Capítulo 18

1514 Words
XVIII Siguieron almorzando Alex y su amigo, entre tanto, el amante de ojos de cielo contaba los minutos para poder ir a saludar a Dan. Sin embargo, se le hizo curioso el hecho de que algunos alumnos estaban rodeando al profesor Dobargo en la puerta de la cafetería y esos alumnos eran de la clase de Dan, de la Facultad de Antropología. Lucían preocupados. Chris notó aquello también, así supieron los dos que algo pasaba. Alexandro se puso de pie e iba a hablar con Fito, pero Chris le detuvo. Él haría las veces de investigador, así que fue hasta el profesor de Matemáticas. —Profesor Dobargo, ¿sucede algo con el profesor Choi? Esos eran sus alumnos, ¿verdad? —le preguntó el amigo de ojos verdes, intentando ser lo más casual posible. A Fit no se le hizo para nada extraño, Chris era muy amable con todos sus colegas. —Pues verá usted, el golpe que se dio Dan ayer fue al parecer más fuerte de lo que imaginó y hoy ya no pudo caminar. Vine a avisarle a los directivos y a entregarles unas guías a los alumnos de las clases de la tarde, Dan podrá no venir, aun así, no va a dejar que sus chicos estén de ociosos. —Lo último lo dijo con una sonrisa, orgulloso al parecer de su tonto amigo coreano. —Pero entonces, ¿dónde está en este momento? ¿Se pondrá bien? —¡Ah, sí! Lo llevé a emergencias y era cuestión de un muy fuerte relajante muscular, unos masajes y algo de reposo. Le recetaron unos analgésicos fuertes y cero ejercicio. Por ahora descanso, yo creo que ya en un par de días estará de regreso. El doctor le extendió su incapacidad un día, para que esté bien, sin embargo, lo conozco y sé que es muy terco, aparte de ansioso, regresará pronto. Chris siguió hablando de trivialidades con Fit. Finalmente, este le contó que por la noche iría a quedarse con él, para que no se esforzara mucho. Chris se despidió y lo dejó que fuera para su clase. Volvió a la mesa a intentar contarle lo que hablaron a Alexandro, no obstante, él había escuchado todo y con los puños cerrados temblaba de furia, para con él mismo. ¿Cómo era posible que no se hubiera dado cuenta del tan mal estado de Dan? ¿Cómo era posible que lo haya tomado tan salvajemente como para dañarlo de esa forma? Su expresión cambió, volvió ese ceño fruncido y con este la culpa con la que siempre tenía que cargar. —Ya, no te lamentes por eso. Lo mejor será que lo llames y sin atacarlo, preguntes cómo está. De seguro no te dirá la verdad, pero estarás más tranquilo. —Chris hizo una pausa algo larga y añadió—: El profesor Dobargo no tiene la menor idea de su relación, ¿verdad? —¿Por qué lo preguntas? La verdad, no sé si Dan le contó. —Lo digo porque me habló con total normalidad de lo sucedido, y parece que en verdad cree lo de su caída, o tal vez sabe que fue con un amante, pero no sabe quién. —No entiendo qué tiene de relevante eso —habló Alexandro buscando algo en su celular—. Si no le contó, seguro es para que no se entrometa en esto como tú. —Yo creo, Alexandro, que no le cuenta nada porque Choi no quiere arriesgarse a perderlo a él, bajo ninguna circunstancia. Alexandro le miró fijamente, aunque confundido. ¿Acaso Dobargo era tan importante como para no querer involucrarlo en aquello? No parecía tener sentido. Por supuesto, Alexandro ignoraba por completo el hecho de que Fit sabía todo de Suni. Si Dan le contaba a su amigo, le obligaría a dejar de ser ella por completo, y por ahora no podía permitirse eso. No hasta que supiera a qué jugaba Greco. Se levantó abruptamente de la mesa, tomó su morral y salió de ahí sin despedirse de Chris, que había logrado tocar la delgada y mortal fibra de los celos. Infundados totalmente, claro estaba. Chris lo vio salir sin imaginar siquiera lo que se venía, y que ese sentimiento se haría persona. Alexandro pronto sabría lo que eran los celos, todo en mayúscula. Dan, de bruces en su cama y con una bolsa de agua caliente en la espalda baja, intentaba mirar la televisión, pero la posición le era muy incómoda. Con el prendedor del último Zar de Rusia en sus manos, sonreía, sintiéndose