3.

3739 Words
POV ALEXANDRA -Hoy tenemos que ir a las canchas – Vanessa me susurra sin que la profe lo note, estamos en clase de español y debemos guardar silencio, a la profesora le gusta que trabajemos en silencio, es toda recatada la doña. - ¿Cuáles canchas? – Pregunto de regreso. - Para lo de deportes, nos tocó futbol y debemos visitar los lugares donde se practican, es la tarea que nos dejaron, búscala – Me señala los libros y la miro extrañada, reviso en mi agenda y efectivamente tenemos que ir a realizar ese compromiso. - ¿Qué tanto cuchuchean ustedes dos ahí? – La profesora se levanta de su puesto y mi amiga yo nos miramos preocupadas – Guarden silencio o la próxima vez las paso al frente – Nos dice muy seria la maestra, asentimos juntas y continuamos con nuestra actividad en clases. Pasamos la jornada escolar y al terminar mi amiga me agarra por el brazo y me detiene a la salida. - ¡Oye, Alexandra!, ¡Las canchas! – Inclino mi cabeza hacia atrás, no lo recordaba. - Vanessa, pero no tengo dinero para ir, yo no me acordaba de eso, ¿Para cuándo es el compromiso? – Pregunto con la posibilidad de ir otro día. - Es para mañana, vamos a mi casa y le decimos a mi papá que nos de los pasajes – Mi amiga solucionándome la vida como siempre. - Me da pena – Le digo avergonzada. - De pena murió un burro en Cartagena – Tira de mi brazo y nos dirigimos a su casa. - ¿Tu mamá está en casa? – Vanessa es hija única y es demasiado consentida por sus papás. - Si, obvio, papá esta de permiso, vamos, yo le dije a mi mamá que te guardara almuerzo – Me dejo llevar rendida a las peticiones de mi compañera. - Eres una buena amiga – Siempre que hablo con Vane, soy yo misma, siento que no debo fingir y por lo general, mi ánimo es el que manejo últimamente. - Estas viviendo una vida muy dura, solo quiero ayudarte a darte un alivio – Sonrío de lado por sus palabras. Cuando llegamos a su casa, su papá está sentado viendo televisión y la señora Julia está en la cocina. - ¡BUENAAAS! – Mi amiga saluda enérgica y fuerte. - ¡Buenas! – Saludo cordial y sonriente. - ¡Buenas! – Responden sus papás - ¡Alexandra!, nena, ¿Cómo estás? – Su papá me pregunta emocionado. - Muy bien gracias – Me siento intimidada. - Ya estás más grande, no te pierdas mucho – La señora Julia sale de la cocina con una charola de comida. - Muero de hambre, madre – Vanessa se frota el estómago y hace cara de sufrimiento, pobre. - Ven linda, ya está el almuerzo, lávense las manos y se sientan a comer – Nos dice la mamá de mi amiga, vamos obedientes y lavamos nuestras manos para sentarnos a almorzar. El señor Arthur se sienta en su lugar de la mesa y yo me ubico al lado de amiga. - ¿Hoy van a las canchas? – Pregunta el papá de mi amiga. - Sí, pa. Recuerdas que te dije que iba a necesitar dinero, ¿Verdad? – Mi amiga habla con su papá. - Si hija, ya tengo el efectivo ahí, horita vas y tomas lo que necesitas – No me gusta cómo me mira, pero me mantengo en mi línea. - ¡Gracias papi, eres el mejor! – La señora Julia mira la escena sonriente. Yo me ocupo de mi comida y por terminar rápido, no me gusta tener tan cerca al señor Arthur. Nos encargamos de limpiar la loza como nos dijo la señora Julia y subimos a la recamara de mi amiga, nos damos una ducha y ella me presta de su ropa. Una vez listas, salimos en dirección de las canchas, se encuentran en el norte de la ciudad, nos tardaremos un poco. - ¿Puedo dormir? – Me siento cansada, a esta hora siempre duermo al llegar a casa. - Sí, yo quedo pendiente, no te preocupes – Me dice despreocupada, por eso es mi amiga. - Gracias – Me acomodo un poco y cierro mis ojos, me dejo llevar por los brazos de Morfeo hasta que mi amiga me despierta. - Ya llegamos – Me dice tranquila, me levanto de prisa y ella se ríe porque me veo traste. - Son bonitas – Me refiero a las canchas, son bonitas. - Sí, es el norte amiga, otro nivel – Hace bailecitos. - Yo