Capítulo 04: El padre de mi novio (Parte 1).

2770 Words
Abril. Estoy completamente segura que muchas personas me criticarían al saber sobre ésto, y aunque nadie más que yo y ese hombre lo sabemos. No me arrepiento de absolutamente nada, y de todos modos no me hubiera echado para atrás jamás ya que al final de todo terminé con mi novio. Y continué viéndome a escondidas con… Él. Y no hablaba de mi ex novio. Si no de su padre, mi querido ex suegro, con quien mantengo una relación secreta de solo sexo. Es por eso que debo comenzar con el inicio de todo eso, y cómo me volví la folla-amiga de un hombre maduro. Empezaré hablando del padre de mi ex novio, quien era un hombre guapísimo. Incluso, no lo veía bien hasta ahora, pero lo era más que su propio y joven hijo. El Sr. Peterson era un hombre de cincuenta años, que no aparentaba tener. Tenía un pelo largo y barba alargada con canas. Pero para la edad que tenía se conservaba bastante bien, puesto que solía ir al gimnasio y por eso estaba en muy buena forma. A diferencia de mi ex novio, quien a decir verdad era un fideo. Y algo que le sumaba atractivo al Sr. Peterson era lo esbelto que era, yo no era una cría, puesto que en esos tiempos tenía veinte años. Pero aún así le llegaba al Sr. Peterson hasta el abdomen, y creo que eso me calentaba muy en el fondo, ya que desde siempre fui de la altura de su hijo. Y él era un enorme hombre maduro. No me había dado cuenta de todo lo que sentía por el padre de mi ex novio, cuando un día hace un par de años atrás, estaba durmiendo en casa de él. Me había quedado con mi novio como siempre lo hacía, viendo películas en Netflix y estando acurrucada en sus brazos. Sin embargo, esa noche él se quedó dormido a mitad de la película, estaba cansadisimo porque había llegado exhausto del trabajo, así que no duro mucho para que cayera rendido sobre la cama. Y a diferencia de él, yo no lograba pegar el sueño, y la película me estaba aburriendo. Con el control de la televisión estuve cambiando de película en Netflix, sin saber qué ver que me pudiera hacer dormir, y así lo hice hasta que de pronto escuché unos sonidos extraños provenientes del dormitorio de al lado. Me quedé abrumada al escuchar aquello, y creo que parpadeé un par de veces para tratar de digerir lo que estaba oyendo, y cuando lo hice me dí cuenta de que realmente mis suegros estaban follando, porque sus gemidos se estaban escuchando. Miré a mi novio en ese momento, y noté que ellos no estaban gimiendo tan fuerte porque él no se despertó. Pero yo todavía podía escucharlos claramente, hasta que al cabo de un rato cesaron. Supongo, que mi suegra acabó, o ambos lo hicieron, pero esos gemidos ya no se oyeron. Eso me hizo sentir un poco más cómoda, porque pude levantarme de la cama sin despertar a mi novio, y salir al baño que estaba en el pasillo para hacer del uno. En ese instante me dí cuenta de que la puerta del baño estaba entreabierta, y que alguien estaba dentro de este porque las luces estaban encendidas y pude visualizar claramente al Sr. Peterson dentro. No le vi con claridad, pero estaba segura de que era él, y por extraño que sonara. Mirando a mi alrededor por si alguien salí de sus dormitorios, quise espiarlo y ver qué estaba haciendo. No sabía por qué lo llegué a hacer, pero simplemente me acerqué a la puerta entreabierta con sigilo. Y entonces cuando miré discretamente por la abertura de la puerta, me quedé paralizada al ver como mi suegro se encontraba de lado completamente desnudo, lavándose las manos en el lavamos. La respiración se me aceleró en ese momento, y creo que estuve a punto de jadear al ver como su polla flácida estaba colgando, y se movía de un lado a otro por el más mínimo movimiento que él hacía… Porque eso era enorme. Me quedé embobada mirándolo con un sentimiento que jamás había