La carta bajo las aguas de Arghol

760 Words
El suave murmullo del jardín se apagó cuando una sombra se proyectó sobre el cristal del techo. Las flores, que hasta hacía un instante danzaban con la brisa, parecieron inclinarse con respeto. Neahm levantó la vista y sonrió. —Parece que mamá decidió unirse a nosotros. Las tres chicas miraron hacia la entrada. Entre las enredaderas y la neblina dorada que filtraba el sol, apareció Fairud Bolek. Su silueta imponía y fascinaba al mismo tiempo. El largo vestido n***o se deslizaba sobre el suelo como una ola oscura, y cada paso que daba hacía que el aire vibrara con un leve resplandor dorado. —Veo que han encontrado el único rincón amable de mi reino —comentó con una sonrisa apenas perceptible. Su voz era profunda, pero tenía la dulzura de una melodía antigua—. Es el lugar donde las flores escuchan los secretos del viento… y los repiten solo si las tratas con respeto. Mia se puso de pie, aún sin saber si debía inclinarse o no ante ella, pero Fairud alzó una mano con gesto gentil. —No, pequeña princesa. Hoy no hay formalidades. Hoy quiero hablarte de tu destino… y de tu viaje a Arghol. El nombre resonó en el aire como un eco de otro tiempo. Yali tragó saliva, Neahm bajó la mirada. Mia, en cambio, sintió una mezcla de emoción y temor. —El mar que conduce a Arghol no es un lugar cualquiera —continuó la reina banshee mientras caminaba entre ellas, acariciando las flores con la punta de los dedos—. Sus aguas están vivas. Protegen secretos antiguos. Y quienes las cruzan deben saber lo que realmente buscan… o las olas los devoran sin remordimiento. Neahm sacó un pergamino enrollado y lo extendió sobre la mesa de cristal. Era un mapa enorme, trazado con tinta plateada que parecía moverse como un río bajo la luz. —Mira —dijo mientras señalaba con el dedo— estamos aquí, en el corazón del Espiral. Arghol queda del otro lado del reino, más allá del Mar Magico y del Mar Thalmohr. El camino por tierra sería una locura, pero si usamos las aguas mágicas del reino, podemos llegar en una semana… si el tiempo está de nuestro lado. Mia observó el mapa fascinada. Las líneas se curvaban y giraban como si tuvieran vida, mostrando montañas que se alzaban y tormentas que nacían y morían en cuestión de segundos. —Entonces… partiremos pronto —dijo con una mezcla de emoción y nerviosismo. Fairud asintió despacio, sus ojos brillando como brasas bajo la sombra del jardín. —Sí. Pero antes, hay algo que debes recibir. Después del desayuno, ven a verme. Hay una carta que tu madre me dejó el día que partió… y creo que ha llegado el momento de que la leas. El corazón de Mia dio un vuelco. Trató de mantener la calma, de ocultar la emoción que la inundaba, pero su respiración la delató. —La leeré con honor —murmuró. Fairud la observó por un instante más, como si intentara ver algo invisible dentro de ella, y luego se dio media vuelta. El silencio que dejó Fairud pareció pesar más que el aire mismo. Las flores, antes vibrantes, se inclinaron como si entendieran la magnitud de lo que acababa de ocurrir. Mia permaneció inmóvil unos segundos, mirando el punto por donde la banshee se había desvanecido. Sus manos temblaban, aunque intentó esconderlo bajo la mesa. Sentía un nudo en el pecho, una mezcla de anhelo, miedo y esperanza. Saber que su madre había dejado algo para ella… algo tan íntimo como una carta, la desarmaba por dentro. Neahm fue la primera en moverse. Rodeó la mesa y, sin decir palabra, colocó una mano sobre el hombro de Mia. Luego Yali se unió, posando la suya encima. Ninguna habló. Ninguna lo necesitó. Aquel simple gesto bastó para que Mia soltara el aire que llevaba contenido. Las tres se miraron, y por un instante el mundo pareció detenerse. Eran distintas, nacidas de linajes que jamás debieron cruzarse, pero en ese momento compartían una misma certeza: el destino de una, tocaría a las tres. Mia apretó las manos de sus amigas y sonrió con suavidad, aunque sus ojos aún brillaban con una emoción que no podía ocultar. —Será un buen día —dijo al fin, tratando de convencer más a su corazón que a ellas. Yali rió apenas, y Neahm asintió con ternura. El sol atravesó el cristal, bañando a las tres con una luz cálida. El viaje estaba a punto de comenzar.
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