pienso que tu vivirás en un apartamento de estos – Señalo un conjunto residencial que está a un lado de nuestra ubicación. Vanessa se ríe. - Tendré que trabajar muy duro, pero puedo conseguirlo – Ella siendo soñadora con una pizca de realismo, yo, por el contrario, soy muy creativa, me gusta imaginarme cosas grandes, no sé cómo las voy a conseguir, pero lo haré - ¡Buenas! – Vanessa saluda al celador. - ¡Buenas tardes, jovencitas!, ¿En qué les puedo ayudar? – Nos mira algo pasado, me coloco totalmente seria. - Le cuento, tenemos una tarea de deportes y nos tocó, futbol – Vanessa señala las canchas, hay varios grupos entrenando, ojeo a los chicos, están muy lindos – La cuestión es que debemos familiarizarnos con el tema, visitar el lugar, hablar con los entrenadores, realizarles unas preguntas y tomar videos y fotos como evidencias – El celador asiente a lo que mi amiga le explica. - El señor de la sudadera roja les puede ayudar con eso – Nos abre la puerta y señala al entrenador del grupo más joven, caminamos al lugar y el señor se muestra muy alegre y amable. - ¡Buenas! – Saludamos juntas. - ¡Muy buenas! – Contestan todos juntos y nos sonrojamos. - Tranquilos muchachos, no se me alboroten – El señor les reprende y se nos acerca - ¿En qué les puedo ayudar? – Nos pregunta amable, mi amiga le explica y él nos ayuda con mucho gusto, los chicos se portan muy colaboradores también, en menos de lo pensado, tenemos todo el material que necesitamos, me siento satisfecha, pero es cuando recuerdo que no avisé que llegaría tarde. - ¡VANESSA! – Mi amiga voltea de inmediato con la cámara en su mano, me da risa su expresión. - ¿Qué pasó? – Pregunta preocupada. - No avisé en la casa, mi mamá me va a matar y ni se diga de mi papá – llevo las manos a mi cabeza. - Ya terminamos, tranquila – Guarda todo en su mochila y le ayudo, intercambiamos teléfonos con uno que otro chico, agradecemos al profesor y nos vamos de volada, llego a su casa con el corazón a dos mil, me visto y sus papás me ayudan a llamar a los míos, me envían en un taxi para que llegue más rápido. // Gracias al cielo, mis papás estaban muy calmados cuando llegué anoche, me visto rápido para llegar a tiempo, necesito organizar la expo con Vanessa, ayer por la carrera de venir a mi casa y evitar el regaño no lo hicimos, desayuno de manera rápida y salgo a buscar el transporte, media hora después ya estoy en el colegio. - ¡Apúrate! – Vanessa está sentada con unas hojas. - Ya, tranquila – Coloco mi bolso y saco mis apuntes, organizamos todo de manera muy rápida y nos acomodamos en nuestros lugares. - ¡Buenos días, chicas! – La profesora saluda. - ¡Buenos días profesora!, ¿Cómo amaneció? – Saludamos en unísono. - Muy bien gracias, empezamos de una vez con las exposiciones, ¿Quiénes son los integrantes del primer grupo? – Mis compañeras se colocan de pie y son el deporte de Voleibol, realizan su exposición de manera rápida y la profesora queda contenta - ¡Siguiente! - Vamos – Vanessa me llama y la sigo, colgamos en el tablero una cartelera que ella hizo y pasamos las fotografías a la profesora y compañeras, realizamos nuestra exposición y obtenemos una buena calificación y la felicitación de mi maestra. - ¡Patinaje! – La profe llama el siguiente grupo y las chicas entran al salón con un señor de unos cuarenta años. - ¡Buenos días! – Saludan en unísono el señor y dos chicos que vienen con él. - ¡Buenos días! – Respondemos, incluida la profesora. - Muchas gracias, mi nombre es Mauricio Páez, tengo 42 años y soy entrenador de patinajes hace 20 – Todas hacemos una “o” de admiración – Las chicas estuvieron hace unos días en el patinodromo, me pareció muy bonito que estuvieran tan interesadas en el deporte y quisimos acompañarlas en su exposición para mostrarle la magia de este deporte – El entrenador nos dice muy emocionado. - Claro que sí, me parece muy cordial de su