tenido hacia él, y no pude dejar de mirar lo grueso que era su cuerpo. Sus hombros eran anchos, y su abdomen bien marcado. Además estaba sorprendida por lo levantado que estaba su trasero, y lo musculosa que se veía su ancha espalda. El Sr. Peterson era un hombre demasiado peludo, pero eso no hacía que dejase de ser la envidia del vecindario. Sus pechos estaban hinchados de músculos, y sus piernas también. Guau. Tragué saliva, y sin darme cuenta comencé a sentir cosas extrañas al ver la larga polla de mi suegro, sintiendo como mi rostro palideció cuando de pronto el Sr. Peterson se volvió hacia la puerta y nuestras miradas casi se encontraron. Estuve a punto de soltar un chillido, pero como las luces del pasillo estaban apagadas tuve la oportunidad de salir corriendo devuelta al dormitorio de mi novio, rogándole a Dios que mi suegro no me hubiera encontrando mirándole en bolas. Durante toda la noche estuve pensando en sí me había llegado a ver, y estaba muy asustada de que sí lo hubiera hecho. Pero como no dijo nada pensé que no me había visto en medio de la oscuridad. Al día siguiente pase el día entero en casa de mi novio, y aunque se me hizo un poco incómodo por tener que volver a ver a mi suegro después de que le hubiera visto la polla anoche. Tuve que fingir que no había visto nada, dándome cuenta de que él no me llegó a ver mirándole. Porque me trató como siempre, y no me acusó de haber irrumpido en su privacidad. Por eso estuve más tranquila, hasta que mi novio se fue a trabajar y llegó el momento de que yo regresara a mi casa. Primero fui a despedirme de mi suegra, que estaba haciendo unas galletas en la cocina, y después fui al garaje donde mi suegro estaba rebuscando algo en su caja de herramientas. Creo que iba arreglar una tubería que se había roto en el baño, y por eso entré rápidamente a garaje, y le hice una seña con la mano, diciéndole que ya me iba. El Sr. Peterson despegó la mirada de sus herramientas, y se volvió hacia mí con esa mirada tan profunda que tenía, observándome de pies a cabeza con una sonrisa que casi me estremeció. - Que tengan bonito día- sonreí nerviosamente, en el marco de la puerta, y sentí como mi corazón se me desbocaba cuando el padre de mi novio, rodó los ojos y abrió sus fuertes brazos contestándome: - ¿Te vas sin darle un abrazo de despedida a tu suegro? Me sentí estúpida entonces, porque normalmente siempre lo hacía. Pero esta vez era extraño porque le había completamente desnudo, sin embargo tuve que fingir como sí nada y me acerqué para corresponder a sus brazos abiertos. Abracé su grueso torso, y me sentí demasiado pequeña y desprotegida, rodeándolo con mis delgados brazos. Hasta que él me correspondió y me abrazó fuerte, y entonces sentí como bajó su cara hacia mi oreja y me susurró de repente: - Te he visto abrumada durante todo el día, Abril… ¿Entonces no sabías que la mía era más grande que la de mi hijo? Me quedé paralizada al escuchar aquello, y creo que hasta dejé de respirar, pero aún así me aparté de él con el rostro pálido, soltando: - ¿De qué e-está hablando, Sr. Peterson? En ese momento nuestras miradas se encontraron, y pude ver una oscuridad en ellos, misma que me dejó paralizada en sus encantos. El Sr. Peterson no dejó de sonreír con picardía, y entonces cuando se relamió el labio inferior me habló roncamente: - La próxima vez que quieras verme la polla ve con cuidado, Abril, porque al igual que te vi yo te pudo haber visto mi mujer o mi hijo. Me sentí demasiado avergonzada, y desvié mis ojos de los suyos, sintiendo como el calor subía a mis mejillas. La boca se me secó, y antes de que él pudiera decirme algo más yo solo asentí en sumisión, y me fui rápidamente de ahí con la cabeza agachada en vergüenza. Después de eso estuve un tiempo que no me atreví a ir a casa de mi novio. Yo