Capítulo 2

1926 Words
Es sábado y me levanto bastante temprano. Hoy es mi día de limpieza. Luego de mi desayuno, un té n***o con galletas de avena, me voy a recorrer la ciudad. Como excepción a las reglas del no-uso de automóviles a combustible, para evitar contaminación innecesaria, llevo el coche de mamá porque, si quiero recoger mucha basura no puedo hacerlo en mi tonta bici amarilla. Tal vez se pregunten: ¿Ésta tipa no trabaja? ¿Ésta tipa no estudia? ¿Hace algo más que joder todo el día por el ambiente? Pues, sí a todo. Lunes, Miércoles y Viernes doy clases de baile en una academia de arte de la ciudad. Me pagan muy bien. Martes y Jueves asisto a la facultad por las noches, estoy en mi último año en la carrera de diseño gráfico. Y en mis tiempos libres me dedico a cuidar al planeta, o al menos lo intento. Cuando llego a mi destino y voy bajando del coche recibo un mensaje de Francis, mi ex novio, con el cual terminé hace aproximadamente poco más de dos semanas. ¿Motivo de la ruptura? Su familia siente un enorme desprecio hacia mi. Creo que si quieres a una persona no vas a alejarla de su familia, por lo que decidí cortar todo por lo sano. Resulta ser que, molestar a los empresarios, a los políticos y a todo el mundo en general, puede traer muchos problemas a la vida personal y sentimental. Hace menos de un año, poco después de comenzar a salir con Francis, conseguí sacar de circulación unos horribles productos de aromatización, al probar que estos dañaban progresivamente la salud de los animales. ¿Cómo lo noté? Mi amado Mur tuvo problemas para respirar, cuando me di cuenta de lo que lo causaba, hablé con la veterinaria de Mur y me afirmó que esas odiosas porquerías hacían muy mal a algunos animales como los perros, los gatos y las ardillas de edades avanzadas. Sucede que los dueños de dicha compañía eran los padres de Francis, eran los Isevil. Francis ex: Te extraño Murph. Tecleo una rápida respuesta yendo directamente al grano. Todo se acabó y sonará muy feo de mi parte, pero no lo extraño. Murphy: Lo siento, pero ya acabó todo. Me lo agradecerás algún día, Francis. Tu familia es primero, siempre debe ser así, no lo olvides. Guardo mi celular y le doy una ojeada al sitio en que me encuentro. He venido hasta el barrio de las Flores Azules, una de las locaciones humildes donde no suele haber demasiado servicio de limpieza. Bajo junto a mi amafo recogedor, un palo con un gancho de metal en la punta, y un par de bolsas de reciclaje. Es hora de embellecer el mundo un poco. A las seis de la tarde ya me encuentro en la carretera que va hacia el lago. En ésta siempre se encuentra basura por todos lados. Estaciono el coche a un lado de la carretera. Hoy es sábado y la basura se acumula, todos suelen salir de fiesta al lago y, cada fin de semana, aparecen latas, bolsas de comida rápida, botellas de alcohol, condones, entre otros...La gente es un puto asco. Independientemente de mi limpieza comunitaria, me paso por este lugar cada sábado, es casi un ritual. Estoy empeñada en embellecer aunque sea a mi ciudad. Me paso cerca de una hora caminando y recogiendo basura. Cuando recojo la última bolsa de plástico del suelo, un auto con alta música y gritos de fiesta, pasa lento por mi lado. Una mano sale por el vidrio del asiento trasero y tira unas bolsas de frituras y una lata de cerveza. Me enfurezco ¡Claro que me enfurezco! Están contaminando y no les importa nada que yo esté aquí limpiando. Oigo un claro: "no tiren basura", pero ya es tarde para reaccionar cuando les revoleo el palo recogedor que se edtampa el vidrio trasero del auto. Gritos de susto se oyen y todo se detiene. Esta vez sí me excedí un poco, lo admito sin problema alguno, pero no puedo dar marcha atrás al tiempo. Ojalá pudiera. 《Desearía tener el ojo de Agamoto》 Me doy la vuelta, dispuesta a huir de la escena del crimen, como quien no quiere la cosa pero, cuando creí que nada podría salir peor en mi despreciable vida, lo oigo hablar. -¡Ni lo creas, Hiddleston!- Su voz estremece cada partícula de mi cuerpo. Me congelo en mi sitio, porque reconozco esa voz, la reconozco demasiado bien. 《Iré pronto contigo, mamá Coco》, pienso tontamente. Me giro, dispuesta a enfrentar al dueño de aquella voz que me llama tan furioso. Aquel a quien le he hecho mierda el vidrio del auto y que para mi mala fortuna, es alguien muy conocido. -¡No fue mi culpa!- me defiendo, como cual niña que ha cometido una travesura, apenas le veo la cara. El hijo del alcalde me mira serio, más que serio, está furibundo. Sus ojos están desprendiendo odio y verdadera amargura. Dos pensamientos cruzan por mi mente en ese instante. 《Es abogado, siempre se ve así de intimidante.》 《¡Es abogado, puede enviarme presa!》 -¡Oh, claro! ¿Cómo no me di cuenta antes? El recogedor simplemente quería un trago de cerveza ¡Lamento las molestias, Murphy!- suelta, tan sarcástico como siempre ha sido. Quiero rodar los ojos, pero me abstengo de esa mala costumbre que me haría ver demasiado inmadura. Bueno, él tampoco se ve muy maduro siendo así de sarcástico. -Tú y yo, iremos a la comisaría ¡Ahora mismo!