POV ALEXANDRA
-Amiga, te juro que no creo lo que me dices – Vanessa está sorprendida de lo que sucedió entre Jorse y Valeria.
- Pues créelo, es la verdad – Concluyo el tema, no quiero que se vuelva costumbre.
- Ella no me cayó bien, pero como también era tu amiga, no quería verme como una amiga celosa y posesiva – Me habla como si de algún secreto se tratara, la miro fijamente y noto su timidez, tal vez tenga miedo de mi reacción.
- No me molesta que me cuentes eso, no siempre voy a escuchar lo que espero o quiero y, eso, no está mal – Le digo tranquila.
- Lo siento, amiga. Me ha pasado que, por dar mi punto de vista, las personas se ofenden y reaccionan muy mal – Pobre, quien sabe con qué animales ha tratado.
- No soy el caso, he lidiado con mi papá toda mi vida, no es agradable, cuando opinas algo que no le gusta o le molesta, te grita, te insulta y si le da la gana, te pega y no se siente bonito, por eso no lo hago – Le sonrío con los labios cerrados y ella hace lo mismo.
- Ya pronto terminaran las clases, ¿Qué harás en vacaciones? – Apoya su cabeza en mi hombro, estamos sentadas en la tarima donde se realizan los actos cívicos, actividades y presentaciones. Me quedo pensando en su pregunta y un tour por mi casa se me pasa por la mente - ¡Ale! – Me llama.
- Ah… No sé, estaba visualizándome en un tour – Levanta su cabeza para enderezarse y mirarme fijamente – Por mi casa – Trato de aguantar la risa y ella me mira recriminante - ¿Qué? – Encojo mis hombros y sonrío tratando no soltar una carcajada, pero el solo volver a mirarla nos hace reír juntas.
- Mi papá nos llevará a San Andrés, deberías venir con nosotros, si te dejan – Por fuera me mantengo neutra, pero por dentro hay una nota mental, “Ni loca”, yo evito a toda costa estar a solas con su padre y estando de viaje con ellos, no me quiero ni imaginar.
- No creo que me dejen amiga – Trato de zafar a mi amiga.
- Pero, ¿Sí mi papá habla con el tuyo? – Niego con mi cabeza por instinto - ¿No quieres ir? – Niego nuevamente.
- Prefiero quedarme, me gustaría seguir entrenando – Miro mis manos, las entrelazo incomoda.
- Mmm… - Dice cantarín y burlona – Entiendo – se queda pensativa. Cierro los ojos y cuento mentalmente, uno, dos, tres… - ¿Es por Andres? – Me río alto - ¡LO SABIA!
- ¿Qué? – Pregunto seria.
- Que tú y él tenían algo – Me habla segura.
- No, no tenemos nada – Me mira con los ojos entrecerrados – No te miento, no somos nada, solo amigos, AMIGOS – Aclaro.
- Si tú lo dices, será creerte – Aprieta su boca, tiene gestos de señora mayor.
- Sí señorita, si llego a tener algo con él, te lo contaré – Le aseguro y eso parece dejarla más tranquila.
- Eso espero Alexandra porque dejas de ser mi amiga automáticamente – Sonríe mientras me lo dice.
- Me quedaría sin amigas totalmente – Me hago la pensativa - ¡Bueno! – Me encojo de hombros y sonrío…
- ¡Tonta! – Me abraza.
- No me hagas esas bromas – Termino diciendo, ese día hablamos muchísimo, tuvimos tres horas libres y mientras mis otras compañeras estaban ocupadas, haciendo desorden, Vanessa y yo hablábamos de nuestras vidas y las decisiones que tomaríamos en ella.
El tiempo pasó volando y la finalización del año escolar llegó, solo nos queda uno más y hemos terminado la secundaria, listas para una carrera universitaria y a trabajar, si es que logramos conseguir un trabajo.
//
-Ya estás más tiempo libre, ¿Puedes ayudarme con los oficios de la casa? – Mi mamá acaba de llegar y ya está echando lora, que pereza.
- ¡Buenas!, se dicen – Contesto antipática, me fastidia que hable.
- Te recuerdo, quien manda aquí soy yo – Me desafía con la mirada.
- Te equivocas, mi papá es el que manda – Me coloco mis sandalias y salgo en busca de aire, puedo hacer lo que me pide y no tengo problema con ello, pero es su tono de voz, la manera en que me quiere mandar, me molesta.
