CAPÍTULO XVIII Una vez que Oliver dejó la oficina de Selene, Dolores entró. —¿Está bien, señorita? Le he traído un té por si le hacía falta — colocó el té sobre el escritorio de la joven. —Gracias, Dolores, eres muy amable. — Jamás había visto al señor Aidán tan enojado, él siempre es tan tranquilo y reservado, tan correcto —estaba claramente sorprendida por lo que había pasado. —Todos tenemos un lado oscuro, Dolores. Oye, por cierto, ¿quién es la mujer que lo llamó? La he visto varias veces con él. Dolores hizo un mohín. —Es la señorita Eva O’Brian, la novia del señor Aidán —informó. —¿Novia?, ¿Aidán tiene novia?— Selene reaccionó sorprendida —vaya, nunca pensé que alguien como él tuviera el don para conquistar a una mujer, es extraño, digo siendo tan serio y amargado —señaló Selene