- ordena, volviendo a estar serio. Resoplo, molesta conmigo misma por mi tan odiosa e incontrolable impulsividad, a sabiendas de que no puedo negarme a la orden ¡Yo rompí su maldito auto! Elevo mi dedo índice. -Déjame tomar estas cosas- pido, con toda la calma que puedo presumir. Tomo la lata, las bolsas de fritura y las meto en la última bolsa del día. El sol se está ocultando y pronto caerá la noche. Pongo todo en el baúl del coche y me giro a ver al hijo del alcalde. Levi se encuentra hablando con uno de sus amigos y luego vuelve hacia mí. -Vamos- dice malhumorado y sube al asiento de acompañante de mi coche. Suspiro resignada y me subo al auto, dispuesta a conducir hasta la comisaría. 《Aunque ya sea una adulta mis padres van a matarme》 Veo que el auto en que van sus compañeros nos sigue en el camino. En mi auto reina el silencio, él va texteando algo en su celular y yo voy pensando en formas de defenderme, teniendo poco éxito en la tarea ¡Es un abogado! ¿Cómo puedo yo defenderme ante un abogado? Al llegar a la jefatura los amigos de Dorevy hijo se llevan sus bebidas y suben a un auto, en el que suena música alta, que ha llegado recién. Seguramente él estaba llamando al auto para que no haya evidencia de tontos alcohólicos, a la hora de realizarme una denuncia. Aprovecho que él ha bajado del auto y está distraído con su celular, tomo dos latas que he tirado en el asiento trasero durante la limpieza y las escondo en mi bolso. Bajo del auto y caminamos hacia la entrada, pasando por al lado del coche de Levo. Tiro las latas por a través del vidrio trasero que yo misma he roto y por el cual estamos aquí. 《No te creas que por ser abogado vas a ganarme, Dorevy》 Ingresamos sin hablarnos y llegamos hasta donde está el oficial a cargo de tomar denuncias, Bill. Levi me ignora, eso me da tiempo a pensar claramente. -¡Hola, Bill!- saludo con una sonrisa. Bill tiene unos treinta años y es alto y corpulento. Él adoptó hace un año unos gatitos que yo estaba dando en adopción responsable, desde entonces colabora mes a mes con el grupo de los amigos ambientales, de forma monetaria o con insumos. -¡Hey, Murphy! ¿Todo bien?- me devuelve el saludo, sonriente como siempre. -Bien, es un lindo día ¿Cómo estás tu?- pregunto, apoyándome en el mostrador. -Bien, algo cansado. He hecho doble guardia hoy...¿Qué te trae por aquí, Murph?- pregunta. Ignoramos completamente la presencia de Levi y eso parece molestarle bastante. -Disculpa, estoy aquí para realizar una denuncia- dice el abogado a mi lado, malhumorado como sólo él puede ser. Ruedo los ojos cuando Bill me mira y sonríe. Bill sabe que me he metido en problemas otra vez. -Él estaba conduciendo mientras bebía y con la música muy alta. Son dos delitos si no me equivoco, y además, citando a mi propio proyecto de ley, irrumpió la ley al arrojar bolsas de frituras y una lata de cerveza a la vía pública- me adelanto. Levi me mira completamente descolocado y con los ojos muy abiertos. Su boca se abre y cierra, balbuceando cosas sin sentido. No puede creer lo caradura que soy. Ni yo puedo. Bill por su parte anota todo en la computadora, con una sonrisita suave que intenta disimular a toda costa. -Bien, señor Dorevy. Necesito que sople aquí- dice, acercando a Levi un alcoholímetro. Levi me mira con desprecio y le sonrío fingiendo ser inocente. Sopla la pipeta por unos segundos hasta que esta suena y marca el color rojo. -Cero punto seis. Se pasó del límite establecido- No lo iba a dejar salirse con la suya tan fácil. -Multa de seiscientos dólares por conducir en estado de ebriedad, multa de doscientos dólares por ruidos molestos y una multa de quinientos dólares por contaminación de espacios públicos- dice al cabo que tres tickets salen de la impresora y los sella. -¡Eso no es por lo que veníamos!- exclama Levi, perdiendo la compostura ante mi vil jugada. -La denuncia quedó hecha ya, a nombre de Murphy. Usted tiene alcohol en su sistema y las denuncias por ruido molesto o contaminación no requieren de más prueba que la denuncia y el número de patente o el nombre del dueño del auto, señor ¿Algo más?- dice Bill, fingiendo una sonrisa amable. Amo que no haga diferencias sociales. -Esta tipa destrozó el vidrio trasero de mi auto, con su recogedor de basura ¡Está ahí afuera!- levanta la voz y Bill lo mira mal. -¡No le grites! Yo rompí tu feo auto, no él- defiendo. Bill es un buen hombre. -Lo siento ¿Podemos ver el auto?- -Si, claro- Bill toma la cámara de fotos y se levanta de su lugar. Cruzamos el recinto y salimos a la calle, donde efectivamente está el palo incrustado en el vidrio del auto. -¿Y eso por qué fue?- pregunta Bill. -Por la basura. Estaba recogiendo basura de la ruta, estuve todo todo el día limpiando para que nuestra ciudad esté limpia y este tipo y sus amigos ebrios, que por cierto fueron recogidos por alguien más y se llevaron el alcohol, tiraron basura en la ruta. Me enfureci y actué de mala manera. Pero estoy dispuesta a pagar por los daños- le digo. Bill saca fotos de todo, del palo recogedor, del auto y cuando se gira dando por finalizado el trabajo, lo recuerdo. -Adentro seguro hay latas- añado. El policía se vuelve a girar asintiendo y tal como dije, hay latas de cerveza dentro; también le saca foto a ello. Levi se para a mi lado, de manera algo amenazante y me mira. -Voy a acabar contigo, Murphy-   
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