Me siento en el parque y coloco mis auriculares para subir todo el volumen, reflexiono sobre lo que acaba de suceder en mi casa, me siento tan mal, no debí hablarle así a mi mamá. Dejaré a que se me pase la molestia e iré a realizar algunos quehaceres para aliviarla un poco, la entiendo, debe estar cansada.
-Te he visto sufriendo tan solita y triste… Sé que vives sintiendo que un amor perdiste, te regalo un beso y mil razones, para amarte tanto, prometo así secar tu llanto… - Víctor se sienta a mi lado y aplaudo por su excelente afinación.
- ¿Qué hay de nuevo, viejo? – Le pregunto con tono del personaje de caricatura que a él le fascina.
- Muy bien – Se ríe – Me dejó de gustar hace cinco años – Se queja de mi broma.
- Porque te molestamos desde entonces – Recalco y niega con su cabeza.
- ¿Qué haces aquí? – Me pregunta y quita los auriculares.
- Acabo de discutir con mamá, pero no fue su culpa. Ando muy agresiva últimamente, exploto con facilidad, cuando terminan me siento frustrada – Suspiro profundo.
- No te preocupes, también me he sentido así, es normal – Abre las manos y me muestra nuestro alrededor – Vivimos en un país tercermundista – río de eso.
- No creo que eso tenga mucha responsabilidad en ello – Apago la música de mi teléfono, me interesa el tema.
- ¿Cuál crees que sea la causa? – Por esa razón apague la música, ya empezó el debate.
- El problema radica en nosotros mismos, debemos aprender a trabajar más en nuestra personalidad – Concluyo y él asiente con su cabeza, pero, en realidad, está pensando en su contra ataque.
- No voy a discutir eso contigo – Me dice – A ver, ¿Qué pasó con tu mamá? – Me cambia el tema, sus ojos se posan en mí, analizándome, suspiro profundo.
- Me pidió que la ayudara con los quehaceres de la casa y yo le contesté con groserías – Hago una pequeña conclusión de lo que pasó.
- Ya veo… - Se queda pensativo – Deberías ir a terapia – Me mira serio.
- Deberías ser psicólogo – Se ríe.
- Gracias por descubrir mi vocación – Me habla en tono burlón.
- Lo hago con mucho gusto, amigo – Doy palmaditas en su hombro y regreso a casa. Mi mamá está doblando la ropa, me voy al baño y veo que está preparado para lavarlo y me coloco los guantes y ubico lo que necesito, empiezo a lavarlo con dedicación y termino pronto. Coloco las cosas en su sitio y voy a mi cuarto para organizarlo un poco, aquí hay un camarote y una cama de un cuerpo, ninguna está organizada, lo hago.
Recojo los zapatos regados y los coloco en el canasto donde siempre van, sacudo un poco y por ultimo barro para sacar el polvo, dejo todo bien organizado y me voy a la cocina para lavar los platos, mi mamá continúa arreglando una ropa y cuando regresa ya estoy terminando en la cocina.
- ¿Qué vas a cocinar? – Le pregunto.
- Voy a comprar apenas, cuando termines ahí puedes irte a entrenar, ¿Vanessa está entrenando contigo?
- No, ella está de viaje, pero hay más compañeros allá – Le digo animada, saber que voy a entrenar me sube el ánimo, creo que encontré algo que me apasiona. Mi mamá asiente y se va a comprar lo de la comida, yo termino de lavar los platos y me voy a cambiar, mi papá me compró unos patines nuevos con todo su equipaje y hoy lo voy a estrenar, eso me tiene emocionada.
Salgo de casa y me dirijo al patinodromo, hoy trabajaré resistencia, al ser sedentaria es lo primero que debo hacer, pero cuando llegó, veo que vine un poco temprano, aún no hay nadie y decido sentarme a esperar en las gradas, pero se me ocurre empezar a calentar y así, cuando el entrenador llegue, ya yo he adelantado.
Acomodo mis cosas y bajo a realizar una caminata y al mismo tiempo, realizo ejercicios para la movilidad articular, una vez termino, comienzo a trotar suave y como llevo mis auriculares puestos, me concentro. De repente, siento a alguien conmigo y al levantar la mirada es Andres, trota conmigo, me sonríe y retiro mis audífonos.
- ¿Cuánto llevas aquí? – Pregunto agitada, por el ejercicio que estoy haciendo.
