Girándola rápidamente, Sinclair la empujó contra la pared, su mano rodeándole el cuello con firmeza, sin apretarla. Ella lo miró a los ojos, sintiendo su calor y dejando que el suyo se ablandara, intentando convencerlo de que volvía a ser el ratón. Sintió que se acercaba, sujetándola con su cuerpo. Su boca descendió sobre la suya, besándola profunda y apasionadamente, dejándola sin aliento. —No me engañas, gatita —canturreó, contradiciendo su estado de ánimo. La besó de nuevo, sus manos le quitaron la camisa antes de llegar a sus pechos, sus dedos encontraron y pellizcaron los sensibles nódulos, oyéndola jadear en su beso. Los retorció entonces, y su gemido de respuesta lo hizo sonreír. Sus manos recorrieron sus costados y su trasero, atrayéndola hacia él y frotando sus caderas contra las