parte y es una oportunidad, por si alguna desea practicar, ¿Puede hacerlo? – La profesora pregunta también muy emocionada. - Por supuesto, estamos entrenamos los días lunes, miércoles, viernes y sábados, manejo dos horarios, mañana y tarde, por si alguna le interesa, son bienvenidas para aprender – Vanessa me hace ojitos y niego con mi cabeza, vivo muy lejos y es una gastadera de plata. Salimos al patio donde se hizo una especie de circuito y los chicos nos demuestran sus habilidades en el deporte, se ven tan confiados y detallándolos de cerca, son guapos. - Tienes una inclinación rara por los deportistas – Me susurra mi amiga. - No lo había notado – Digo sorprendida también. - Ayer me di cuenta, pero pensé que eran cosas mías, hoy lo compruebo – Sonrío a lo que me dice, miro al chico que me parece lindo y todo lo que hace es preciso y perfecto. - Es bueno – Digo admirada. - Sí, bastante. ¿Vamos a ir? – Me pregunta animada. - No, no tengo dinero para estar tomando transporte – Me quejo de mala gana. - Podemos caminar y es saludable – Me da opciones. - ¿Con el sol en su punto?, ¡Olvídalo! – Me doy la vuelta al otro chico que vino, es igual de bueno, pero es más coqueto y tiene un aire de superioridad. - Amiga, podemos protegernos, bloqueador, ropa tapada, por fis, solo un día, si no te gusta no vamos más – Hago berrinches, pero termino accediendo. - Está bien – Concluyo y ella termina brincando como niña consentida. Al final de la clase el señor nos dejó su número de teléfono para confirmar nuestra asistencia y todos terminamos muy contentos, hasta la maestra que era la más animada en todo el tema, tanto, que terminó la clase con ejercicios de patinaje. Pobre de los chicos, se fueron cansados porque abusaron de ellos y de lo que hacían para demostraciones y cosas así. -Hoy es jueves, ya mañana será viernes, ¿Sí vamos a ir? – Vanessa le da un mordisco a su hamburguesa. - Ya te dije que sí – Le repito por enésima vez y se ríe del tono harto que usé. - Si me vas a regañar no me pegues, solo quiero confirmar porque tú eres tan cambiante – Aprieto mis labios ante eso y volteo mi mirada a otro lugar - ¡Alexa! – Se queja en tono cantarín y suelto una carcajada. - Pero si voy a ir, tu tranquila que, yo nerviosa – Niega con su cabeza seria. - Como no quieras ir, voy sola y le quito el numero al tal Andrés ese y te juro que salgo con él, solo parar estregártelo – Abro mi boca sorprendida y la miro con los ojos entrecerrados. - ¿Serías capaz? – Pregunto dolida. - De eso y mucho más, pruébame – Mi amiga da miedo, terminamos nuestra merienda y vamos de regreso a las clases, al salir voy directamente a mi casa y al llegar decido platicar con mi mamá sobre la decisión que tomé. - Hola ma – Saludo al llegar, levanta la mirada sorprendida porque no suelo hablar mucho con ella, siempre termino discutiendo o regañándola y es tan asfixiante. - ¿Cómo te fue? – Me pregunta emocionada. - Bien, hoy estuvo un profesor de patinaje en el colegio – Le cuento mientras quito mis zapatos, ella me pasa mis chanclas de estar en casa. - ¿Y eso? – Pregunta interesada. - Sí, es que tuvimos la tarea esa de ayer – Le recuerdo y asiente, los papás de Vanessa hablaron con ella y mi papá para que no me castigaran – A unas compañeras les tocó patinaje y llevaron el entrenador al colegio. - ¿Si? – Se ve más emocionada por lo que le cuento. - Sí, además nos invitaron a practicarlo, Vanessa quiere que vaya con ella, pero le dije que no por los pasajes, yo no tengo tanto dinero, bueno ustedes – Le digo lo que mismo que le conté a Vanessa – Pero ella dice que podemos ir caminando, así que mañana vamos a ir para ver qué tal es – Le concluyo y no dice nada - ¿Qué piensas de eso? – Se queda pensativa. - Si puedes ir sin necesidad de transporte, ves y después miras si te gusta o no – Me apoya, asiento y voy al cuarto para terminar de cambiarme, me reposo y almuerzo, tomo