Kigyó se subió al tren, si debía encontrar humanos dignos de dar su cuerpo a su maestro debía moverse entre los humanos, detrás de él el muchacho caminaba torpemente. Su nuevo amo le había dado una túnica para vestirse y nada más, se sentía terriblemente avergonzado pues la túnica era una especie de vestido sin forma y bastante holgado, no llevaba ropa interior y tampoco zapatos, se podía decir que estaba caminando casi desnudo por el mundo. Dentro del tren Kigyó entregó una moneda de plata al muchacho y lo envió al vagón comedor con las instrucciones de que comprara suficiente comida. El muchacho regresó y vio a su amo sentado con los ojos cerrados en su compartimiento privado, se quedó quieto dudando sobre que hacer con la comida cuando la voz molesta del brujo le ordenó colocar todo