- No mucho, de hecho, me notaste en el mismo momento que me coloqué junto a ti – Me guiñe un ojo y le sonrío. Miro mi reloj y ya llevo el tiempo que necesitaba trotar, bajo el ritmo y me dirijo a las gradas para hidratarme, el entrenador ya está con otros compañeros.
- ¿Qué tal el calentamiento? – Me pregunta con bastante actitud, algo que lo caracteriza es su buena vibra, Mauricio es moreno, alto y corpulento, sus risos lo hacen ser llamativo, sus ojos son café claro y siempre tiene una bella sonrisa en su rostro.
- Fueron 30 minutos trotando – Tomo aire, empiezo a sentirme ahogada y lo que debo hacer, es tratar de volver a la calma y que baje mi frecuencia cardiaca.
- Súper bien, has avanzado mucho. Yo pienso que hoy ya podemos empezar con los circuitos, ¡Colócate los patines! Hoy empiezas – Se da la vuelta e inmediatamente voy a colocarme mi equipo de práctica, quería empezar con este entrenamiento desde el primer día, pero no lograba mantener mi resistencia.
- ¡Estoy lista! – Me acerco al grupo y Mauricio me da mis indicaciones, cumplo todo lo que me dice al pie de la letra, al finalizar la jornada me siento exhausta.
- ¿Cansada? – Andrés se me acerca y me mira coqueto, lo detallo un poco y el color de sus ojos si es grisoso.
- Estaba dudando entre si tenías los ojos grises o era solo el reflejo del sol – Guardo el termo del agua en el bolsillo de mi morral.
- ¿Y?, ¿De qué color son? – Sonríe y se me desordena todo por dentro, atenta contra la poca estabilidad que tengo.
- Son grises – Hace una sonrisa de lechuza.
- Que detallista, me gustan las chicas observadoras – Acaricia mi mejilla y se da la vuelta.
- Me voy – Anuncio a Mauricio.
- Bien, nos vemos el miércoles sin falta, ya vamos a empezar a trabajar con fuerza – Asiento a lo que dice y camino hacia la salida, escucho a alguien correr detrás de mí.
- ¡Alexa! – Freno en seco y volteo de inmediato, comparando la estatura de él, es demasiado alto.
- ¿Cuánto mides? – Pregunto con mi cabeza hacia arriba.
- uno ochenta y tres o cuatro, no recuerdo, si estaba en ochenta y tres, ya debería estar en ochenta y cuatro – Se encoje de hombros, tiene la mirada en el horizonte y su nariz grade es fileña, las facciones de su cara son finas y delgadas, en comparación con las mías, son muchísimo más delicadas.
- YA – Me doy la vuelta y sigo caminando, su mano tira de mi brazo y me hace voltear rápido - ¿Pasa algo? – Pregunto extrañada, me sonríe, ¡Dios mío!, no hagas eso.
- Quiero invitarte a salir – Sonrío involuntariamente.
- ¿A mí? – Me extraño.
- Sí, digo, en plan de amigos, no. Nada malo – Me vuelve a sonreír y el paraíso que estaba dibujando en mi cabeza se desvanece.
- Sí, claro. ¿Qué día? – Pregunto de una.
- No lo sé, ¿Cuándo estás libre? – Me pregunta atento.
- Cualquier día, estoy de vacaciones en el colegio y regreso hasta comienzos del otro – Le digo descomplicada, no tengo problemas con el día, siempre y cuando no se cruce con los entrenamientos y no creo que él quiera descuidar su entrenamiento.
- ¿El sábado? – Me pregunta dudoso.
- ¿A qué horas? – Vuelvo a preguntar, necesito saber para pedir permiso.
- ¿Puedes a las 6 pm? – Asiento a lo que me pregunta, sonríe.
- ¿A dónde? – Suelta otra risa de lechuza.
- Haces muchas preguntas, chiquitica – Me gusta su apodo.
- Perdón, vivo con mis papás aún y debo brindar explicación – Se coloca serio y afirma con su cabeza.
- Me parece perfecto, pero no creo que debas decirle a donde vamos – Sonríe con malicia.
- ¿Cómo así? – Me espanto un poco, espero estar malinterpretando.
- No, no es nada malo, solo que tenía pensado llevarte a jugar billar, ¿Sabes cómo hacerlo? – Sonríe de lado, yo niego con mi cabeza – Bien, te llevaré a uno, no estará tan lleno para que no tengas que preocuparte por los borrachos.