una ducha y me acuesto a dormir, últimamente, duermo mucho y ni siquiera los quehaceres del colegio estoy haciendo. // - ¿No vas a ir a clase? – Mi mamá me llama y salto de la cama. - ¿Qué hora es? – Pregunto afanada. - Van a ser las seis – Dios mío, ya es muy tarde, corro al baño y me doy un baño rápido, me organizo y desayuno súper rápido, salgo de volada y tomo un colectivo, llego un poco atrasada, pero no tarde. No han empezado las clases y la profesora no ha llegado. - Pensé que no venías – Vanessa está cruzada de brazos en su puesto. - Me levante tarde, no me mires ni me hables así, es manipulación – Le digo despectiva y me siento en mi lugar. - Disculpa, amiga, pensé que no ibas a venir porque no querías acompañarme – Me susurra, ya han llegado varias de nuestras compañeras. - Sobre eso, mi mamá dijo que, si no gastaba pasajes, estaba bien para ella – Celebra tocando las palmas. - Tranquila, que, si necesitamos dinero, mi papá puede dárnoslo, no sé qué tiene cuando te menciono – Dice sorprendida. - ¿Cómo así? – Pregunto extrañada. - Es decir, si yo necesito dinero y digo que es contigo, me lo da de inmediato – Cuenta emocionada. - Eso se escucha muy mal – Saco los cuadernos de la primera clase. - Boba, digo que le caes bien, mis papis piensan que eres una buena influencia – Me muestra sus dos manos con dedito pulgar arriba, niego despacio con una sonrisa en mi rostro. La profesora entra y nos anuncia el inicio de clases, así pasan las horas hasta que el timbre de la salida suena, alistamos todo y nos vamos a casa de mi amiga, hoy solo estará su mamá, eso me hace sentir muy tranquila, nos salida efusiva y nos da el almuerzo, luego del reposo nos alistamos para ir a la práctica, ni cuento de la emoción de mi amiga. - ¿Cómo crees que nos traten los chicos? – Se voltea de repente a mí. - No sé, nunca he estudiado con ellos – Esa es mi respuesta. - Yo también – Se queda pensativa – Espero saberme comportar, que pena hacer algo que les cause risa o cosas así – Enarco una ceja a lo que dice. - Solo sé tú y ya – Suelto con simpleza. - No es tan fácil, siempre me he relacionado con chicas – Ser queja nuevamente. - Pues, te comportas peor con las mujeres – Concluyo, yo si he tratado con hombres por mi hermano, sus amigos todo el tiempo viven en mi casa, pero a Vane, sus papás no la dejan salir mucho y tampoco juntarse con otros chicos hombres, su papá es un tanto sobreprotector y machista. - Si ves que estoy haciendo algo mal, solo dime: “Compórtate” – Me dice preocupada, coloco una mano en su hombro y me mira de inmediato. - Compórtate – La miro desafiante y se ríe. Entre charlas y risas llegamos a nuestro destino y ni cuenta me di. Llegamos y hay muchos jóvenes más y unas cuantas chicas. - ¡Buenas! – Decimos juntas al acercarnos al grupo. - ¡Buenas! – Saludan de regreso. - ¡Hola profe! – Saludamos al entrenador. - ¡Bienvenidas chicas! – Mauricio nos recibe amable. - Venimos porque queremos aprender – Vanessa habla excitada por lo que quiere. - Me gusta tu energía, ¿Cómo se llaman?, vamos a presentarlas en el grupo – Nos dice él, me tensiono, no me gusta hablar en público, me da pavor, siempre me trabo o algo alguna babosada. Nos presentamos a los chicos del grupo y ellos lo hacen con nosotras, comenzamos con un calentamiento básico porque no somos personas activas, nuestro estilo de vida es de una persona sedentaria. No aguantamos ni cinco minutos en el trote, pero hacemos nuestro mejor esfuerzo. - ¿Por qué hacemos esto primero y no eso? – Pregunto al profesor mientras señalo a los chicos haciendo un circuito de conos. - Necesitas adaptar tu cuerpo, hoy realizaran un poquito de rodaje, pero será muy breve, ¿Tienen patines? – Nos pregunta y asentimos de inmediato – Perfecto, terminan de realizar ese ejercicio y se los colocan. - Ya estoy cansada – Vanessa está roja y sudada, su cara de cansancio es imposible