Romance en proceso: Escribiendo al señor perfectoActualizado el Aug 18, 2026, 14:20
Mi nombre es Morgan Bennett, aunque la mayoría de la gente me conoce como **Marie Fox**, autora superventas de encuentros casuales, miradas robadas, besos bajo la lluvia y ese tan necesario final feliz que hace suspirar a millones de lectoras. A mis veintinueve años y uno, he conseguido prácticamente todo lo que alguna vez soñé en mi carrera. Mis libros aparecen en las listas de los más vendidos, las editoriales pelean por mis manuscritos y mis lectores esperan con impaciencia cada nueva historia que publico.
Profesionalmente, mi vida parece perfecta.
Mi vida personal, en cambio... es una novela que jamás permitiría llegar a una librería.
Resulta curioso que una mujer capaz de hacer que dos desconocidos se enamoren perdidamente en cuatrocientas páginas sea incapaz de encontrar a un hombre que quiera quedarse más allá del café de la mañana siguiente. Llevo años escribiendo sobre almas gemelas, sobre hombres que cruzan océanos por amor y mujeres que descubren que siempre fueron suficientes. Mientras tanto, yo he convertido mi propia vida sentimental en una larga lista de excusas, fechas límite y manuscritos.
Supongo que el éxito tiene un precio.
Y yo lo pagué encantada.
Mientras otras personas construían relaciones, yo construía capítulos. Mientras celebraban aniversarios, yo celebraba contratos editoriales. Dejé la búsqueda del Príncipe Azul en un discreto segundo plano porque siempre habría tiempo para enamorarme... después del siguiente libro.
Excepto que ese "después" nunca llegó.
Y ahora el universo ha decidido vengarse.
Porque, por primera vez desde que publiqué mi primera novela, no puedo escribir una sola palabra que valga la pena. Los personajes dejaron de hablarme. Los diálogos suenan forzados. Los besos carecen de química. Y el hombre perfecto que debería aparecer en mi nuevo manuscrito parece haberse tomado unas vacaciones permanentes.
Mi editor, naturalmente, no considera el bloqueo creativo una excusa válida.
Él solo ve una fecha de entrega acercándose peligrosamente.
Yo veo mi carrera desmoronándose.
Así que, desesperada —aunque jamás admitiré esa palabra en voz alta—, elaboro un plan.
Uno perfectamente lógico.
O al menos eso me repito.
Conocer a algunos hombres agradables y profesionales.
Aceptar algunas citas.
Observar, escuchar... investigar.
Esperar que alguno de ellos tenga la chispa que necesito para terminar mi libro.
Y luego alejarme antes de que cualquiera de los dos empiece a hacerse ideas equivocadas.
Es una investigación de campo.
Nada más.
Después de todo, soy escritora. Mi trabajo consiste en observar a las personas, entenderlas y convertir sus historias en ficción.
¿Qué podría salir mal?
Resulta que... absolutamente todo.
Porque los planes están hechos para romperse, los corazones rara vez siguen el guion y la inspiración suele esconderse exactamente donde juraste que nunca volverías a buscarla.
Mi nombre es Morgan Bennett.
O Genevieve Fox, dependiendo de quién haga la pregunta.
Y esta es la historia de cómo intenté escribir al Señor Perfecto... solo para descubrir que, quizá, él estaba escribiendo mi historia desde el principio.