veremos en el capítulo posterior. B) LA REACCIÓN MARXISTA AL ESTADO LIBERAL Sin pretender realizar un estudio del contenido y significado histórico del marxismo, sí que parece conveniente poner de relieve sus planteamientos fundamentales a fin de conocer la alternativa que se presentaba a los postulados liberales. Hoy parece comúnmente aceptado que Marx y Engels dotan al socialismo de una base científica más o menos coherente, que tiene importantes antecedentes históricos, como son la filosofía dialéctica de Hegel, el materialismo de Feuerbach y la sociología de Proudhon. Ahora bien, el marxismo no es una simple doctrina económica, O política, ni tampoco un simple método científico. Es toda una filosofía, que trata de dar una explicación del hombre y del mundo. Es cierto que sus planteamientos pueden ser o no aceptados, especialmente tras el análisis de su praxis histórica con la desaparición de los llamados «países del Este». Es también cierto que no existe un único marxismo, sino que se pueden apreciar multitud de tendencias e interpretaciones, revisionistas o no. Pero lo que resulta indudable es que su planteamiento teórico no puede ser desconocido pues ha influido, positiva y negativamente, en la configuración del Estado constitucional de nuestros días. La base filosófica del marxismo, caracterizada por su materialismo, descansa en tres premisas fundamentales. Es un materialismo humanista, dialéctico e historicista. a) El marxismo no sólo tiene al hombre como centro de su análisis, sino que lo diviniza, intentando representar un nuevo Renacimiento frente a un pretendido ostracismo burgués, en algún modo semejante el ostracismo medieval. El ser humano, para el marxismo, imprime al mundo su significación, no porque sea un ser trascendente, sino porque se halla inmerso en la misma naturaleza, sujeto a los determinismos. El fin supremo del hombre es su liberación, encontrándose esclavizado por los determinismos físicos y sociales, pero su destino es ser libre, liberándose de ellos a través de un procedimiento científico. b) El marxismo se encuadra dentro de lo que pudiéramos denominar la «fílosofía histórica», la filosofía del devenir, que arranca de Heráclito y culmina en Hegel, oponiéndose a la filosofía lógica o filosofía del ser, que tiene sus orígenes en los planteamientos aristotélicos y escolásticos. Para Marx, la filosofía, al entender que ningún fenómeno puede ser considerado aislado, no sólo proporciona una explicación del mundo, sino que también determina su evolución. Hegel, con su planteamiento dialéctico, le proporcionará ese elemento dinámico que introducirá en el materialismo histórico de Feuerbach. Es decir, mientras que para Hegel la dialéctica está impulsada por fuerzas espirituales, para Marx lo será por fuerzas materiales, lo cual le ayudará a justificar su propia concepción revolucionaria. c) Finalmente, el marxismo entiende la Historia como una serie de fuerzas que luchan entre sí. Es decir, trata de aplicar las premisas y dialécticas al mundo social, señalando que la Historia no es una lucha por las ideas ni una lucha entre Individuos, sino que son los hechos de orden económico lo que pueden dar una explicación coherente a todas las relaciones sociales. Se configura así la Historia como una resultante de los diferentes modos de producción que han existido a lo largo de la misma, concepto éste, el de modo de producción, que se convierte en el centro de toda la concepción marxista. Desde estos planteamientos teóricos, el marxismo se va a convertir en una teoría crítica del Estado liberal. Por ello, en muchas ocasiones, más que elaborar una concepción propia, lo que hará es una crítica demoledora al Estado liberal burgués, tratando de poner de relieve sus contradicciones internas. Y lo mismo sucederá cuando se analicen otros temas clave, como pueda ser el propio concepto de nación, el de Derecho, el de Constitución, etc. La concepción marxista parte siempre de una crítica a los planteamientos del Estado liberal, crítica que no siempre concluye en la elaboración de una concepción propia y alternativa. En este sentido, hay que afirmar que Marx no elaboró una teoría del Estado. Su planteamiento arranca, como en otras cuestiones, de la concepción hegeliana del Estado como guardián del interés general de la sociedad. La elaboración de la teoría marxista del Estado, de admitirse su existencia, va a producirse a lo largo de todo un proceso histórico que llega casi hasta nuestros días. El concepto marxista de Estado exige una previa configuración del concepto de clase social, tema éste en el que el marxismo sí que cuenta con toda una concepción propia y elaborada. El Estado es el instrumento de dominación de una clase; es, como se indica en el propio Manifiesto, el «poder organizado de una clase con vistas a la opresión de otra». Á este respecto, y aunque ciertos autores marxistas, desde el propio Lenin hasta los planteamientos eurocomunistas, admiten