siempre había sido muy abierta y en alguna ocasión había tenido alguna charla de sexo con mi suegro. Pero aquella situación era demasiado vergonzosa para mí, y no sabía con qué cara miraría al Sr. Peterson. Pasaron dos semanas en las que no aparecí por allí para nada. Pero tuve que volver después de un tiempo, porque sino mi novio iba a sospechar que algo raro pasaba. Cuando volví no me atrevía ni a mirar a la cara a mi suegro, quien se le notaba demasiado calmado. Algunas veces podía cacharlo mirándome con una sonrisita, y por eso apartaba la mirada enseguida con un rubor y le prestaba atención a mi novio. Sin embargo, aunque más trataba de evitar hablar con el Sr. Peterson, al final tuvimos un momento a solas y estuvimos hablando sentados en el sofá. Empecé con mucha vergüenza trabandome al hablar, pero conforme fue avanzando la conversación me fui soltando un poco más. Nos encontrábamos en la sala de estar sentados en el sofá. Mi novio había salido rápido con su madre a hacer unas cosas en el centro comercial, y me había pedido que me quedase porque su padre necesitaba ayuda con amontonar unas cajas en el garaje, ya que siempre yo terminaba ofreciéndome para todo. Pero en esta ocasión maldije a mi novio, y traté de comportarme con naturalidad cuando me quedé a solas con el Sr. Peterson, amontonamos las cajas y tomamos un vaso de limonada en la cocina mientras que estábamos solos. Después nos fuimos a la sala de estar y nos sentamos a esperar a que su mujer y su hijo llegasen, mientras que matábamos el tiempo charlando. Y aunque, estaba muriendo de la vergüenza, luego todo fue más relajado, hasta que el Sr. Peterson se atrevió a sacar el tema, y entonces lo hablamos un poco, pero menos tensos que antes, incluso él había echo bromas al respecto. Mi suegro me decía que era una espía, y me pinchaba el brazo con esa sonrisa malditamente encantadora que tenía. Mientras que yo le decía que estaba siendo cruel por recordármelo, y que había sido un accidente, y así estuvimos hasta que él ronroneó con ojos oscuros: - Vamos, admite que te ha gustado lo que viste. Entonces pensé que me moría, y que un fuerte calor ascendía a través de mi garganta hasta mis mejillas. - ¡Sr. Peterson!- exclamé, sonrojandome. - ¿Qué pasa? Vamos, Abril, estás en confianza con tu suegro- él señaló roncamente, y pasó uno de sus brazos detrás de mi cabeza, acercándose a mi cuerpo de manera juguetona-. Venga reconoce que querías verme la polla Me mordí el labio, y jugueteé un poco con mis dedos, sintiéndome todavía más nerviosa cuando cerré los ojos y susurré: - Lo admito… Yo… Tenía curiosidad- dije con la cabeza agachada, sintiendo como mi cuerpo se calentaba un poco debido íbamos hablando de lo que vi. Después él me confesó que alguna vez también nos había escuchado follando a su hijo y a mí. Y agregó que su hijo me aguantaba muy poco. Entonces me dio una caricia por el pelo y me abrazó un poco diciéndome: - Ay pobrecita, lo que tienes que aguantar con un crío que acaba pronto, y no te deja realmente satisfecha como lo mereces… En ese momento sentí como el aire se me iba, y que me había quedado embobada mirándole a los ojos con los labios entreabiertos. - ¿O acaso me estoy equivocando?- él levantó ambas cejas con malicia en sus ojos, y yo desvié la mirada con un rubor expandiéndose en todo mi rostro, tartamudeando con dificultad: - No… No puedo hablar de eso con usted. - Estaría mal- él me interrumpió de manera sarcástica, apretándose un poco más a mí y comentándome-: Escucha Abril, conmigo no tienes que fingir que mi hijo es un mala cama… Conmigo no tendrás que fingir un orgasmo nunca más. Entonces sentí como todo ese calor en mi rostro se apoderaba de mi cuerpo, y cómo tuve que cruzarme de piernas al sentir un cosquilleo terrible en el coño que me provocó un jadeo. - ¿Sucede algo?