XX
—En qué estás metido, Greco ¿por qué necesitas llevar un romance falso?
—No es… no sería un romance. Mira, estoy en una relación con alguien, pero, no podemos hacerla pública. Por su bien y por el mío.
—¿Está casada? Esa sería la única razón. —Con el descaro en su boca, sabía que Alexandro hablaba de él, pero no entendía muy bien a qué se estaba refiriendo con aquello de «por su bien». El hombre exageraba.
—No está casada, pero necesito proteger esta relación a cómo de lugar. Antes no hice nada, no moví un dedo y lo perdí todo. No quiero que eso se repita.
—¿Eso quiere decir que ella también tendrá una relación de apariencia con otro para despistar?
—¡NO! —gritó con furia golpeando la mesa, haciendo que se derramara un poco de café y de limonada—. ¡¡Él no va a estar con nadie más que no sea conmigo!! —espetó con furia, cerrando los puños, intentando controlarse. Miró directo a Suni y esta tenía la boca muy abierta.
—¿Él? —preguntó a penas en un susurro haciendo su perfecta actuación. Alexandro supo que había sido descubierto, y empezó a mover sus ojos con rapidez de un lado a otro, como si buscara una excusa, o una respuesta diferente. La idea era no mencionar a Dan y había caído de la manera más estúpida. —Alexandro, ¿eres gay? —Y hubo un largo silencio después de esa pregunta.
—Debo serlo, no hay duda. No me gustan todos los hombres, o me fijo en ellos, pero hace diez años y ahora, fue y es especial. Es una sensación de desespero por estar con esa persona, un calor que inunda el pecho de alegría al verlo, una paz infinita de escucharlo. Con esta última persona —Sabía que ya había cometido muchas imprudencias y no diría su nombre, por muy irónico que fuera el asunto—, luché como no tienes idea, por alejarme y alejarlo. Fui un patán completo y aún lo soy. Pero un día lo vi danzar y toda mi armadura se rompió en ese momento. No pude controlar mi deseo de acercármele, y hacerlo mío.
Suni pareció sentir empatía y le tomó una mano.
—Si lo quieres tanto, ¿por qué entonces estás acá conmigo? No lo entiendo.
—No puedo quererlo. Si me permito eso, ambos estaremos muertos. —Se llevó las manos a la cabeza, empezaba a sentir angustia, por lo que él creía iba a pasar.
—Creo que es muy tarde ya —respondió ella, con algo de compasión en su voz.
—Yo también lo creo. —Suni abrió los ojos sin entender nada—. Mira, yo amé y amé mucho. Pero mi amor destruyó a esa persona. Ser gay, no es permitido, no en este país, no en las mismas tierras del "General". Todos saben que mi único amigo en el mundo es Christopher, y si tengo un amigo nuevo, será sospechoso para todos. Tarde o temprano, sé que alguien nos verá juntos y hablará y me alejarán de él… prefiero morirme a aceptar eso.
—Te ahogas en un vaso con agua en una situación que solo ocurre en tu cabeza. Tu pasado parece que pesa una tonelada de cemento, y quieres a cómo de lugar negarte a ti mismo que quieres estar con un hombre. Podrías solo llevar el romance en secreto y no intentar ponerle adornos ni justificaciones. Seguro quieres que piensen que tu cara de felicidad se debe a que estás con una chica, pero jamás con un hombre. Y creo que igual pasó con ese chico de tu pasado. Lo ocultaste tan mal que terminó cayendo en tu cobardía para enfrentarlo todo.
»Ahora quieres culpar a alguien más como a ese «General», para poder sentir la carga menos pesada y quitarte de encima la culpa. Te lo dije, tú quieres solo el bonito retrato familiar sobre tu chimenea, mientras en la cama quieres otro como tú. Sin embargo, algo muy grande debes estar ocultando, porque hacer esta petición no es tan fácil, no me dices la verdad completa. Pese a eso, no creo que hacer que nos vean juntos a ti y a mí, pueda protegerlo a él. Si la historia está destinada a repetirse, no podrás hacer mayor cosa.
Alexandro, de nuevo, sintió cómo un trago amargo bajaba por su garganta y le estallaba en el estómago. Era un pusilánime como ella le había dicho tiempo atrás, no obstante, creía ingenuamente que así lo protegería. Creía que meter a Dan en una cajita y que solo él pudiera verlo, no sería tan mala idea.