la posibilidad de que excepcionalmente el Estado puede representar un equilibrio entre clases sociales, establecen la existencia de diferentes tipos de Estado, en función De los diversos modos de producción que históricamente han existido, Hay, así, un Estado esclavista, un Estado feudal, un Estado burgués y un Estado socialista, pues A cada sistema de producción corresponde un tipo de Estado. A su vez, dentro de cada tipo de Estado se puede apreciar la existencia de diferentes formas de Estado. Así, dentro del tipo de Estado esclavista, hay formas despóticas (Egipto, Persia), tiránicas (Grecia) o imperiales (Roma). Dentro del tipo de Estado feudal, coexisten formas centralizadas y descentralizadas. Y, dentro del Estado burgués, coexisten democracias liberales y regímenes autoritarios. El tránsito del Estado burgués al Estado socialista ha de producirse de una forma revolucionaria a través de la dictadura del proletariado, cuya finalidad es la liquidación del Estado burgués y su transformación en un Estado socialista. Ahora bien, la concepción marxista del Estado, al hacerla recaer sobre el propio concepto de clase social, tiene que conducir, inexorablemente, a la defensa de las tesis sobre la desaparición del Estado. En efecto, si el Estado es el instrumento de dominación de una clase sobre otra, cuando desaparezca el antagonismo entre las clases sociales, es decir, cuando se destruya la propiedad privada de los medios de producción, La existencia del Estado pierde su razón de ser. Sin embargo, este planteamiento teórico va a ser matizado por los autores marxistas en función de sus propias experiencias históricas a raíz de la Revolución Rusa, de tal forma que las tesis iniciales del fin del Estado quedarán a la postre, y aunque sin renunciar a ellas, reducidas a un puro planteamiento teórico. En efecto, ya el propio Lenin, en ese proceso de tránsito del Estado burgués al Estado comunista, distinguirá dos fases bien diferenciadas. Una primera fase, a la cual se llega mediante la dictadura del proletariado, viene determinada por la existencia de un Estado socialista, en la que se ha producido ya la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, pero en la cual el proletariado aún debe conservar el aparato coercitivo del Estado, pues todavía no se ha producido la abundancia de bienes y persisten capas o estratos procedentes de la antigua clase social burguesa. La segunda fase es la del Estado comunista, que se caracteriza por ser una sociedad de la abundancia, donde se paga no según el trabajo que se realiza, sino según las necesidades que se tienen, y una sociedad sin clases, constituida por una asociación libre e igual de todos los productores. El final lógico de este Estado comunista es la desaparición del Estado. Ahora bien, es el tránsito de una a otra fase, prescindiendo de aquellos planteamientos teóricos que hacen de la dictadura del proletariado un período temporalmente más extenso, es donde los planteamientos marxistas han tenido que ir acomodándose a la propia realidad de la evolución del Estado soviético. Así, junto a los planteamientos de Trotski y su tesis de la revolución permanente, o los postulados de Stalin sobre el socialismo en un solo país, se va a ir configurando toda una serie de planteamientos teóricos, a través de las tesis del Estado de todo el pueblo o el Estado de todo el pueblo trabajador (Jruschov, Breznev y el propio Gorbachov), que tratarán de justificar siempre la existencia del Estado, convirtiendo los primitivos planteamientos marxistas en puros recuerdos históricos, con olvido de aquellas palabras que pronunciara el propio Engels: «este poder nacido de la sociedad, que se coloca fuera de ella y cada vez le resulta más extraño, éste es el Estado». Anteriormente poníamos de relieve la existencia de una pluralidad de concepciones marxistas, incluso dentro de los propios planteamientos clásicos. A esta pluralidad hay que añadir todas aquellas que se derivan de las diferentes realizaciones históricas del marxismo (Unión Soviética, China, Tercer Mundo…), así como las procedentes de aquellos autores del mundo occidental (Althusser, Granisci…), que conducirán, en su versión más elaborada, a los planteamientos eurocomunistas de los partidos occidentales, fundamentalmente el italiano y el español, Hoy día, tras el fracaso de la experiencia comunista en la Unión Soviética y en las llamadas democracias «populares», y aun cuando continúan existiendo regimenes marxistas, lo cierto es que todo este planteamiento teórico pierde buena parte de su significado. Pero lo importante, con serlo, no es poner de relieve el fracaso histórico de la experiencia marxista, sino su significado en cuanto crítica del Estado liberal burgués, pues algunos de sus postulados teóricos, con independencia del fracaso de su realización práctica, van a ser asumidos, de forma negativa o positiva, por el Estado constitucional de nuestros días. O, dicho en otras palabras, el