CAPÍTULO XXVII Al día siguiente, la oficina completa de Selene estaba llena de hermosos ramos de flores, eran tantos que Selene mandó a repartirlos por todas las oficinas. —Sí que está loco —se quejó Selene—. ¿Qué cree que está haciendo?, marcando territorio — reprochó. —Parece que va en serio con usted —opinó Dolores—. Tiene fama de no tomar en serio a las mujeres. —No lo creo. Solo está haciendo alarde de su poder y excentricidades. Que no te engañe su atractivo rostro, Dolores. —Dolores sonrió antes las ocurrencias de Selene. —Puedes traer unos cafés y pedir el almuerzo. Te necesito aquí conmigo hoy —le informó a su secretaria. Selene se refugió en el trabajo para olvidarse, aunque sea por unos instantes, del caos que era su vida últimamente. De pronto un alboroto rompió con la