- Soy menor de edad, ¿Hay problema con eso? – Quiero descartar todas esas posibilidades.
- No, es de un tío y por eso te digo que estará vacío – Me sorprende lo que dice, pero voy a creerle. Me acompaña a tomar el bus y se porta muy atento conmigo, pero debo evitar hacerme falsas esperanzas, ya él fue muy claro y me dijo que solo se acerca en plan de amigos.
//
-NO ME HAS PODIDO VER, YO NO ESTABA CON NADIE – Los gritos se escuchan a media cuadra, alguno que otro vecino esta asomado en la ventana o terraza, camino más rápido porque está sucediendo otra vez.
- ¡SI, PORQUE ME VISTE Y SALISTE CORRIENDO! – Mi papá le reclama con seguridad, niego con mi cabeza, estoy muy cansada de esto.
- ¿CÓMO VOY A SALIR CORRIENDO?, VISTE QUE ME BAJÉ DEL BUS, TU ESTABAS AHÍ – Me froto el rostro con algo de fuerza y camino en dirección de mi cuarto. Mi mamá se va detrás de mí.
- ¿Cómo te fue? – Volteo con algo de molestia, no quiero que me dirija la palabra.
- Quiero estar sola – Contesto sin pensarlo, mi mamá se retira con rabia y hoy no será un buen día para pedir permiso y salir un rato con mi amor platónico.
Me doy una ducha y me visto con ropa para dormir, busco mi huida rápida y el sueño llega pronto porque ya estoy muy cansada del entrenamiento de hoy.
//
- ¿Estás bien? – Robert me ayuda a colocarme de pie y tomo su mano con cuidado.
- Sí, solo no sé, perdí el equilibrio – Me frustro conmigo misma por la manera tan tonta en que me caí.
- Solo debes tener más cuidado, esta parte de la pista es algo inestable y traicionera – Me río de lo que me dijo a lo último.
- Dale, muchas gracias – Le sonrío y vuelvo a la pista a realizar el circuito, pero vuelvo a caer, molesta por mi ineptitud, regreso a las gradas y me siento con rabia, dejo el piso y el equipo de protección a un lado para quitarme los patines.
- Tranquila, todos pasamos por eso, ¡Ven! – Andres me extiende una mano, trato de tomarla, pero la reirá, lo que realmente quiere es que le entregue mi equipo de protección, hago lo que dice y me lo coloca con mucho cuidado. Una vez lista, me lleva de la mano por la pista, me explica el ejercicio y con él a mi lado siento que puedo hacer cualquier cosa.
- ¡Gracias! – Digo al pasar nuevamente por la parte del circuito que se me dificultaba.
- ¿Por qué? – Pregunta extrañado.
- Por ayudarme – Sencillo las cosas.
- No fue nada, todos lo que estamos aquí, nos tenemos para ayudarnos, si no puedes esta vez, nosotros lo haremos contigo – Me dice convencido y no lo dudo - ¿Siempre irás conmigo el sábado? – Me pregunta para confirmar y asiento - ¿Ya pediste permiso? – Me pregunta sorprendido y niego.
- No, aún no, pero si voy a ir, ya verás – Asiente.
- Eso espero – Sonríe y luego se va para seguir en su circuito, el entrenamiento de los más antiguos es mucho más intenso.
- ¿Son algo? – Pregunta Robert a mis espaldas.
- No, solo amigos – Tomo impulso para pasar los obstáculos con agilidad.
- Pensé que estaban saliendo – Sonrío simpática.
- ¿Por qué pensaste eso? – Mi pregunta suena a que no me interesa, pero pregunto para fingir interés. Justo con el toque necesario.
- Es que andan muy juntos, por eso supuse de que estaban saliendo o tenían algo, pero si tú me cuentas de que solo son amigos, no hay problema – Me guiñe un ojo y me quedo estática, tal vez son ideas mías.
- No son ideas tuyas si te lo estas preguntando – Volteo a verlo sonriente.
- Deja de estar viniendo a molestar, ves a concentrarte en tu entrenamiento, no quiero que me terminen regañando por culpa tuya – Tomo impulso y vuelvo a realizar el circuito lo más rápido de que puedo.
- Me mandaron a realizar arranques acá – Lo miro atenta y realiza el mismo circuito que yo, pero más rápido y con mejor técnica, enarco una ceja y lo miro despectiva.