- el Sr. Peterson me preguntó, mirándome con sus penetrantes ojos de manera oscura. - T-Todo esta… Bien- tartamudeé, estúpidamente. - ¿Segura Abril?- ronroneó-, porque no le diré a mi hijo lo mala que es, y que no es capaz de complacer a su propia novia. - Apuesto a que su esposa no tiene que pasar por eso...- dejé escapar de mis labios sin darme cuenta, y él sonrió con mayor fascinación-. He escuchado a su mujer… Gemir, y ahora estoy bastante segura de por qué lo hace… Porque tienes una b-buena polla- susurré ese fin de frase, y ahogué un gemido cuando entonces mi suegro me sujetó del mentón y me obligó a mirarlo. Estábamos demasiado cerca, nuestras respiraciones se entremezclaban. El deseo estaba en nuestras miradas encendidas de lujuria, y el silencio que había en toda la casa podría romperse con un cuchillo. - ¿Todavía te acuerdas de ella…?- ronroneó, sonriendo de una manera maliciosa y estremecedora. - Yo… Yo… Poco lo hago- admití, relamiendome el labio-, creo que su imagen se está volviendo borrosa cada vez. - ¿Quieres volver a verla?- me preguntó de golpe, y yo me sentí ahogada en ese momento de calor. - ¿Que si quiero qué?- tartamudeé, incrédula. - Si quieres vérmela- él repitió en un tono extremadamente ronco, y le vi en ese instante apretarse el paquete por encima del pantalón-. No soy hombre de hacerme rogar, tú solo pídemelo y yo lo hago. - Está bien- asentí como si fueran mis últimas palabras, quedándome petrificada ante la mirada carnal de mi suegro-, quiero volver a verla… El Sr. Peterson pareció complacido ante mi respuesta, pues se comenzó a desabrochar los pantalones y se los bajó hasta las rodillas. Tomó con cuidado la goma de su bóxer, en donde estaba atrapado un enorme bulto y, tirando de ella, liberó lo que escondía allí dentro, sorprendiéndome. - ¿La recordabas así?- dijo, y mis ojos se quedaron fijos en ese falo tan grande que me había impactado la otra noche y que pese a que la de mi novio no estaba tan mal, efectivamente era mucho más grande que la de su hijo. Estaba dura, era gorda, de piel morena, surcada por algunas venas. Tenía el c*****o cubierto por el pellejo. Mediría unos veinte centímetros y en su base, aún tapada por el calzoncillo, parecía crecer una buena cantidad de vello púbico castaño, largo y lacio. La boca se me hizo agua. - T-Tu polla es enorme...- tartamudeé, anonadada. - ¿Te gusta?- preguntó. - S-Sí, claro...- me relamí, pues mi boca parecía haber comenzado a salivar instantáneamente. - ¿Quieres verme los huevos?- volvió a preguntarme. «Está mal. Está mal. Está malditamente mal, Abril», escuché a esa voz de mi cabeza, pero ya estaba sintiendo como me dejaba llevar por el calor del momento desde que dejé escapar de mis labios: - Por supuesto que sí...- asentí. - ¿Cómo crees que son?- continuó con sus preguntas cargadas de picardía. - No lo sé- dudé-. Peludos, me imagino. - Sí, tengo unos cojones bastante peludos- asintió el Sr. Peterson. - ¿Y gordos? - Mira- dijo mi suegro para resolver mi duda, y tiró más hacia debajo de su bóxer, sacando dos buenas bolas de carne cubiertas de muchísimos largos y despeinados pelos castaños. - Son muy gordas- susurré. - Sí, eso creo yo- declaró él, rodeando el tronco de su troncho y pelándoselo para liberar el c*****o rojizo que comenzó a emerger de aquel grueso pellejo. Al hacerlo, un sabroso aroma a polla pareció inundar el cuarto, y creo que los labios me temblaron un poco-. Te noto un poco extraña- él ronroneó, y sin vergüenza alguna comenzó a tirar de su v***a hacia arriba y hacia abajo, añadiendo-: ¿A caso te gustaría ayudarme a bajar esta hinchazón? - ¿De qué está hablando…?- titubeé, y él se pajeó con un ritmo un poco más rápido, diciéndome: - Que si quieres chuparle la polla a tu suegro.
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