Capítulo 3 - El retorno

2628 Words
—Ho…Hola, Adam —Trago grueso— Me…Me gustaría hablar contigo unos minutos—culmino con mi mísero tartamudeo. Y quedo esperando su repuesta bajo el par de miradas. Parece que el tiempo se detiene y solo nos miramos, pero hay algo que no puedo dejar de notar al lado de Adam, mejor dicho alguien y es una muy enojada Jessica, tratando de matarme con su vista. «No corras, no corras, a lo que viniste y luego será un mal recuerdo»,  pero no dura mucho mi pensamiento alentador al ser interrumpido por la chillona voz de Jessica. —No. Ni hablar, ni nada cerca de él. ¿Quedo Claro? —Y apuntándome con su índice completa— Mi novio no tiene nada que hablar contigo. Y es allí como me doy cuenta que la idea de huir era la mejor, porque ahora si siento que me han roto el corazón.   ADAM No podría decir de qué manera me he sentido estos noventa y cinco días, de verdad me ha afectado la noche de mi cumpleaños y lo que viví con Izzy, y como hice todo para joder lo que se perfilaba lo mejor en mi vida. Esa noche ella me escucho y mi corazón que estaba en un hilo y a la vez emocionado por el hecho que ella me estaba dejando explicarle lo sucedido se fue al caño, cuando ya vestida, me beso en la mejilla y me dijo que no me acercara a ella, que podía entenderlo pero no asimilarlo. Y así fue que mi corazón, ilusión e amor partió con Iz, esa mañana. Los siguientes días trate de analizar que podría hacer, luego me arrepentí de haberle contado, le hubiese negado todo y seguro estaríamos juntos hoy, en esta reunión familiar. Así que pase de buscarla, de lamentarme y me instruí en cómo ser un idiota infeliz para el resto de mi vida. Jessica insistió en una explicación, luego en una oportunidad de formalizar algo, estuvo allí manipulándome en el momento adecuado, no soy tonto, tal vez algo idiota, pero sé que ella jugó sus cartas a favor, terminando con la mano ganadora. Y hoy es ella quien es presentada como mi novia a mi familia. Estamos tomando algunas cervezas bien fría, y siento que mi cuerpo se relaja. A mi lado está ella, que raramente a cambiado de ser estrambótica a más tranquila. Está a mi lado vamos y venimos juntos a la universidad, la busco en sus prácticas, hemos pasados los dos últimos fines de semana en su apartamento. Ella toma una hamburguesa que están repartiendo y muerde. Cuando levanta la cara tiene salsa de tomate en la punta de la nariz, yo sonrío, y con un beso se la quito, ella queda quieta al igual que nuestros compañeros a  nuestro alrededor. Me encojo de hombros y continúo la conversación. Sonia sale hacia la casa, al parecer están tocando la puerta. Luego de unos minutos la veo de vuelta apresurada, hacia mi dirección. —Joven Adam, lo están solicitando en la entrada —me indica mientras se voltea y continúa con su paso apresurado. Esta mujer y su correcaminos. —Pero… Ni te dijo quien era —se queja Jessica, no le doy atención y me dirijo a la puerta— Espérame, cariño. Voy contigo —tiendo mi mano hacia atrás, sin dejar de caminar y ella la toma y así con nuestras manos entrelazadas nos encaminamos hacia la entrada. Y al llegar a la puerta de la casa, lo que veo no es lo que me esperaba o a quien esperaba. —Izzy —la nombro, pero no con sorpresa, sino con rabia y más que nada dolor  «¿Qué hace aquí? Y justo hoy». Siento que Jessica me aprieta un poco la mano, y luego de unos segundos en silencio, ella reacciona y dice algo, contrariada y nerviosa.  —Ho…Hola, Adam —Traga grueso— Me… Me gustaría hablar contigo unos minutos—dice tartamudeando. Y quedo esperando mi repuesta bajo nuestras miradas. Parece que el tiempo se detiene y solo nos miramos, pero hay algo que no puede dejar de notar a mi lado. Mientras busco que decirle en cabeza congelada Jessica lo hace por mí.  — ¡No! Ni hablar, ni nada cerca de él. ¿Quedo Claro? —Y apuntándole con su índice completa— Mi novio no tiene nada que hablar contigo. Veo que Izzy, está meditando si venir fue buena idea, y puedo ver en su ojos el arrepentimiento  «Reacciona, grita mi cerebro, está aquí delante de ti, no dejes que se vaya»  vuelvo a la realidad. —Está bien. Vayamos al despacho de papá, está en este mismo piso  —«Genial, hazle un croquis de la casa, ahora idiota»— Vamos —me volteo jalando a una Jessica reacia a caminar. Y mirando de soslayo puedo ver que nos sigue algo cabizbaja. Entramos y me dirijo al escritorio, Jessica se sienta en el posa mano de la silla y ella se queda en el medio del despacho pensativa, mira a su alrededor, ve a Jessica y levanta una ceja.  «Y se viene lo bueno» —Podrías. Por favor dejarnos a sola —le pide a Jess, y cuando veo que va a contestar le coloco la mano en la pierna y ella inmediato entiende que debe callar. —Lo que tengas que decir, ella puede escucharlo —respondo seriamente y mi cerebro quiere salir y golpearme  «En serio acabas de decirle eso a Izzy, delante de Jessica» veo como arruga la cara. — ¡Oh vamos, hombre! No hagas esto. En verdad me gustaría hablar a sola contigo. Siento que Jess, se tensa y vuelvo apretar su muslo. —No. Lo que quieras, Izzy, dilo de una vez. Estamos muy ocupados. —Veo como su cara cambia de ruego a desconcertada y antes de que responda Jess se le adelanta. —Por favor, date prisa, tenemos invitados que atender, es nuestra fiesta de compromiso — y veo como una mueca en su rostro de asombro pasa a dolor, aun así no la deja permanecer mucho. Suspira, abre su bolso, y saca una hoja algo arrugada y doblaba, se acerca despacio y con un leve temblor en sus manos me la tiende. La tomo algo confundido y comienzo a leer, habla de unos estudios médicos, algunos síntomas de fatiga, malestares alternos, y más palabras medicas, hasta que llego a lo que en negrilla dice  “…POSITIVOS…”  Me quedo viendo la hoja, hasta que esta desaparece de mi mano. Escucho un jadeo de Jessica, veo a Izzy parada allí frente de mi, con sus manos apretándose una a la otra y sus ojos húmedos. Una risa profunda nos despierta de nuestras miradas estancadas. Y volteamos a ver a Jess, quien se ha levantado de mi lado y de repente aplaude, termina de reír y ve a Izzy, que frunce el ceño, sin saber a qué se debe la reacción de ella. —Y déjame hacerte una pregunta, ¿crees que te vamos a felicitar? O ¿Quieres que seamos los padrinos? Izzy va responder pero Jess se acerca a ella y le dice: —Es el truco más viejo que puede usar una mujer desesperada — le lanza el papel encima por lo que Izz, logra agarrarlo en el aire. Se voltea y vuelve a mi lado. —Sí es todo lo que pretendías embaucar a Adam, puedes irte. No tenemos nada que decirte. Estoy congelado, tratando de procesar si hay una posibilidad que sea cierto lo que indica el papel. Veo fijamente a Izzy, que esta desconcertada mirando con la boca abierta, parece que quiere decir algo, pero no encuentra las palabras. «Reacciona, eres idiota. Escucha lo que tiene que decirte» —Adam… —dice en tono de voz bajo, casi suplicante— De verdad quiero hablar contigo a sola. —Ya dije que no. No vas a traer un papel que no nos dice nada, que no interese... — ¡Cállate! Tú no tienes nada que opinar — explota Izz, con la cara roja y algunas lágrimas salen de sus ojos sin permiso. Las quita rápidamente con molestia evidente. Me levanto de la silla, a pesar de los reclamos de Jessica, le hago seña con las manos para que calle, cosa que hace oportunamente. Miro a Izzy y me acerco más a ella sus ojos húmedos me miran suplicantes, la detallo y se ve pálida, desprotegida, mi cuerpo quiere correr y abrazarla, decir que olvidemos todo y empecemos. Pero la realidad me golpea cuando Jess, se coloca a mi lado y toma mi mano. —No es cierto, Adam —dice Jess en tono pausado— mujeres como esta, hacen eso por dinero o para amarrar hombres a su lado. —¿Qué quieres Izzy? —me encuentro preguntándole de golpe, ella palidece de repente y veo su cuerpo temblar levemente  «Mierda. Se va a desmayar» doy un paso adelante, pero Jess me intercepta y no permite que la sostenga mientras su cuerpo sede, dejándola agachada al piso, una mano en su frente y la otra contra el piso para sostenerse. —Esta fingiendo. Es buena, lo acepto pero, Adam, no debes dejarte confundir. —Me dice Jessica, mientras con sus manos toma mi cara y hace que la mire. Ignoro físicamente a Jessica, porque mentalmente tengo una gran confusión. —¿Qué quieres Izzy? Ella levanta la vista. Y hago un gran esfuerzo por no quitar a Jessica de encima y tomar a Izzy en mis brazos. —Quiero… Quiero que me apoyes, Adam, tú sabes que yo estoy sola. No quiero vivir esto así, sin apoyo. —¿Quieres dinero para solucionarlo? —pregunta Jessica de repente. « ¿Que mierda? Izzy no es de ese tipo de  mujeres» —No. No, no. Yo solo… No lo sé, Adam. Aun no se qué haré. —Me responde, mientras las lagrimas están al borde de sus ojos —Solo quiero que me apoyes, estoy asustada, Adam. Después de unos minutos de tratar de entender este embrollo, suspiro y bajo mi vista hacia la suya suplicante y digo lo más estúpido que he dicho en mi miserable vida y que mi cerebro mismo se sorprende. —Lo siento, no puedo apoyarte en esto. Yo tengo planes para mi futuro —le digo seriamente. La veo guardar el papel, pasarse las manos por las lágrimas derramadas luego de mis palabras. —Yo… Lo siento más, solo