Estado social y democrático propugnado por nuestra Constitución, mal podría entenderse si no tuviese una visión histórica de la crítica marxista al Estado liberal, Así como de los planteamientos y concepciones por ella realizada. C) LA REACCIÓN AUTORITARIA AL SISTEMA LIBERAL El surgimiento de los regímenes autoritarios en el período de entreguerras debe ser considerado también como una respuesta histórica al Estado liberal, esta vez Realizada por ciertos sectores de la propia burguesía, a la cual no es ajeno el triunfo de la tesis marxista en la Revolución de Octubre. Ahora bien, su importancia es Mucho menor que la del marxismo. Y ello por razones tanto históricas como doctrinales. a) La existencia de regímenes autoritarios termina, en el mundo occidental, con el triunfo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Los textos constitucionales posteriores a 1945 reflejan claramente esta idea, debiendo considerarse como excepcional su prolongación en países como Portugal y España. Al propio tiempo, la extensión de los regímenes autoritarios a los países del Tercer Mundo, hoy en franco declive, responde a otras coordenadas muy diferentes a las del mundo occidental, pues en estos países, al menos en la mayoría de ellos, no existió una auténtica revolución liberal burguesa. b) Por otro lado, el planteamiento teórico que subyace a estos modelos autoritarios presenta una mayor pobreza intelectual que el aportado por el marxismo. En efecto, los regímenes autoritarios, que casi nunca se dan en una forma pura, pudiendo hablarse de tantos modelos autoritarios como realizaciones históricas han existido, no suponen, en puridad, un planteamiento antisistema frente al Estado liberal, sino que tratan de adaptar los contenidos y postulados de éste a los intereses de la clase social que representan. Así, el sistema autoritario parte de una concepción sustantiva del poder, que lo hace residir no en una clase social, como el liberalismo y el marxismo, sino en una elite, consecuencia lógica de la superioridad del individuo sobre la masa, y de los principios de personalidad, autoridad, ortodoxia y exclusividad que lo caracterizan. El sistema autoritario parte de una concepción pesimista del hombre, frente al Idealismo platónico del liberalismo y también del marxismo, que exige la necesidad de una autoridad en quien resida el poder político. Es decir, el principio de la legitimidad carismática del Hder (Fúhrer. Duce, Caudillo) se impone necesariamente. A este planteamiento contribuyen causas psicológicas, históricas y sociales que van a obligar a la burguesía, durante un cierto periodo de tiempo, a situarse en una posición defensiva frente al triunfo de los planteamientos marxistas y también frente a la impotencia del Estado liberal clásico por dar una solución a los problemas planteados. Desde este planteamiento teórico, los sistemas autoritarios no rechazarán de plano la organización del Estado liberal, sino que tratarán de adaptarla a las nuevas circunstancias. Por ello, no se puede hablar de la existencia de una teoría del Estado autoritario, sino simplemente de una versión autoritaria del Estado liberal, que se plasma en las siguientes características: a) La existencia de una ideología oficial, que tiene el carácter de dogma y que debe imponerse a todos de un modo intolerante. b) El fomento de la apatía política, consecuencia de la inferioridad de las masas sobre las elites, que conduce a una transformación del sentido de las elecciones, con una potenciación de los sistemas de cooptación y de los mecanismos plebiscitarios. c) La configuración de los derechos y libertades como una concesión por parte del Estado, que se reflejará en su escaso reconocimiento normativo y en la supeditación de las mismas a la interpretación que de ellas efectúe la elite política d*******e. d) La configuración del líder como titular del poder constituyente, como intérprete supremo de los intereses de la oligarquía d*******e, que se quieren hacer identificar con los propios intereses de la colectividad. e) La existencia de una organización, llámese o no partido, que obedece a ese principio de superioridad y de distanciamiento, y que actúa como auténtica correa de transmisión entre la elite gobernante y los gobernados. f) La configuración de un aparato policial al servicio de la ideología d*******e, cuya misión es la prohibición de cualquier tipo de discrepancia ideológica frente al dogma oficial. g) La organización del Estado de una forma jerárquica piramidal, en la cual el poder legislativo se convierte en un mero órgano consultivo y los tribunales se encuentran también al servicio de la ideología oficial. Hoy día, la existencia de esta respuesta autoritaria a la crisis del Estado liberal debe ser analizada dentro de sus propios planteamientos y dentro también de su significado histórico. La propia burguesía fue bien pronto consciente, aunque nuestro país no sea precisamente un ejemplo de ello, de