Mi espalda está recostada al auto blanco y por más que intento forcejear con el agarre de Liam en mi cuello, tiene demasiada fuerza. —Dime quién eres —ordena—. ¿Eres una Vigilante? ¡Dime! Cierro los ojos con fuerza al escuchar su grito. De forma brusca suelta mi cuello. Empiezo a toser y poco a poco mi cuerpo se va cohibiendo. Me agarra del cabello y me obliga a verlo fijamente a los ojos. —Dime quién rayos eres. ¿Cómo sabes de mí? ¿Por qué eres inmune a mis órdenes? Cuando mi tos se calma, noto que no puedo pasar saliva porque me duele mucho la garganta. —¡CONTESTA! —me grita al rostro. Toda su cara está roja como un tomate maduro y se ve impotente. Alza una mano y yo suelto un grito mientras cierro los ojos al temer por el fuerte golpe que voy a recibir. —¡No sé de qué

