Esperé a que ella se fuera de mi oficina para gestionar lo de su madre, no quería hacerlo al día siguiente, Jack estaría aquí y no quería preguntas incómodas que no estaba dispuesto a contestar.
Lo que había hecho por Anette, era asunto mío y de nadie más. Mi padre era el único al que yo le daba explicaciones y había muerto hacía tres años, así que ahora no tenía que darle explicaciones de mis actos a nadie.
Averigüe rápidamente el nombre de la clínica donde estaba internada la madre de Anette, su número de teléfono estaba en los datos de la empresa, era un número de referencia, por si tenían que llamarla de emergencia.
Fue fácil, allí estaba toda la información que necesitaba conocer.
Luego, tomé mi auto y fui directo a esa clínica, pregunté por la señora Melanton y por su condición de salud.
— ¿Es usted pariente?
— No, su benefactor.
— Su ¿qué?
— Mire señorita, no vine aquí para que me ingerrogara, vine a pagar las facturas médicas de la señora Melanton, lo haré a nombre de la señorita Anette Melanton…
— Así que no me haga perder el tiempo, deme el monto y añádele tres ceros más...
— Quiero que la señora Melanton tenga un cuidado personal y dedicado de todo el personal de esta clínica.
— Aquí cuidamos bien a todos nuestros pacientes.
— Eso imagino enferma, para eso les pagan. Pero a la madre de Anette Melanton la tratarán con más cuidado y dedicación, cada cero en su cuenta médica lo asegurara.
La enfermera miró mi rostro serio y comprendió perfectamente lo que yo decía. Se marchó por unos minutos y volvió con el encargado de la clínica, un tipo al que poco le faltó para besarme los zapatos.
Hice el cheque y firmé los documentos.
— Dejo a su cuidado a la señora Melanton, debe ser bien atendida, espero que lo haya dejado bien claro.
— ¡Por supuesto señor Hedrong! Quedó más que claro.
— Me alegra que lo haya entendido doctor, como administrador de este lugar no espero otra cosa.
— Despreocúpese señor Hedrong, la señora estará bien atendida.
— La señora Melanton, madre de Anette, no solo estará bien atendida doctor, ella recibirá cuidados especiales, y para asegurarme de que todo marche bien, enviaré a una persona de mi plena confianza para vigilar de cerca que se cumpla con lo acordado.
No dije una palabra más, ni siquiera extendí mi mano para despedirme. Estaba cansado y deseaba irme a dormir.
A la mañana siguiente, después del desayuno llamé a Nick, quería saber si Anette estaba bien y si le había gustado el departamento y su auto, si iba a trabajar para mí por tanto tiempo, era justo que tuviera las comodidades adecuadas.
— Hola Nick, ¿qué tal todo?
— Hola Max…La joven ¡es un encanto!
— Te agradó, eso me satisface, porque tendrás que verla continuamente… ¿Y qué dijo del auto, le gustó?
— Dijo que le gusto tanto que si hubieras estado frente a ella, te habría besado.
— No bromees Nick, dime que opinó de él.
— ¡Te digo la verdad! Te perdiste de un beso esta mañana.
Nick se reía, no sabía si hablaba en serio o estaba burlándose de mí.
Esa casa fue la primera que compré, habite en ella por dos años, le tomé tanto cariño que no quise deshacerme de ella, era mi departamento, hasta que me mude a mi penthouse.
Le pedí a Nick que se hiciera cargo de su mantenimiento, cuando le dije que una mujer viviría en ella y que le consiguiera un auto, eso le pareció insólito.
Pero después de conocer a Anette lo verdaderamente insólito era todo lo que yo estaba haciendo por ella.
No era una obra de caridad pues tendría que pagarme, pero tampoco era por que me obligaban, era algo extraño lo que me pasaba con ella, por eso decidí guardar esto solo para mí y el único con el que lo compartiría sería con mi viejo amigo, Nick.
Por la tarde estaba muy ocupado cuando Anette llegó, mi asistente me dijo que ella esperaba que yo la atendiera.
Dejé lo que hacía de lado y dije: — Hazla pasar.
Cuando entró, llevaba unos jeans ajustados y una blusa de seda, algo informal, pero que la hacía lucir fresca y hermosa.
Cada detalle de su cuerpo era perfectamente dibujado con esa ropa, en ella no había simpleza, se veía bella con su cabello suelto y sus ojos verdes llenos de vida .
— Siéntate Any… ¿puedo llamarte Any?
Sonriendo respondió: — Sí, puede hacerlo.
— Gracias…Bien, cuéntame, ¿qué te pareció el departamento?
— Antes de responder a eso… Yo quisiera darle las gracias señor Hedrong, hoy cuando fui a ver a mi madre, me dijeron que todo había sido cancelado por usted, y que había ordenado que le dieran un cuidado especial…
Yo siempre suelo mirar desde el otro lado de mi escritorio, sentado en mi sillón puedo ver mejor los rostros de los que vienen a mí.