- Deja de humillarme, no es necesario que lo hagas – Se ríe a carcajadas.
- ¿Ya terminaste, Andres? – Mauricio grita del otro lado al vernos reír.
- ¡Acabo de terminar uno, ahora viene Alexa! – Grita fuerte Andres y voy a realizar mi parte, no quiero regaños y mucho menos ahora que estoy teniendo resultados buenos.
- ¿Qué te motivo a realizar deporte? – Robert me pregunta apenas termino el circuito y comienza Andres.
- Vanessa, yo no quería venir, pero ella insistió y bueno, me convenció…
- ¡Listo! – Andres grita a propósito y salgo de inmediato a realizar el mío, no digo nada, pero se escuchó como celoso.
- Entonces no te metas – Robert le dice muy grosero a Andres, apenas llegó Robert hace como si nada y mi otro compañero sale a realizar su ejercicio.
- ¿Sucedió algo entre tú y? - Miro al lugar donde está Andres, Robert niega de inmediato con su cabeza y se encoge de hombros.
- Son peleas de chicos, bueno pataletas – Robert habla con naturalidad, pero Andres no regresa, se va para donde Mauricio.
- Estoy segura que está molesto – Voy a ir en dirección de Andres y Robert tira de mi brazo, su tacto me parece un tanto fastidioso – Suéltame – Me suelta de inmediato.
- ¡Perdón! – Se apresura a decirme y niego con mi cabeza.
- No te preocupes, discúlpame tu por reaccionar así, pero no lo vuelvas a hacer, no me gusta que me toquen – Asiente con cara de avergonzado.
- ¿Me aceptas tomar algo?, como disculpa, no quiero parecer grosero, de verdad yo no sabía que no te gustaba, por favor, acéptame la invitación – Me hace pucheros y coloca cara de desesperado, sonrío por su actitud y niego despacio con mi cabeza, pero termino accediendo.
- ¿A tomar qué? – Cuestiono, espero no sea trago porque ahí si las embarra hasta el fondo.
- Un jugo, en la panadería si quieres o al puesto de comidas rápidas que hay en la esquina – Relajo mis facciones, asiento despacio y recojo mis cosas, busco con la mirada a mi compañero Andres, pero no está.
- ¿Andres se fue? – Me acerco a preguntarle a Mauricio.
- Sí, ¿Sabes que le pasó?, se fue muy enojado y fue de repente, nadie notó algo fuera de lo común – Mientras Mauricio me pregunta, miro en dirección de Robert, ellos estuvieron discutiendo o me dio la impresión.
- Creo que tuvo una diferencia con Robert – Le digo pensativa.
- ¿Con Robert?, ¿No sabes por qué? – Me pregunta muy extrañado.
- No, ¿Por qué?, Robert dijo que era normal en ellos – Me encojo de hombros recordando las palabras de Robert.
- Para nada, ellos no discuten, mejor dicho, Andres no discute con nadie – Se frota su mentón con su mano – Pero no importa, después le pregunto. ¿Vienes mañana? – Me pregunta al cambiar el tema.
- En la mañana no creo que pueda, creo nos veremos el lunes nuevamente, yo te aviso con un mensaje de texto, debo preguntarles a mis papás – Me despido de los chicos y salgo con Robert a la panadería, solo tomaré un jugo por cortesía y me iré a mi casa.
- ¿Qué vas a pedir? – Me pregunta emocionado, no quiero hacerme ilusiones o creerme mucho, pero no creo que esté interesada en él.
- Solo tomaré un jugo de mango – Digo decidida lo que quiero, ya lo había pensado mientras caminábamos hasta aquí.
- ¿Solo eso?, puedes pedir lo que quieras, yo invito – Me dice en un tono alardeado.
- Solo eso – Le digo más seria.
- ¿Segura? – Vuelve a cuestionar.
- Segura – Aseguro nuevamente.
- Bien, espérame aquí - Se levanta de la mesa y va a la vitrina para pedir lo que vamos a tomar y no sé qué pedirá para él. Saco mi teléfono y le aviso a mi mamá que llegare media hora atrasada y que no se preocupe. Reviso las fotos que me envió Vanessa de sus vacaciones y todo se ve muy delicioso, me hubiera gustado acompañarla si solo hubiera ido con su mamá, será en una próxima ocasión.