Apenas movió los ojos para verla directo al rostro y dos lágrimas que no quiso limpiar le corrieron por las mejillas. Ella se estremeció ante aquello y lo tomó por ambas manos. Alexandro no rechazó el gesto, necesitaba un poco que compasión. Si la historia se repetía, bueno, ya no habría motivos para seguir en la tierra.
—No entiendo cómo pretendes llevar nuestra relación, pero te ayudaré. Se necesitan muchas bolas para pedir semejante cosa a una desconocida. —Sonrió y Alexandro le devolvió la sonrisa—. Sin embargo, debo decirte que esta historia es una olla a presión, que no vas a poder apagar. Dile la verdad, toda la verdad a tu amante, y quizás juntos encuentren una solución.
Por supuesto, ahí hablaba Dan, que ni siquiera como Suni, pudo sacarle todo a Alexandro, pero estaba conmovido por su extraño intento de protegerlo. Parecía que el hombre de cabellos como el sol, estaba arriesgando el todo por el todo.
—Se lo diré, en su momento lo sabrá. Cuando sienta que sea el instante perfecto, cuando ya el peso de la angustia me gane, le diré por qué tengo tanto miedo.
Miró a la «mujer» y le agradeció. Dan entendió la afanosa necesidad que tuvo Alexandro para comunicarse con ella. Parecía entonces que tener una relación con él, era lo más parecido a ir sobre un campo minado, donde, como fuera, alguien iba a perder. Sin embargo, empezaba a creer que ese hombre le quería, y de eso se agarraría para maniobrar sobre la pólvora.
—Alexandro, ¿de qué quieres protegerlo con tanto afán?, La angustia con la que hablas, me asusta mucho.
—Quiero protegerlo de él.
Suni no entendió ni una palabra, pero algo quedaba claro, ese tal General, estaba muy involucrado. De seguro un viejo enemigo que lo descubrió y estaría encima de cualquier relación que Greco llevara a futuro. No tenía idea el profesor de ballet, que estar con Dan, era estar con un hombre al que no le importaría hacer lo que fuera por estar a su lado. No tenía idea, Dan Choi, lo mucho que tendría que demostrarlo.
***
Con los sueños de esa cita con Alexandro, llegó la mañana y Dan se levantó algo afanado. Debía ir a su departamento, darse un baño y alistarse para otro día de clases. Su amante con pereza empezó a estirarse, él esa mañana la tendría libre y se burló de su chico coreano por ese hecho. La lluvia se detuvo por completo en la madrugada, dejando un cielo gris, y un pavimento muy mojado.
—Te haré algo de café —suspiró el perezoso ruso, caminando hacia la cocina. Dan, que se vestía lo más rápido posible, le dijo que no tenía tiempo para eso, que ya había pedido su taxi—. Bueno, esta noche tendré el café entonces.
—Hoy voy a encontrarme con Fito, y no me veas así, ya hace unos días que no estoy con él y no quiero que sospeche nada.
Alexandro tenía preparado ya su molesto reclamo, pero fue interrumpido por su móvil. A ambos se les hizo muy extraño que hubiese una llamada tan temprano y se preocuparon que fuera una emergencia. Alex vio de quién se trataba, y el rostro se le iluminó. Sonrió tan amplio y con tanta dulzura, que logró poner algo celoso a su amante. El celular dejó de sonar, sin embargo, él no dejó de sonreír muy tontamente.
—Parece que te hizo muy feliz esa llamada —reclamó Dan, poniéndose su abrigo —. Debiste contestarla y no solo sonreír como un idiota.
—Era Manini. Mi madre. —Dan lo miró algo sorprendido y entendió su particular alegría —. Bueno, no mi madre, ella murió cuando yo era aún muy pequeño, Manini es mi madrastra; me cuidó y me protegió de mi padre, cuando mamá murió. Siempre tiene una sonrisa en los labios, siempre tiene la palabra perfecta. —Dan estaba conmovido de cómo Alexandro se expresaba de su madrastra—. Ella es la mujer más linda de este mundo.
Dan lo miró y sonrió, feliz de ver ese rostro de Alexandro tan lleno de tranquilidad. Manini al parecer había logrado suplir a una madre en su totalidad y enterrarse profundo en el corazón de su hijastro. Y lo hizo, ella logró todo lo que quería, tener esa linda familia, ese lindo hijo; todo sobre las cenizas de muchos desafortunados que se cruzaron en su camino. La mujer más linda de este mundo.
***
Fin capítulo 20