—¿Qué hermana? —La voz de Regina tembló con incredulidad, sintiendo cómo una sombra oscura se cernía sobre su mundo. El hombre, que había sido liberado minutos atrás, exhaló pesadamente y tomó asiento frente a ella. Sus ojos, cargados de recuerdos enterrados, la atravesaron con una intensidad que le puso la piel de gallina. —Soy Héctor Baltimore —dijo con voz grave—. Mi padrino me adoptó cuando era niño… Él y tu madre, Regina, fueron amantes. Regina sintió un nudo formarse en su garganta. Bajó la mirada, sus manos temblaban sobre su regazo. —Lo sé… —murmuró, sintiendo una punzada de amargura en su pecho—. Mi madre fue infiel. Me abandonó a mí y a mi padre para irse con su amante. Héctor negó con la cabeza, su expresión endurecida. —No… Eso es mentira. Regina sintió que el aire aba