no digas que nunca te di la oportunidad —Se levanta del suelo y se marcha con decisión. Y se desde este momento sé que nunca me dejará volver a su vida. Jessica, me abraza y besa. Yo solo sigo allí, tratando de asimilar toda la situación. Luego de unos minutos, vuelvo a la realidad. —Has hecho lo correcto cariño, no podías creerle, si solo habían estado juntos una vez. — ¿De verdad Jessica? ¿Hice lo correcto? — suspiro queriendo olvidar todo. La conciencia y la moral son las armas más fuertes que tienes en tu propia contra. Han pasado seis meses y estoy frente de Creativa Luz, C.A. Hace una semana que debato entre venir o no. No tengo moral para presentarme aquí luego de lo sucedido en mi casa. Hace tres meses, quise buscarla y pedirle una explicación o mejor, darle una explicación, pedirle perdón por no haberle tan siquiera escuchado. Pero una tarde Jess, me aseguro que la había visto y estaba bien acompañada. Que se le acerco y se hizo la desentendida cuando le pregunto por su estado. Me mostró una foto donde ella se veía abrazada a un hombre que le besaba la cabeza, y su delgadez era tal, que no había porque dudar de las palabras de Jessica. Seguí con mi monótona vida, dejando pasar día tras día. Sin sentir nada, sin siquiera verle el lado bueno de todo lo que tenía a mi lado. Porque solo había algo que deseaba tener y yo mismo dos veces lo había alejado de mí. Hace dos semanas que Jess, hizo una cena en su casa con sus amigas, pues había llegado una de vacaciones, como era costumbre los viernes yo me quedaba en su casa, salía tarde siempre de la oficina, esta vez solo quería dormir así que me fui temprano a casa. Llegue sin avisarle, cuando estuve en la casa la música estaba baja, la busque por la planta baja y nada, subí a nuestra habitación, vacía. Entonces me dirigí a su habitación de descanso, como ella la llamaba, aunque a mí me parecía un salón de belleza con spa. Iba a tocar la puerta cuando escuche algo que me dejo impactado. —Entonces ese día, yo sabía que él me buscaría, yo haría hasta lo imposible para aprovechar ese día, así que prepare una de las habitaciones… — se carcajeaba fuerte y seguía con su cuento— así que hice mi magia con los condones, los pinche con una aguja varias veces, y me entretuve con los chicos mientras esperaba. Hasta que apareció, así que saque mis condones mágicos cuando él me lo pidió, pero el muy vivo tenía otro plan, y mi condón mágico termino siendo usado con otra. Y bueno no podía dejar que todo le terminara tan bien cuando el plan era mío, yo debería quedarme con él, así que busque donde estaban e hice el escándalo. No salieron pero luego, él mismo me conto lo que había pasado, a lo que yo tenía sin buscarla mi segunda oportunidad de quedarme con él. Estaba tan asombrado que casi me apresuro y no la dejo terminar para escuchar lo peor. —Luego la insípida, volvió con una prueba de su estado y tuve que hacer más que magia para dejarla mal delante de él, y que no creyera nada. Y suertuda yo así fue, la saco como una perra mentirosa de su vida — se escucharon griticos de celebración y palmaditas — hace unos meses la vi, estaba algo demacrada, los primeros meses, la muy decidió proseguir con el embarazo,  pero yo mas ingeniosa que ella, le conté otra versión a Adam y me creyó desde entonces no han sabido nada el uno el otro y él está completamente a mi merced. —Yo creo que la oración perfecta es: Él estaba completamente a mi merced. — irrumpí rápidamente en la habitación y vi como su boca quedaba abierta y su rostro palidecía. —No estoy interesado en explicaciones, solo no te quiero cerca de mí en ninguna parte. Salí de esa casa y hace dos semanas no sé nada de ella.  Así es que llegue aquí y he estado esperando verla llegar pero no he corrido con suerte.  Cuando voy a desistir y probar suerte otro día. Llega una camioneta Azul eléctrico, se detiene, el chofer; un hombre trajeado baja y a paso rápido se dirige a la puerta trasera del lado de la acera. La abre y sale una mujer.  Pero no cualquier mujer, es una que yo tuve en mis brazos, una que vi en el piso de mi casa sin ayudarla, una a la que saque de mi vida sin nada de esfuerzo. Veo que se abrazan, el besa su cabeza y ella camina dirección a la entrada, de repente se voltea a despedirse de él, cuando la camioneta se aleja, es donde la distingo. Y es al ver su pequeño y hermoso cuerpo, con su abultado y voluminoso vientre, que caigo en cuenta, rechace la oportunidad de ser parte de ello. En ese instante siento que mi vida da un giro, un giro de trescientos sesenta grados.
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