40. Simón me miraba sin poder creer lo que había hecho, mientras en mi mano apretaba con todas mis fuerzas mi maldito celular viejo de mi padre. —Voy con vos —me dijo poniéndose de pie y comenzando a guardar sus cosas. El profe de mate se giró y vio lo que hacía. —Siéntese —le ordenó el maldito dictador con su tono autoritario. Simón me miraba sin saber qué hacer. —Quédate —le dije—. Vos no hiciste nada para que te envíen a dirección —y me levanté de una sabiendo que el maldito profe me usaría de ejemplo para mis compañeros, la había cagado y mucho. De todas formas no iba a mostrarme arrepentido porque no lo estaba. ¿Qué derecho tenía él de sacarme el celular? No éramos unos pibitos de diez años a los que podía manejar a su antojo. Tomé mi mochila y guardé mis libros y todo lo que te