la inviabilidad de estos planteamientos, renunciando a los mismos, aunque para ello fuese necesario la existencia de una guerra mundial, y adoptando otro tipo de soluciones más coherentes que cristalizaran, ante la imposibilidad de volver a los planteamientos clásicos del Estado liberal, en el Estado social de Derecho. EL ESTADO SOCIAL Y DEMOCRÁTICO DE DERECHO IL. INTRODUCCIÓN La idea de Estado social se caracteriza por ser una complejísima realidad, que emerge en el contexto de las fuerzas políticas como una forma de Estado con objetivos de redistribución e igualación, tiene una compleja construcción doctrinal, que está lejos de haber acabado. Incluso la misma terminología que se ha empleado para designar al Estado social a partir de los años cuarenta, a través de múltiples adjetivaciones, ha dado lugar a diversas interpretaciones, entre las que cabe destacar, como ejemplos ya clásicos, las de Wolfgang Abendroth y Ernest Forsthoff. Forsthoff reduce la característica social del estado de Derecho a la esfera de la Administración, y concibe a la Constitución (refiriéndose a la Ley Fundamental de Bonn) en su sentido técnico formal, es decir, como un instrumento jurídico de ordenación política. Confía en el carácter armonioso, y coherente del ordenamiento jurídico y de sus reglas hermenéuticas, además de sostener el carácter antitético del Estado de Derecho y del Estado social. Así, entiende la racionalidad atribuida al Estado de Derecho en términos estrictamente formales que impiden la apelación a Contenidos materiales.  Por su parte, Abendroth piensa el contenido de la fórmula Estado de Derecho Democrático y social como algo que no puede entenderse en ningún caso como mera calificación sin consecuencias jurídico-constitucionales, y que constituye un principio estructural donde se vinculan tres elementos intelectuales en una sola unidad que «[…] no son ya accesibles a una interpretación aisladora», como ha señalado Mell Landwerlin. Niega, por tanto, el carácter neutral del Estado, que le atribuyera Forsthoff, así como el carácter antitético del Estado de Derecho con el social; apela al carácter democrático del Estado social para dotarlo de un contenido Jurídico mínimo, y atribuye al reconocimiento constitucional de la fórmula de estatalidad social el reconocimiento paralelo del carácter injusto del orden social y económico vigente, en tanto que, desde su punto de vista, «[…] la racionalidad no es entendida en términos de racionalidad formal inherente a la formulación del Estado de Derecho; por el contrario, su pensamiento está en la línea de negar la racionalidad al ordenamiento socioeconómico, abogando por ello por una racionalidad de la totalidad social […]» (Landwerlin). El Estado social, fenómeno coincidente en todos los países en que se dan determinadas condiciones económicas, sociales y culturales, aparece como resultado del colapso del Estado burgués liberal decimonónico, para transformarse en un Ente programático al que cabría atribuir una serie de competencias manifiestamente superior a las que ejercía su predecesor (García Cotarelo). Es también el resultado de un proceso histórico, en el que se produce la coexistencia de los fenómenos recíprocos y extraños de socialización del Estado y de estatalización de la sociedad, en cuyo marco emerge la nueva esfera pública. El Estado y la sociedad han dejado de ser sistemas autónomos autorregulados y se han transformado en dos sistemas fuertemente vinculados a través de relaciones complejas, con factores reguladores que están fuera de los respectivos sistemas, lo que implica que el sistema estatal y el sistema social tengan que ser considerados como parte de un metasistema; esto es, desde la perspectiva de un sistema más amplio en el que cada uno de los términos, sirve a finalidades complementarias y posee cualidades y principios estructurales igualmente complementarios (García Cotarelo). Esta nueva esfera pública, señala Montoro Romero, ha supuesto una básica reasignación de las funciones políticas que otrora pertenecieran a la esfera pública antigua, produciéndose una fundamental modificación estructural de las relaciones existentes entre la esfera pública y la esfera privada. Tenemos, pues, «([…] una nueva esfera social emergente, repolitizada, que ha resuelto las tradicionales diferencias entre lo público y lo privado, por lo que el concepto de legitimidad debe ser reorientado […]». De esta manera el Estado social, como estructura moderna del Estado, ha operado una serie de transformaciones y cambios en la sociedad, difíciles de suprimir. El problema de reconciliar libertad-igualdad-democracia y crecimiento económico en las formas capitalistas modernas ha tenido, durante veinticinco años, una nueva formulación, que a muchos ha parecido superior a las formulaciones anteriores, y sus desarrollos futuros no podrán prescindir de esta experiencia histórica (Picó).
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