de no notar. - Yo igual, pero será así al principio – Trato de darle ánimos a mi amiga. - Y siempre – Nos habla un chico a nuestras espaldas, miro en busca de la voz y es el mismo que fue al colegio – Solo ganaras resistencia, después te cansarás, pero te podrás recuperar mucho más rápido – Me sonríe, lo detallo y en serio, es muy lindo. - ¿Cuánto llevas entrenando? – El chico deja de mirarme y dirige su vista a Vanessa que le pregunta mientras se acomoda los patines un poco. - Tengo cinco años – Vuelve a mirarme coqueto y le sonrío. - Bastante – Digo picara y me voy patinando a donde está Mauricio. - ¿Viste cómo te miraba? – Mi amiga me alcanza y toma mi brazo. - Me miraba como una persona mira a otra, normal – Trato de no prestarle atención, pero si le estoy dando vueltas en mi cabeza. - Como una persona mira a otra que le gusta, se llama Andres – Me dice emocionada. - Ya lo sé – Trato de frenar un poco. - ¿Y por qué actuaste como si no lo conocieras? – Vanessa suele ser un fastidio cuando se lo propone. - Porque no me interesa, vinimos aquí para aprender un deporte – Le recuerdo y hace pucheros, agacha su cabeza como niña regañada. - Pero puedes tener una pequeña distracción si lo deseas – Me río alto de lo que dice y los demás nos quedan mirando. - ¿Listas? – Mauricio pregunta, está acomodando unos conos. - Sí – Contestamos ambas. - Perfecto, voy a mostrarles su ejercicio, es muy fácil – Ambas asentimos – Primero, haremos un camino de zigzag aquí – Atraviesa los conos en zigzag – Aquí hacemos un arranque, lo más rápido que podamos y al final, realizamos dos vueltas manteniendo la velocidad – Habla fuerte porque se alejó un poco de nosotras para realizar la demostración, Vanessa es la primera y él nos va guiando, después de diez series terminamos demasiado cansadas – Estiren, por favor – Mauricio nos dice. - Pero no sabemos hacerlo – Vane anuncia y Andres se levanta de su puesto para sentarse frente a nosotros. - Yo las ayudo – Me guiñe el ojo, lleva sus manos a la punta de sus pies y repetimos lo que hace, nos reímos de una que otra posición y nos regaña porque podemos agarrar un aire – ¿Todo bien? - Sí, gracias – Levanto mi cabeza y me ayuda a levantar del piso, cuando sostengo su mano me siento rara, me gusta - ¿Alexandra? – Me pregunta con una sonrisa, esa sonrisa que tiene cara de que se va a destrozar la vida. - Sí – Respondo de inmediato. - ¡Uuuuuuh! – Molesta uno de los chicos y se separa de inmediato, no me había percatado de la cercanía. - No digas que no – Me susurra Vanessa en el oído, me saca la lengua. - ¿Mañana vienen? – Pregunta nuestro entrenador, Vanessa y yo nos miramos. - Si podemos levantarnos, seguramente – Digo convencida de que no me levantaré. - Bueno, si quieren descansar mañana, pueden hacerlo y el lunes sin falta – Asentimos al entrenador. - ¡No Mauricio, yo quiero que vengan! – Andres habla como niño y se ve tan tierno, lo miro disimulada, no quiero ser tan obvia, Vanessa parece tener una lupa encima de mí. - ¿Tú la quieres ver, Andres? - Robert, un compañero pregunta sonriente y él le sonríe, me mira coqueto. - ¿No me quieres ver? – Me hace pucheros y niego con mi cabeza – Me acabas de romper el corazón – Finge llanto y los chicos del grupo se ríen de él. - Amigo, si ella no lo hace, hazlo tú, valórate – El más pequeño comenta y eso causa la risa grupal. - ¡Nos vamos, chao chicos! – Nos despedimos de los muchachos y salimos con destino de nuestras casas, mi día termina de ser maravilloso hasta que piso la entrada de la puerta, mi papá está enojado e insultando a mamá, suspiro pesado y entro directamente al cuarto, me quito todo y voy a darme un baño, el agua cae en mi cuerpo, mientras los insultos de mi papá se escuchan afuera, ¿Por qué tengo que lidiar con esto? Soy tan joven como dicen, pero siento que he vivido demasiado.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD