UN MES DESPUÉS

1018 Words
Habían pasado ya cuatro semanas desde que me discutí con mi madre en la plaza. Nunca habíamos tardado tanto en estar distanciadas pero está vez incluso la veía diferente, me hablaba solo para lo básico y con una expresión que nunca le había visto. No era enojo era más como decepción y dolor. Yo no sé que pasaba por su cabeza si la ofendida debería ser yo. Creo que mi gran orgullo lo heredé de ella o quizá le había provocado una transformación pues no cedía ni un poco para hablar conmigo. Recuerdo que un día quise poner a prueba su actitud y enojo al hacerle una plática tonta sobre la comida del refrigerador. -Creo que ese guisado de antier ya no sirve. -Le dije al abrir la puerta y ver el tóper ahí. Mi madre estaba justo de espaldas de mi cortando un poco de verdura que utilizaría para cocinar. Yo saqué el guisado y quité la tapa con la intención de mostrárselo pero no funcionó ella ni siquiera me hizo caso. -¿Má? -Fuí mucho más allá a lo que estaba acostumbrada por mi actitud berrinchuda y malcriada al darle una nueva oportunidad de hablar al sentirme ignorada. -Te estoy diciendo si esto sirve ¿O no? -Si no te gusta no te lo comas. -Me dijo sin voltear a verme y con un tono tan seco que me partió en dos. Al inicio sentí mucho coraje pues no tenía porque hablarme así y porque mi prueba había fracasado. Madre no tenía la intención de hablarme y seguía igual de enojada que desde aquel día. No tuve más remedio que seguir culpando a mi padrastro por esto pero está vez no sería tan sencillo, me encargaría de mostrarle mi desprecio completamente hasta dejarle en claro lo infeliz que era por su culpa. Si yo iba a optar por está actitud tenía que olvidar definitivamente lo que sentía por él, así que pude ver el lado positivo de las cosas en ese momento. Corrí a encerrarme a mi cuarto como lo había estado haciendo durante todos los fines de semana anteriores. Estaba tan alejada del mundo, ni siquiera mi celular me conectaba con el exterior, lo único que hacía era rechazar las invitaciones a salir por parte de quien todavía era mi novio y de mis amigas. Todos me reclamaron por mi reciente cambio y no me dí el tiempo para explicarles la situación, sabía que no entenderían y gran parte de eso era que no podía hablar con franqueza. Así que decidí mantener mi elección de separarme del mundo y solo centrarme en mi habitación. Nunca le había puesto tanta atención al desorden que una chica de mi edad podía ocasionar en un espacio tan pequeño. La ropa que tenía en exceso era el principal elemento de este desorden. Cajas, zapatos, accesorios, fotos, entre otras muchas cosas eran los demás elementos del desorden que estaban tirados principalmente por el clóset. Pude notar también lo apática que se veía la habitación. La pintura que un día me pareció bonita ya no lo era, era un tono morado o al menos al inicio eso era, con los años se había transformado en un tipo de rosa un poco obscuro en más paredes donde más le daba el sol, en la otras se veía más morado pero muy sucio, ¡Que deprimente! No me había dado cuenta pero eso también reflejaba mi interior creo que el tener una habitación asi de revuelta y sin cuidar hablaba de como me sentía yo por dentro realmente. No lo pensé más, no quería que esa situación me siguiera afectando así que decidí empezar por el cambio. Me levanté de un salto y me dirigí al clóset para comenzar con mi ropa, la saqué toda me probé la que no había usado desde mucho tiempo antes, la nueva, los cambios en fin, fue toda una misión hacerlo. Abrumada por la gran cantidad que había decidí separarla en la que me gustaba a primera vista y en la que ya no consideraría necesaria, hice dos montones, el primero lo puse en mi cama y el segundo en el suelo. Después me paré enfrente de mis paredes intentado idear un modo de que se vieran mejor, lo primero que hice fue quitar un póster de un grupo que ya no existía pero bueno los chicos estaban guapos así que por eso lo había dejado ahí. Observé la diferencia de colores y era claro que necesitaba pintura nueva pero ¿A quién le decía? Mi madre no me hablaba para nada y a mi padrastro no quería ni hablarle y aunque quisiera seguramente mi madre mi había manipulado para que no me diera dinero ni nadamas. Con esa actitud que traía mi madre no dudo que hasta impedirle que me hablara le haya ordenado. Estaba perdida, estancada y aburrida. Con ese llegué a la conclusión que no vida necesitaba un cambio muy importante. ¿Hasta cuándo podría ser la chica que dependiera de los demás? Claro estaba que eso no me disgustaba, adoraba mi vida actual, el hecho de estudiar, salir y que ellos me dieran todo lo que pedía pero ahora me daba cuenta que era a un costo muy elevado, así que tenía que hacer algo para tener mi propio dinero y conseguir mi independencia. Intentarlo no estaría mal además si fracasaba era seguro que me apoyarían nuevamente, contaba con eso. La pregunta ahora era ¿Cómo conseguir mi propio dinero? Mis opciones eran buscar un trabajo de medio tiempo, un trabajo virtual o uno de fines de semana, si todo radicaba en conseguir trabajo. Con el tiempo y acostada las peores ideas vinieron a mi cabeza, la primera de ellas fue conseguir a alguien que me diera dinero a cambio de amor. A mí madre le había funcionado, se consiguió a mi padrastro que le daba todo, tenía una amiga que andaba con un señor mucho más grande que le daba dinero pero esa opción si la pensaba demasiado, no era muy agradable pensar en besar o algo más a uno mayor.
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