Cap 3Estoy dando vueltas por la casa. Paso junto a la cesta de la fruta. Le doy un mordisco a una manzana pero me doy cuenta de que no tengo ganas de comerla. La tiro a la basura y la cubro con los restos de la cena. Giulia podría encontrarla y pegarle con la solfa de los países pobres. Me acerco a la librería. Doblo la cabeza por un lado y veo los títulos. Tomo un texto al azar, paso unas líneas. Suspiro y vuelvo al dormitorio. Giulia se ha dormido. El aire le roza los labios y se dispersa en el vacío de la habitación. Me acuesto a su lado, cruzo las manos detrás de la cabeza. En el techo, en la esquina con la pared, noto manchas. Hubo un tiempo en que las encontré bohemias. Iba de la mano con la decadencia. Ya no. Tal vez estoy hervido y ni siquiera me di cuenta. Como la rana de Noam Chomsky. Es el trabajo que nos doblega, que nos somete a lógicas estériles de supervivencia. Durante años he buscado en la literatura mundial un rasgo filosófico que desalentara su práctica, pero inútilmente. Es decir, que ha fracasado el proyecto de una rebelión simplemente. Por consiguiente, escribo. Esto es lo que hago. Sigo a la negra por una cabeza nuclear local. Sassari es una ciudad somnolienta pero de vez en cuando saca algo interesante: violaciones, robos, degollamientos. No hay que quejarse. En los recortes de tiempo me expreso en otros frentes. Invento historias. Relatos eróticos que se desenvuelven en el contexto de un escenario de terror. No es que sea un tipo de gran toma sobre el público, pero incluso Poe ha roto ciertos esquemas típicos de la época. Giulia dice que es algo para gente enferma. Dice que es lamentable que dé a luz en lugares tan delirantes. No sé qué le pasa. Está claro que es mi zona de sombra la que emerge, mi lado oscuro. El fruto de Caín germinado en el encanto de un jardín zen. Hay personas que pasan su existencia construyendo un modelo de vida irreprochable, que se prodigan para que nadie, ni siquiera el Creador, pueda hacer una sola nota a su conducta. Personas sencillas, encuadradas, que van a la iglesia los domingos a rezar a su dios para que los mantenga en el camino correcto. Entonces, una mañana se levantan de la cama y el mecanismo se atasca. Un clank resuena en las paredes del cerebro y todo se va a la mierda. Es el lobo. El lobo que encuentra una luz en el fondo de la cueva y abre las fauces entumecidas. Así que agarran el martillo y matan a su esposa e hijos. Como si nada. Ofician el más cruel de los delitos, un coacervo de valentía y desprecio. Así que se van a dormir. Sin remordimientos, sin dolor, con aún las salpicaduras de sangre seca salpicando su cara. No creo que vaya a hacer algo así, hacer daño a alguien, quiero decir, ciertos impulsos sé que los tengo. Son parte de mi naturaleza. Es una válvula de escape, la escritura, el esfínter de donde sangro la podredumbre que tengo dentro.
Leí Shakespeare en mi juventud. Todavía tengo en mente la advertencia de Hamlet que en la tumba de Ofelia advierte a Laerte: "Quita tus dedos de mi garganta, porque aunque yo no me he precipitado, llevo conmigo algo tan peligroso que tu prudencia debería temerle". Eso es lo que quiero decir. Esa cosa que está ahí que duerme, y cuya sola presencia debería infundir en los demás temores. Alguien ha dicho que en el arco de una existencia cada hombre afronta un puñado de segundos de auténtica locura, una porción de tiempo en la que podría realizar un gesto atroz: un asesinato, un s******o, una matanza. En ese momento hay que estar preparados de reflejos, no dejarse llevar. El lobo es astuto. Y no hace descuentos.
Enciendo un cigarrillo. Miro a Giulia mientras el olor del tabaco quemado se propaga por la habitación. Es hermosa. De una belleza que no sacude sino que entra en ti como un perfume delicado. Últimamente las cosas no van bien. Antes era diferente. Éramos diferentes. Pensábamos que podíamos dar pasos. Como tener un hijo. Un ser humano que recorriera el mundo con nuestros propios pies y manos. Un corte de ojos para desbordar con el tiempo el ridículo espacio concedido por la vida. Pero al final no se había hecho nada. Podríamos tener un perro. Algún día. Nada seguro.