Pero a ella la quise ver de cerca, me levanté de mi asiento y me paré frente a ella, y dije una tontería.
— Puedes agradecerme por lo de tu madre y por lo del auto como se lo dijiste a Nicolás.
¡No sé porqué me salió eso de la boca! pero antes de que yo pudiera rectificar, ella se acercó a mí, puso su mano en mi pecho y me besó en la mejilla, susurrando dulcemente:
— Gracias.
Sus mejillas y sus orejas se habían puesto rojas, eso me pareció tan dulce de su parte, un aire de inocencia la rodeaba.
Mirarme en sus ojos fue una impresión inesperada, y sentirla tan cerca hizo saltar mi corazón. Debía mantener la distancia con ella, su cercanía me hacía sentir vulnerable.
— Bien… Es hora de firmar el acuerdo. Debo recordarte que este acuerdo es completamente confidencial.
— Lo comprendo, y le prometo que nadie lo sabrá. Le debo mucho señor Hedrong, tanto, que no tengo cómo pagar su generosidad.
—- Yo creo que sí, con trabajo.
Se rió y dijo: — Tiene usted razón.
Después de firmar, estrechamos las manos, sus ojos brillaban de felicidad. Eso era extraño, iba a estar atada por muchos años a mi casino, pero no parecía importarle.
Con su mano aún unida a la mía dijo:
— Debo irme a cambiar para iniciar a trabajar, nuevamente, gracias señor Hedrong.
Deslizó su mano suavemente separandola de la mía, dejando en mi mano un calor tenue, agradable, para luego regalarme una dulce sonrisa e irse. Las seguí con la mirada hasta que cerró la puerta.
Volví a mis asuntos con una sensación de satisfacción y una sonrisa en mis labios.
Por la noche, decidí bajar al casino para ver cómo le iba a Any, y la vi con el hombre que había pagado por lo que ella le había hecho a mi traje, para que yo no la despidiera ese hombre pagó mucho dinero.
El tipo babeaba por ella, era obvio que lo tenía embelesado, esa sensación de él sobre ella me amargaba el momento.
Ella atendía a cada cliente, hombre o mujer con amabilidad y una sonrisa, pero el tipo la seguía detrás hablándole, me tenía harto, así que ordené que la trasladaran a otro salón, Any ya no trabajaría allí.
Y si ese infeliz la seguía, yo me encargaría de quitársela de su alcance, así fuera un millón de veces.
Subiendo a mi oficina saqué del cajón el cheque que él me dio y bajé de nuevo al casino, lo busqué y estando junto a él, le entendí el cheque frente a él y le dije sin mirarlo: — Quédese con su dinero.
— No fue un regalo, señor Hedrong.
—- Lo sé, pero ella decidió pagar por su error, no necesita de su generosidad, puede valerse por sí misma.
— De eso estoy seguro señor Hedrong, y también, que si en algún momento ella me necesita, estaré allí para Anette.
El tipo estaba tenso, y yo también, se podía ver en su rostro que le había molestado qué yo le devolviera el cheque. Él quería ser el héroe de Any, pero yo no iba a permitírselo.
Tomó el cheque y lo metió en el bolsillo de su saco, luego dijo con tono seco: — Estaré cerca por sí ella me necesita.
Eso fue un desafío para mí, ese tipo estaba muy interesado en Any, tanto, que me estaba amenazando… ¿a mí? Pero yo no me iba a quedar callado.
— Anette no necesita de un caballero sin armadura, ella es más fuerte de lo que parece, incluso más que usted.
Le di la espalda y caminé sereno y confiado, saludando a los clientes y hablando con algunos de ellos.
Podía sentir su mirada, su furia y sus celos.
Mientras él me veía como un adversario, yo me sentía un triunfador, yo manejaba las fichas a mi favor mientras él sólo observaba.
Minutos después de regresar a mi oficina entró muy sonriente Jack.
— ¡Esa chica es un imán para la suerte y para los hombres!
— ¿A quién te refieres Jack? Hay muchas chicas en el casino.
— A la chica nueva… Anette.
Levanté mi cabeza y lo miré con molestia.
— ¿Qué pasa con ella?
— Tranquilo tigre, ella cumple con su trabajo.
— Dijiste que era un imán para los hombres, ¿qué significa eso?
— ¡Pues eso..!
— Explícate bien Jack… Eso, como tú dices, puede significar muchas cosas.
— Tienes razón Max… Lo que quise decir es que atrae a muchos hombres con su belleza y su dulce voz, haciendo que donde ella esté quieran apostar…
— Creo que muchos de ellos desearían que ella fuera el premio mayor…
Jack se reía divertido imaginando la situación, mientras que yo necesité de un antiácido para sentirme mejor.
La idea de que Any estuviera rodeada de hombres deseosos de conquistarla me molestaba, aunque no tenía razón de sentirme así, las chicas bellas en mis casinos estaban allí precisamente para eso, ¿ por qué debería ser diferente con Any?