muy especial, único. Quizás nada más era que Alexandro se quería deshacer de esa chuchería, pero eso lo hizo inmensamente feliz y había olvidado por completo el tema de Suni. Sin embargo, ahí tirado en su cama, de nuevo Satanás le indicó que había un mensaje de él, para ella. No podía creer lo que veía, al parecer a su amante no le importaba en lo más mínimo su situación. No lo leyó. Supuso que era uno exigiendo una respuesta. Por ahora se preocuparía por un solo dolor. Vio con sorpresa cómo su 'novio' ahora le llamaba a él. A esta llamada sí respondió. —No puedo creer que no me dijeras que estabas tan mal y tuviera que enterarme por tu superamigo que fuiste a las urgencias. ¿Por qué demonios no confiaste en mí? ¿Pensaste que iba a ignorarte o algo así? Estoy acá, muerto de la angustia, queriendo saber cómo estás y no puedo ir a verte, porque el señor Dobargo va a pasar la noche contigo, y él parece no saber nada de nosotros. ¿Por qué no me dijiste nada? ¿Por qué no me detuviste, Dan? Quiero verte por Dios, ¡quiero estar ahí para ayudarte, pero no puedo y eso me está matando! Hubo un quejido, al parecer de furia, y un golpe seco. Alexandro acababa de golpear una pared. —Alexandro, por favor, cálmate... la razón por la que no te dije nada, fue por vergüenza. ¡Sí, ya sé, es muy estúpido! Pero para mí cada minuto contigo es muy importante, mi cuerpo no respondió como debía y no quería que pensaras que soy un debilucho al que hay que tratar como una señorita. ¡No quiero que pienses eso de mí! Esperé esto mucho tiempo, no quería quejarme y arruinarlo. ¿Y si llegabas a pensar que yo no era el ideal para el sexo y buscabas a alguien más? —¡¿PERO DE QUÉ RAYOS HABLAS?! —respondió muy alterado—. ¡¿Qué maldita sea persona piensas que soy como para pensar ese tipo de cosas?! ¡No puedo creer, que en serio imagines que solo soy el tipo que te coge y ya! ¡Debiste detenerme! —¡No quise! —intentó gritar Dan, pero sintió dolor en la espalda—. Perdóname, por favor, no quise detenerte, no quise; sentirte junto a mí es más importante que mis estúpidos dolores. —Y empezó a sollozar, haciendo que Alexandro bajara un poco la guardia—. Por favor, hablemos calmadamente luego, ¿quieres? —¿Ya no deseas hablar conmigo? —Alexandro, sabes que sí. Pero ahora quizás digas algo que me duela todavía más que mi espalda. El amante de cabellos claros, no supo que responder a eso. Dan estaba intentando no llevar la discusión más lejos y que entonces las heridas pasadas y presentes escaparan fugitivas para dañar profundamente el corazón, de manera permanente. Bajó la cabeza y accedió a cortar. Le rogó que se cuidara mucho y que hiciera lo que Fito dijera. Cuando colgó, no supo cómo sentirse, no supo qué hacer. Quería con todas sus fuerzas estar ahí con Dan y lo único que hizo fueron reclamos y se dio cuenta de que nunca le preguntó, cómo se encontraba ni cómo se sentía. Apoyó los codos en sus rodillas y tomó su cabeza con fuerza, pensando en qué pasaría si en algún momento terminaba con Dan. Sin embargo, la respuesta no le gustó. Por fortuna, Dan se recuperó por completo y volvió a dar sus clases, apenas con un día de descanso. Alexandro estuvo muy al pendiente de él, a la distancia. Hubiera querido desde lo más profundo de su ser estar ahí, así fuera solo para escucharlo quejarse. Pero al parecer Fit había hecho muy bien su labor de enfermero. Por su parte, Dan tenía una mezcla de sentimientos que su amante pudo percibir, pero que no sabía de qué podían tratarse, y creyó que era por la discusión telefónica que tuvieron. Pero Dan, estaba amargado porque Alexandro no dejó de insistir con «ella». Tanto que finalmente le respondió. Tenía que saber que tenía Greco entre manos. El sábado, muy temprano en la mañana, Alexandro Greco, por fin tenía otra cita con Suni. La vio llegar en un vestido que a sus ojos se le veía hermoso, con la misma actitud segura y altanera que siempre la acompañaba. —Bueno, aquí me tienes Alexandro. Escucho atenta. *** Fin capítulo 18
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD