Capítulo 4

2088 Words
Fueron solo unos minutos, pero a mí me parecieron horas en las que mi corazón palpitaba tan potente que hacía que mis piernas estuviesen a punto de colapsar en cualquier momento, literalmente estaba temblando de los pies a la cabeza y el hueco en el estómago cada vez me dolía más. Me quedé con la boca abierta cuando lo vi entrar ¡Era él, el maldito dios que había visto en el antro bebiendo de una botella con agua! No lo podía creer, en ese momento mi corazón y mi vulva comenzaron a palpitar en sincronía, pero ya no de miedo, sino de la calentura para que me cogiera por donde él quisiera. Era sin duda el hombre más guapo que hubiera visto en mi vida, parecía modelo, o artista de cine, alto, de cabello n***o, corto pero se veía un poco rizado, y a pesar de usar un traje que se veía hecho a la medida se notaba que tenía un cuerpazo, llevaba gafas oscuras, por lo que no pude ver sus ojos, pero su tez blanca resaltaba unos labios delgados, pero bien definidos y una nariz perfecta. Quise dar un paso para acercarme y saludar, mi miedo se había convertido en deseo, pero él ni siquiera me miró. — Fiera ¿Hiciste lo que te pedí? — dijo con una voz fuerte y autoritaria, que me hizo sentir un poco de temor, como si estuviera enojado. — Sí señor, todo se ha hecho de acuerdo a sus instrucciones, como siempre. — Patrón, ya tenemos listo su encarguito ¿qué quiere que hagamos con él? — dijo uno de los guarros que llegó corriendo desde el jardín. Hizo una mueca que se asemejó a una sonrisa, se quitó el saco y la corbata y se los dio a la fiera y comenzó a doblarse las mangas de la camisa. — Nada, de eso me quiero encargar personalmente, se dio la vuelta y salió, los hombres lo siguieron como perros a su amo y yo me quedé ahí parada como tonta, sin saber qué hacer. — ¡Vamos a la sala! — dijo la fiera con voz tajante — Para el patrón, los negocios son primero, las putas siempre las deja para después, así que te vas a tener que esperar hasta que él decida cuando verte. Me llevó a una sala, que más bien parecía un salón, era muy grande con muebles finos, los sillones eran de color marfil y solo había dos sillones de color marrón que resaltaban a la vista, no podían faltar los cuadros en las paredes y los adornos que se veían finos, pero sobre todo, caros. — ¡Aquí te quedas y más te vale que no te muevas! — Me ordenó la Fiera — De cualquier manera, si sales de esta casa, no vas a llegar más allá del jardín, los guardias tienen orden de disparar, así que tú sabes a qué te arriesgas. Yo bajé la cabeza, para ese momento ya no pensaba en escapar, definitivamente me quería coger al patrón al menos una vez antes de que me dejaran salir de ahí. Los guarros tenían razón cuando me dijeron que iba a salir ganando, el puto del Zorro no le llegaba ni a los talones a este hombre, solo de pensar en él mi florecita ya estaba cubierta de néctar, aguardando a que me aguijonara las veces que quiera. Mi estómago me recordó que tenía hambre, parecía que mis tripas estaban luchando por comerse entre ellas, no sabía qué hora era, pero se veía que pronto iba a oscurecer y yo tontamente no había desayunado casi nada, esperaba que el negocio del patrón, no tardara mucho, porque estaba a punto de desmayarme de hambre. Estaba sola, así que recorrí toda la sala, observando cada una de las obras de arte, yo no sabía nada de eso, pero se veía muy bonito todo y supongo que eso era lo importante, caminé hasta el ventanal, giré la manija y para mi sorpresa estaba abierto, salí al balcón y respiré aire fresco, era un lugar maravilloso, el jardín era inmenso, se prolongaba hacia el frente y al final se veía otra construcción, parecía como una bodega, o una casa más pequeña, pero no se veía bien porque había