Capítulo 35

1107 Words
XXXV —Al inicio éramos amigos, yo me sentía feliz y pleno de poder contarle mis tristezas y frustraciones y que en su rostro siempre hubiera una expresión entusiasta que me levantaba el ánimo y me hablaba con calidez y ternura. Anhelaba que las prácticas terminaran e ir a tomar un café con él y hablar horas y horas, siempre yo, porque la verdad yo no dejaba que él hablara mucho y, sin embargo, él siempre me escuchaba con una sonrisa como si las cosas malas jamás sucedieran, como si con esa simple sonrisa intentara que todo mi mundo fuera diferente. »Y lo fue, él lo hizo diferente, lo llenó de tanta paz, yo siempre estuve solo, pero con él me sentía en medio del bullicio, de la vida. No puedo explicarte cómo era su forma de ser, siempre tan entusiasta, tan positiva... tan él. Tan Marco. Fue entonces que yo sentí que la amistad me sobrepasó y me encontré masturbándome pensando en él. Fue tan vergonzoso, yo había tenido un par de relaciones con chicas, pero nunca llegaron a nada en concreto... sin embargo, jamás por ninguna de ellas llegué a sentir todo un complemento de sentimientos, incluido el deseo, como lo sentí por él. »Aun así, me asusté, no era normal sentir cosas de ese tipo por un hombre, no era posible que una pareja de este tipo fuera aceptada y normalizada, no en este país. Así que intenté alejarlo siendo un odioso total, incluso quise empezar una relación con una ballerina para lograr sacar de mi mente, esos pensamientos ridículos de amor por otro hombre. Pero él no se fue, incluso con mis rechazos siguió mostrándome esa sonrisa preciosa, llena de esperanza, de luz. »Me mortifiqué horrible porque, según mi propio pensamiento, él solo quería ser mi amigo y yo. En cambio, deseaba ya tenerlo en mi cama. No tienes idea los meses difíciles que pasé intentando hacerme a la idea que estaba equivocado y que amarlo era un error, que esos sentimientos debían ser aniquilados de cualquier forma... No obstante, no me fue posible. »Una noche, una cuando ya todos se habían ido a casa y yo estaba en el escenario intentando evitarlo, subió él también y fue tras de mí. Yo me quedé como paralizado sin saber que hacer mientras lo veía venir hacia mí y casi que de manera instintiva abrí los brazos y él corrió aún más rápido y me abrazó; fue en ese momento en el que supe que ya no quería sacarlo de mi vida nunca. Que no me importaría que tan fuerte fuera la tormenta, la sobreviviríamos y nos amaríamos. »Él levantó su rostro y me besó, ya entonces no había dudas, yo le gustaba como hombre y me sentí muy tranquilo, feliz, como hacía mucho tiempo que no lo estaba. Esa misma noche, en el piso frío de los casilleros, lo hice mío, con todo mi deseo, mi furia, y jamás mi cuerpo y mi corazón se sintieron de esa forma, como si cada suspiro fuera vida e ilusiones, como si cada gemido le diera a mi cuerpo energía para seguir amándolo... »Yo era un total inexperto con los hombres, pero no hubo necesidad de casi nada, él se puso sobre mí y dejó que yo entrara a su vida en medio de lágrimas y dolor, para ya no sacarlo a él nunca de la mía. Por primera vez, sentí que algo me pertenecía, que no podría dejar ni un segundo de estar a su lado, ese era el amor, ese sentimiento de complemento con otro ser humano y creo que nunca... —Alexandro calló. Sabía que no debía terminar esa frase. Por instantes regresó del mundo de los recuerdos de Marco, en el que se sumergió muchísimo tiempo y que le daba paz en sus momentos de incertidumbre. Pero ahí, a su lado, había otro ser humano al que creía amaba, tanto o más que al mismo Marco, y no se permitiría hacerle daño, o crearle dudas sobre su relación hasta ahora furtiva. Volteó a ver a su profesor de Historia y se topó con una mirada gentil que esperaba que siguiera con su relato, una mirada expectante que no lo estaba juzgando y solo escuchaba todo aquello que tenía que sacar del alma. Alexandro le sonrió y le acarició la mejilla, sencillo y hermoso gesto que Dan agradeció con un beso en la palma de la mano del hombre de ojos de océano. Alexandro, por instantes, por fracciones de segundo, quiso ver en Dan el cabello castaño y rizado de Marco, sus ojos enormes y azules, sus pestañas largas, sus cejas gruesas que enmarcaban la belleza de su rostro, pero no pudo. Ahí, frente a él, estaba un hombre de piel muy pálida, de ojos de avellanas y de un cabello que adoraba, n***o como una noche sin estrellas, alborotado y sedoso. La perfección de sus labios, el arco de su nariz, sus manos amplias, su aroma... ese exquisito olor a nostalgia que lo había embriagado desde que lo conoció. Y se alegró de no haber visto en Dan, a ese que tanto amó. —Mi relación con él fue muy intensa. Yo lo adoraba, y él a mí, o bueno, eso deseo creer y guardar en mi corazón. Marco era todo lo que yo no era, me sacó de mis tristezas y me abrió a un mundo que yo no imaginaba, fuera de las presentaciones y la ostentación. A su lado gané mucho reconocimiento, y ver su sonrisa orgullosa era lo mejor del mundo para mí, mi vitamina. Decidimos vivir juntos, por supuesto, todo por debajo de la mesa, de haberse enterado la compañía, seguro hubiéramos sido despedidos por muchas glorias que yo tuviera, acá son implacables. »Pero a él no le importaba y a mí tampoco, yo gozaba cada instante a su lado. Nuestro departamento estaba lleno de color, mandó hacer un clóset para los trajes que usaba en mis presentaciones, para que no se mezclara con el resto de la ropa. Cuando hacíamos el amor... nos filmábamos, para cuando teníamos que salir de viaje, vernos y ya sabes... En fin, mi vida por dos años fue perfecta, era un ganador, tenía el amor de una persona incondicional, perfecta y yo era feliz. Pero no había un «más allá» para mí ni para él. La desgracia debía caernos encima como la tierra cae sobre los ataúdes, sin que nada ni nadie pueda detenerla. Una noche cualquiera, una en la que yo debía llegar temprano, no pude estar a su lado para protegerlo, para esconderlo y apartarlo del mundo... *** Fin capítulo 35
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