muchos árboles y follaje. Me acordé de mi madre, ya a esas horas seguramente estaba preocupada por mí, regularmente cuando salía a bailar, llegaba por la mañana o a más tardar a mediodía, pero ya era de noche y yo no llegaba, iba a pensar que me había pasado algo malo, y pues, aun cuando me moría por cogerme al patrón, no sabía si iba a volver a mi casa… viva. Comenzó a dolerme la cabeza por el hambre, ya estaba muy oscuro afuera y hacía mucho frío, así que cerré la ventana y me recosté en el sillón. Seguro que me quedé dormida, porque cuando abrí los ojos estaba todo tan oscuro que por un momento no recordé donde estaba. Escuché voces afuera, tal vez el patrón ya había regresado, me senté y acomodé mi cabello y alisé el vestido que se había arrugado, a tientas encontré un apagador y encendí la luz, solo alcancé a escuchar que el helicóptero se iba y la fiera entró a ordenarme que volviera a la habitación, cuando llegamos la sirvienta estaba dejando una bandeja con la cena. — Por hoy te vas a quedar con las ganas putita, los negocios, son los negocios — dijo la fiera en tono burlón y las dos salieron volviéndome a encerrar con llave. Abrí la bandeja de la comida, me moría de hambre, era una costilla de cerdo en una salsa como BBQ, con puré de papa y espárragos salteados, no había pan, ni tortillas, pero al menos iba a llevar algo a mi estómago. Cené y me lavé la boca, me puse una bata y me acosté a dormir, no sabía cuánto tiempo iba durar esa situación, pero suponía que después de coger dos o tres veces, me iba a dejar ir, pero por lo visto no sabía cuándo iba a pasar eso. Me estaba quedando dormida cuando el ruido de la puerta me despertó, era la Fiera con la enfermera, pero esta vez vino también un médico con ellas, supuse que tal vez algo había salido mal con mis estudios y que necesitaba atención, pero me equivoqué. El médico llevaba todo lo necesario para colocarme un implante anticonceptivo, fue un procedimiento rápido y no me dolió, el doctor me explicó que era muy seguro, que mis análisis habían salido bien y que estaba sana, que no tenía de qué preocuparme, luego salieron y me volvieron a encerrar. Con todo lo que pasaba me parecía increíble el poder y el dinero que debía tener el patrón, era muy tarde, supuse que pasaba de media noche, como para que un médico fuera hasta allí a colocarme el implante. Me volví a acostar, pero ya no pude conciliar el sueño, tenía tantas preguntas en mi cabeza, ¿era posible que le hubiera gustado tanto como para secuestrarme y hacer todo eso solo para coger conmigo? Tal como habían dicho los guarros, seguramente tenía cientos de mujeres queriendo meterse en su cama, pero él me había escogido a mí, no sabía si sentirme halagada o molesta por el método que usó, si se me hubiera acercado en el antro, sin dudarlo ni tantito me hubiera ido con él dejando al Zorro, porque no había ni punto de comparación, este si era un hombre y no un pendejo que lo único que tenia de malo era el rostro. Me cansé de revolverme en la cama, ya me dolía la espalda y no lograba dormirme, en algunos momentos pensaba en mi madre, mi padre seguramente ni cuenta se había dado que no había llegado, pero mi progenitora me quería y se preocupaba por mí, aun cuando yo le rezongaba por todo y nunca hacía caso a sus consejos. Me levanté y fui al baño, me dieron ganas de orinar, salí y encendí el televisor, busqué una película necesitando que algo que se me hiciera aburrido para tratar de que me diera sueño nuevamente, siempre me gustaron las películas románticas y cursis, sobre todo en mi época de la secundaria, soñaba en ser la cenicienta y encontrar un día a mi príncipe azul, pero conforme fui creciendo me di cuenta que para mujeres como yo, esos cuentos de hadas, eran solo eso, cuentos de hadas, pura ficción. Vivía en el barrio de la lagunilla, conocido por sus mercados y su tianguis, pero también por ser uno de los barrios populares más peligrosos, ya que fácilmente te asaltan si te ven con varo. Terminé el bachillerato y comencé a trabajar en la tienda de abarrotes, el estudio no se hizo pa mí, prefería salirme de clases e irme a las micheladas con la Julia y sus cuates. La única oportunidad que vi para salir del barrio era aprovechar mi juventud y belleza para juntarme una lanita y largarme a un mejor lugar, o tarde o temprano iba a terminar siendo una prostituta de la zona rosa, o casándome con un borracho bueno para nada como mi papá. Así que estar aquí podía ser mi peor pesadilla o mi mejor sueño, yo tenía que hacer lo que estuviera en mis manos, para que fuera lo segundo. No le estaba poniendo atención a la película, logró su cometido de aburrirme, tenía sueño, la noche todavía estaba muy oscura, me acosté y estaba quedándome dormida cuando el ruido del helicóptero se escuchó, el patrón había regresado, cuando apagué el televisor vi que pasaban de las tres de la mañana, pronto iba a amanecer y quizás querría verme para el desayuno. Me desperté al escuchar que se abría la puerta de la habitación, supuse que era la fiera que venía a ordenarme que ya me despertara, pero me quedé cerrando los ojos para que no me deslumbrara la luz cuando abriera las cortinas. De pronto, sentí como alguien se sentaba en la cama, el olor a perfume de hombre llenó mis pulmones, mi corazón comenzó a latir con fuerza, abrí los ojos y la silueta masculina en la oscuridad me puso muy nerviosa, pero al mismo tiempo, expectante porque había llegado el momento. Levanté la mirada despacio, el hombre tenía solo una rodilla sobre la cama, recorrí su cuerpo hasta llegar a su rostro, la oscuridad no me dejaba verlo bien pero era él, envuelto en una bata de seda, no había ninguna duda, me miraba fijamente, como si me estuviera examinando. Me incorporé y lo miré a los ojos, tragué saliva porque no sabía qué hacer ni qué decir. — ¡Arrodíllate! — Me ordenó y yo lo obedecí de inmediato, mordí mi labio inferior, y mi concha palpitaba deseando que me tomara en ese momento — Se abrió la bata y a pesar de la oscuridad pude ver que me ofrecía su m*****o. Yo no era experta haciendo mamadas, la verdad es que mi experiencia s****l no era la mejor, dudé un poco en acercarme, pero él me tomó de los cabellos y me la metió hasta la garganta. Comencé a chupar y a lamer, tratando de imitar todos los movimientos que había visto en una película para adultos, llevé mis manos temblorosas y lo tomé de los huevos, maldita sea, eso estaba demasiado bueno, su sabor no era igual al que había probado antes y entre más chupaba, más crecía, lo escuché gemir cuando comencé a succionar presionando las bolsas testiculares, él hizo una cola de caballo con mi cabello y comenzó a mover sus caderas, controlando mis movimientos sujetando fuerte mi cabeza. — ¡Aaahgg! — Gimió cuando explotó llenándome la boca con su leche, me tragué todo, hasta la última gota, mi concha temblaba de deseo y tenía las bragas empapadas deseando que en ese momento me la metiera, pero lo único que hizo, fue limpiarme la comisura de los labios con su dedo pulgar. Se cerró la bata y salió de la habitación, no me dijo absolutamente nada, se fue y me dejó tan caliente que lo único que pude hacer fue abrir mis piernas y meter mi mano entre las bragas, estaba tan mojada y caliente, que necesitaba descargarme, acaricié mi pepa y metí dos de mis dedos en mi cavidad, mientras presionaba mi botón con el pulgar, me corrí recordando esa gran v***a dentro de mi boca, pero yo necesitaba más.
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